viernes, 5 de octubre de 2012

REFLEXIONES DEL MITO DE LILITH: LA CREACIÓN, UNA FICCIÓN DE LA DIFERENCIACIÓN



Laura Mejorada de la Mora, Marco Antonio Dupont Villanueva
Una de las preocupaciones entre los que ejercemos el psicoanálisis ha sido el planteamiento de si éste es una ciencia, si contiende un método científico, por lo que queremos tomar la descripción de Arnaud y Lancelot en su Grammaire générale et raisonné de Port-Royal [1] donde describe al método científico y a la ciencia como el "arte de disponer la sucesión de pensamientos ya para descubrir la verdad que ignoramos, ya para probar a otros cuando la conocemos".
Partiendo de la anterior concepción del método y tomando en cuenta el hecho de que Sigmund Freud, fundamenta su teoría (Teoría de la segunda tópica) en un mito, consideramos que los mitos son una de las bases teóricas del psicoanálisis. En este trabajo también acogemos la definición del Dr. Juan Vives del mito: “es el prototipo de la creación grupal, es el destino final de una fantasía inconsciente que ha sido elaborada por generaciones y generaciones de seres humanos” [2]. El mito, tiene como función el trasmitir lo prohibido y lo temido, o temer lo prohibido, es, finalmente, una forma de insertar la ley. Si convertimos el temor en culpa, es la forma de trasmitir la moral. Además, no podemos dejar de mencionar la fórmula freudiana según la cual los mitos son para las fantasías inconscientes de la humanidad, lo que los sueños son para el individuo.
Esta concepción coincide con la "idea del pueblo", teoría defendida por Adolf Bauer[iii] que supone la existencia de pensamientos elementales. De tal modo que la conciencia unánime de los mitos sería resultado necesario de la disposición uniforme de la mente humana y del modo de su manifestación que dentro de ciertos límites, son idénticos en todo tiempo y lugar.
El mito empleado por Freud es Edipo Rey, donde, en especial, aparecen tres componentes que se encuentran en todos los mitos: el incesto, el parricidio y el filicidio[iv].
Por otro lado, los mitos, al igual que la tradición, están basados en una serie de costumbres a través de las cuales se ha trasmitido la sabiduría y se ha creado una identidad. Esta afirmación nos obliga a pensar especialmente en el judaísmo, además, no hay que olvidar que Sigmund Freud fue judío.
Tanto las tradiciones como los mitos trasmiten normas que están en función de la conservación de la especie y de la identidad de una comunidad, condenando el asesinato en las formas de parricidio y filicidio así como el incesto[v], que terminaría con la especie por las deformidades y enfermedades genéticas y congénitas que éste ocasiona, según lo ha constatado la ciencia.
Lo que permite suponer que existe una necesidad de preservación porque existe la posibilidad de extinción, es decir, de hacer conscientes nuestras pulsiones tanáticas. Otto Rank ha establecido como patrón, en El mito del héroe, el “abandono”. Lo que nos lleva a recordar lo planteado por Fidel Tubino quien sostiene que el mito se halla en conformidad con el tipo de conocimiento primigenio que el hombre adquiere de sí mismo y del mundo circundante, el hombre se percibe integrado en el cosmos de la naturaleza y en un nosotros colectivo, donde la vivencia mítica tiene un carácter indiferenciado y sintético[1]. Partiendo de esta concepción, planteamos en este trabajo como origen de todo mito la fusión y el difícil proceso de “separación”, y diferenciación, en especial, en la forma como la plantea Piera Aulag
Aquí coincidimos con la postura de varias psicoanalistas[vi] que cuestionan la envidia al pene, como Annie Anzieu, para quien la envidia al pene sería una frustración que da sentido y coherencia al sentir erótico confuso localizado en el interior de la niña, a lo innombrado de su cuerpo el no-pene, es una envidia pero una envidia confusa como soporte de la evolución que va de la sexualización a la sexualidad, la niña no ha perdido nada, no tiene nada que perder, ella está más directamente sumergida en la rivalidad y la reivindicación.. Kristeva tampoco niega la envidia al pene pero no la concibe como Freud, sino como una fijación engañosa y como regresión respecto de la sexualidad genital. Ella articula tres planos en la sexualidad femenina; la relación primera con la madre; La organización genital infantil bajo el primado de lo fálico donde no se reconoce verdaderamente como mujer y la organización genital adulta posterior al reconocimiento de la vagina la mujer reconoce lo que le es propio y constituye el verdadero símbolo de su identidad.
Lo anteriormente expuesto nos hace pensar que la figura femenina es amenazante al hombre ya que le recuerda la incompletud en la que se encuentra, estado que es resuelto por la figura femenina a través de la procreación. Por lo tanto, consideramos que esta incompletud en la mujer se ve compensada cuando tiene un hijo, el hombre no puede trascender a través del hijo como lo hace la mujer, esto explica porqué de una manera compensatoria el hombre marca al hijo con su apellido, de acuerdo con lo que establece Safouan: se marca al hijo con el apellido para lograr una identidad como padre. De la misma manera que el apellido paterno nos da una identidad de hijo, en el catolicismo la figura de Dios nos da una identidad de hijos. Todo esto nos hace pensar en una explicación del paso de religiones politeístas a monoteístas y de matriarcado.
Como ejemplificación de lo anterior presentamos un mito de origen judío – hebreo El mito de Lilith, tiene su origen en el estudio del Génesis, donde aparecen elementos contradictorios, ya que en la parte primera se lee que Dios al séptimo día creo al hombre y a la mujer a imagen y semejanza de él.
 “Por lo tanto el Señor Dios hizo caer sobre Adán un profundo sueño y mientras estaba dormido le quito una de las costillas y lleno de carne aquel vació, y de la costilla aquella que había sacado de Adán formo el Señor Dios una mujer, La cual puso delante de Adán y Dijo y Exclamo Adán: Esto es hueso de mis huesos, carne de mi carne, llamarse ha, pues, Varona porque del varón ha sido sacada”.
 Este pasaje nos lleva a reflexionar sobre lo incompleto e indiferenciado del ser humano del ser humano y sobre cómo se intenta dar solución llenando el vacío ya sea creando y autoengendrando hijos, o con la mujer que Dios le da a Adán. Además podemos observar lo indiferenciado y fusional en la bisexualidad, en donde Eva es Varona hombre y mujer, teniendo su origen en el hombre lo que nos hace pensar en lo expuesto en el articulo Las distintas interpretaciones del discurso mítico de Barbosa, Rigo y Prates quienes consideran que el mito muestra la imposibilidad de una sociedad de pasar de la creencia en la autoctonía del hombre al reconocimiento del hecho de que uno nació de un hombre y de una mujer, asimismo intenta establecer un puente entre el problema de origen ¿nacemos de un único o de dos? y el problema derivado ¿el mismo nace de el mismo o de otro? ”[2]
Hay elementos que han dado pie a la suposición de la existencia de una mujer previa a la sumisa Eva y que correspondería al : 
MITO DE LILITH
Yahvé Dios formó a Lilith, la primera mujer, de la misma manera que lo hiciera con Adán, pero en vez de utilizar polvo la formó de inmundicia y sedimento[3] nunca hallaron la felicidad, ni mucho menos la armonía, en especial, por esos momentos en los que Adán deseaba yacer con Lilith; ella se sentía ofendida y sometida por la postura que Adán le exigía, la cual consistía en colocarla siempre reclinada. Como Adán insistía en someterla, Lilith encolerizada pronunció en voz alta el nombre mágico de Dios, quien al escuchar su nombre enunciado por Lilith, le otorgó alas, tal vez para que con ellas volara hacía él, pero en vez de eso, voló para abandonarlos y para ver hacia abajo.
Adán recurrió a Yahvé Dios para quejarse: "Mi compañera me ha abandonado" por lo que Dios Yahvé mandó a tres ángeles: Senoy, Sansenoy y Semangelof, para que fueran a buscarla y la convencieran de volver al lado de Adán. Lilith se encontraba a las orillas del Mar Rojo, morada de los demonios lascivos, con quienes ella había engendrado alrededor de cien de ellos al día. A los hijos de Lilith se les llama lilim. Los ángeles le dijeron: "Regresa con Adán de inmediato o te ahogaremos". Lilith preguntó: "¿Cómo puedo regresar con Adán a vivir como una esposa honesta después de vivir en las márgenes del Mar Rojo?", A lo que los ángeles le respondieron: "Si te niegas, te ahogaremos". Lilith preguntó: “¿Cómo puedo regresar con Adán y vivir como esposa honesta después de mi estancia en el Mar Rojo?”, A lo que los ángeles respondieron: “¡Si te niegas, morirás!" A lo que Lilith respondió: "¿Cómo puedo morir, si Dios me ha condenado a que me haga cargo de todos los recién nacidos: de los niños, hasta el octavo día, día de su circuncisión, y de las niñas, hasta el vigésimo día?” Y después dijo: “No obstante, si alguna vez veo vuestros tres nombres o vuestras figuras en un amuleto sobre un recién nacido, prometo perdonarle la vida”. Los ángeles aceptaron el trato, pero Dios Yahvé, castigó a Lilith haciendo que un centenar de sus hijos demoníacos perecieran cada día y cuando ella no podía destruir la vida de un infante, debido al amuleto angelical, se volvía con rencor contra los suyos propios, además de terminar chupándoles la sangre y comiéndose la carne de los hombres a los que seducía. Otra versión refiere que el verdadero motivo por el que Lilith no puede volver al lado de Adán, es por haber copulado con samaelm el ángel caído, Alias Satán, y que el castigo impuesto por Dios Yahvé a Lilith, fue el de nunca poderse mirar al espejo, a no reflejarse como el vampiro o como aquel que ha vendido su alma al diablo, porque para ella el mirarse equivale a desaparecer. Por su nombre Lilith se emparienta con el viento, por su materia con Dios de la cintura hacia abajo, Lilith esta hecha de fuego ardiente y este elemento la constituye como el lado rigurosos y severo de Dios ambivalente bueno y malo a la vez.
Los cabalistas conciben a Lilith como la ninfa vampírica de la curiosidad que a voluntad pone o quita sus ojos, habita en las profundidades del mar y la censura procura que de ahí no salga para no alborotar la vida de los hombres y de las mujeres
Lilith, al cohabitar con Adán su hermano, está cometiendo incesto, y al pronunciar el nombre de Dios lo reta y lo desconoce, siendo ésta una de las diferentes formas de parricidio. La condena impuesta por Dios a Lilith de “hacerse cargo" de todos los niños que no tuvieran nombre y que, cuando no lo lograra, su rencor se volvería contra los suyos, es una sanción que implica llevar a cabo un filicidio. Lilith se ha asociado con lo demoníaco, con lo temible, incluso en varias versiones se le asocia con el vampirismo e incluso las pocas imágenes que de ella se tienen se le representa con alas como la de los murciélagos. Y en otras representaciones se le muestra con características canibalescas: “Les chupaba la sangre y se comía la carne de los hombre”.
Este personaje, por cierto, poco conocido por la mayoría de la gente y entre aquellos que lo conocen, negado, ha trascendido a nuestra cultura a través de ciertas costumbres que se tienen, como son: el atar un cordón al brazo del bebe y/o colgarle una semilla llamada "ojo de venado", para evitar que el bebé sea víctima del mal de ojo, que se traduce como: “protegerlo de la envidia de otra mujer” –la representante de Lilith—. La costumbre de colocar el amuleto al niño demuestra el constante temor que tiene la madre de perder al bebé: el gran temor a la separación, y a sus impulsos destructivos reactivados por la relación fusional vivida con su madre, a través del hijo, que es nuestro argumento como origen de los mitos.
El mito de Lilith nos habla del origen y la creación, del hombre y de la mujer autoengendrados por un Dios hombre mujer madre padre que intenta darles forma diferencianda y separanda masculino y femenino, sin éxito alguno emergiendo así el odio y la violencia derivado de este intento. De acuerdo a este mito el hombre tiene su origen en el polvo que se define como masa de partículas de tierra seca y de otros sólidos, que se levantan en el aire y se posa sobre los objetos y en el lenguaje vulgar significaría copula sexual, unión sexual, lo que nos remitirá a pensar que el origen planteado en este mito, del hombre sería en la unión sexual procedente de una madre tierra seca carente de vida portadora de la muerte, evanescente y difundida por el aire.
Lilith en cambio creada de sedimento, de residuos que yacen en el fondo, siendo sinónimo de poso madre- alcantarilla y de inmundicia definida como suciedad basura, impureza y deshonestidad lo que nos llevaría a pensar el origen de Lilith en una madre alcantarilla en donde caen todos los residuos, los deshechos relacionada a una concepción del origen y de la sexualidad materna como inmunda y deshonesta,
 Green menciona que debido a la etapa de indiscriminación y fusión tan íntima del bebé, respecto de la madre, tanto física como psíquicamente, en donde “la madre no puede sino ser portadora de los mensajes sexuales para su bebé, aun cuando son mediatizados y tamizados por la acción de la represión”, dejando una huella y una manera de concebir la sensualidad y la ternura, hay un repudio, no de lo femenino como Freud argumentaba, sino de lo materno en ambos sexos, “ no terminamos de repudiar aquello que de la impronta materna permanece en nosotros”, dice Green. Así en la creación de Adán y de Lilith se observa este repudio, en el primero la madre es evanescente, y en el caso de Lilith la madre es suciedad refiriéndose al repudio de la fusión materna donde se pierde la alteridad y la diferenciación “El incesto no espera el complejo de Edipo, se adivina durante la relación con el pecho, en el compartir las emociones sexuales desde el comienzo” es por esta razón que resulta necesario repudiar lo materno. Y tal vez sea en este repudio, que emerge el imperio narcisista del cual Kristeva menciona que esboza y domina la vida psíquica y que protege el vació constitutivo de la psique humana que es intrínseco de los comienzos de la función simbólica, sin esta solidaridad entre vacío y narcisismo no habría posibilidad de distinción de huella ni de simbolización, provocando la confusión de los limites del cuerpo de lo simbólico de lo real de las palabras, vació y narcisismo sostenidos uno en otro constituyen el grado cero de lo imaginario y que aparece como la separación entre lo que todavía no es un yo y lo que todavía no es un objeto. , situación que podemos observar en este mito de creación y de origen donde todo es confusión caos, e in diferenciación, y donde Lilith intentando escapar a esta fusión aniquilante se recluye en el mar rojo ya que una forma de muerte es la ausencia de distinción.sin embargo el narcisismo la lleva a percibir la existencia de Adán como problemática ¿Cómo elaborar la necesidad y el odio que de esto se desprende?, de acuerdo a Freud la elección de un objeto de amor resulta satisfactoria siempre y cuando asegure una relación con el narcisismo del sujeto, esto se puede apreciar en el mito de Lilith que al no someterse a las demandas de Adán sumisamente, le muestra una diferencia,(yo-no yo) no son uno solo, por lo tanto Adán tendrá que someterla y controlarla para asegurarse de que la angustia de desamparo y aniquilamiento no aparezcan, fusionándose con Lilith substituta de ese objeto primario, de necesidad, Lilith reacciona con odio ante este sometimiento y desilusionada por la disolución de la fusión narcisista e impedida para asumir su rol femenino por la precariedad de su estructura es presa de un malestar ante la amenaza de retorno al desamparo, y tiene necesidad de evacuar el odio, Adán resulta culpable de su malestar.
 Dios le otorga alas, y ella en lugar de volar hacia él huye e intenta librarse de esa madre Dios todopoderosa dadora de la vida y la muerte matando a cada hijo y con éste la relación primigenia fusional y enloquecedora, engendrar, procrear, pero nunca crear vida, todo esto de una manera maniaca y persecutoria, Omnipotentemente ella ahora es mas poderosa que su creador, engendra 100 hijos diarios a los que también destruye. Piera Aulagner al hablar del proceso originario menciona que el autoengendramiento es el funcionamiento que característico de esta época, todo lo que existe es auto engendrado, lo natural es desconocer la necesidad y conocer sólo el estado que el psiquismo desea encontrar, la representación pictográfica del encuentro ignora la dualidad infante objeto externo, lo representado se presenta ante la psique como la obra de su trabajo autónomo, engendra.
 Lilith queda condenada a no ver su imagen en el espejo, a no unificarse y a no encontrar su identidad, a la no alteridad ni diferencia, huyendo de la fusión, se desvanece. Ya que el objeto materno es el primer contenedor, es el objeto mirado e interiorizado integrado en una parte del yo, la niña citando a Annie Anzieu intenta entrar en la mirada materna para preservar la primera estructura narcisista que todavía no puede rechazar ni transformar.
También aparece la figura de la mujer vampiresa, seductora que causa horror, fuego ardiente, sexualidad y diferencia repudiada, “la visibilidad restringida del sexo de la mujer provoca temores evidentes en el hombre, las fantasías paranoides descriptas por M. Klein se reactivan por la anatomía femenina y son proyectadas sobre el interior del cuerpo femenino y su funcionamiento sexual, el hombre sólo percibe lo que es visible, embarazo y parto, la mujer es finalmente confundida con la madre, mezcla de admiración y de terror, el interior de la mujer representa la omnipotencia sobre la vida y sobre la presencia del sexo del hombre, que se siente atraído.
La multiplicidad de representaciones de la acción de devorar, de la mutilación y de la transformación que suscitan la gestación y el nacimiento son fuente de idealización, de odio, de rivalidad y de adoración[4].
 El mito anterior ejemplifica y da pie a nuestra postura teórica de que el origen del mito es la fusión, y deja entrever el odio, el dolor y el deseo de venganza, ocasionados por la intolerancia ante la incompletud, la falta, la existencia del otro, el cual tiene que ser borrado y aniquilado. Lilith transforma la creación en destrucción (transformación en lo contrario) y destrucción y el odio se vuelve hacia ella (la vuelta hacia la persona propia), Lilith sería la representante de una pulsionalidad incontrolable, del odio, de lo fragmentado escindido, de lo primitivo e indiferenciado del ser humano lo cual es solucionado en este mito al ser enviada a vivir en las profundidades del mar donde la censura procura que de ahí no salga para no alborotar la vida de hombres y de la mujeres, alude a esta parte reprimida pero latente tanto en hombres como mujeres y que corre el riesgo de emerger lo que nos recuerda las palabras de Aulagner “ Desde su surgimiento la feminidad comparte con el pene el privilegio de ser el objeto por excelencia de la envidia, por lo tanto todo ser humano hará a disgusto y en defensa propia la experiencia perturbadora de la alteridad con el corolario de comprobar que le falta lo que el otro posee y ello en una relación de reciprocidad”. [5]
La mujer gozando al hombre como Otro- el Padre, fácilmente se vuelve histérica si no tiene hijos y por el otro si no es nada más que madre no sale de su narcisismo y se vuelve parasicótica, puesto que le falta el Otro, si no conoció y amó a su padre real está en peligro de no conocer nunca el orgasmo y si no supo que amaba a su madre corre el riesgo de no poder procrear”[6]. En esa oscilación de lo imaginario a lo real es donde puede instalarse lo simbólico, gracias a la remoción de la represión arcaica con la procreación y el encuentro del hombre en el coito.
 
[1] Delalain, 1830, Pág. 524
[2] Vives R Juan. José Luis González: Un estudioso de los mitos. Revista de Análisis Grupal, Psicoanálisis – Grupo Familia - Institución. Vol. V. Nos 1 y 2. México 1988.
[3] "Die Kyros Sage und Verwandtes", Sitzb Wien. Akad, 100. 1882
[4] El orden de la enumeración no implica una jerarquía de importancia.
[5] En varios países europeos, el incesto sólo se contemplaba con los padres y con los hermanos, no así con la figura de los abuelos.
[6] Inicialmente Helene Deutsch y Karen Horney.
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