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domingo, 15 de julio de 2012

La psicoterapia ayuda contra la depresión difícil de tratar



Las personas con depresión prolongada mejorarían con la psicoterapia cuando otras opciones, como losantidepresivos, no funcionan.

A la mayoría de las personas con trastorno depresivo mayor se le indica un antidepresivo en lugar de psicoterapia, apuntó la doctoraRanak Trivedi, autora principal del nuevo estudio de la Escuela de Salud Pública de la University of Washington.
Pero Trivedi comentó que hasta el 50 por ciento de esos pacientes no mejoraría con la medicación.

Las guías de tratamiento recomiendan varias opciones para esos pacientes, como sumar un segundo antidepresivo o modificar el régimen farmacológico. A veces, se hacen varios intentos hasta dar con el remedio o la combinación indicados. Los médicos también derivan al paciente a psicoterapia.
Pero "tendemos a girar alrededor de los fármacos", admitió la experta.

El equipo de Trivedi revisó siete estudios al azar sobre casi 600 adultos con trastorno depresivo mayor y que no habían respondido a los fármacos tras por lo menos seis semanas.
En los estudios, los autores habían reemplazado los antidepresivos con psicoterapia o la habían sumado a la rutina farmacológica.
Luego, compararon esos pacientes con otros que habían seguido usando el fármaco original, que habían cambiado por otro fármaco o que habían agregado un segundo antidepresivo, pero sin utilizar psicoterapia.

Los resultados, publicados en Journal of General Internal Medicine, fueron favorables.

Algunos estudios sugirieron que los pacientes habían mejorado más con la combinación de psicoterapia yantidepresivos que con los fármacos únicamente.

Otros demostraron la utilidad de agregar u optar por la psicoterapia, aunque sin superar el cambio del antidepresivo o el agregado de otros fármacos.

Para los autores, esto demuestra que la psicoterapia es promisoria en pacientes que no mejoran con fármacos, aunque también indican que se necesitan más estudios.

Trivedi explica el beneficio en que, con el tiempo, la psicoterapia valdrá la pena: "Los pacientes tratados con antidepresivos terminan usándolos de por vida. En cambio, la psicoterapia se utiliza durante unos meses o, a veces, años, y se suspende cuando desaparecen los síntomas".

FUENTE: Journal of General Internal Medicine, Reuters Health

Los pacientes cardiacos deprimidos se enfrentan a retrasos en las salas de emergencia




Un estudio canadiense muestra que los que tienen antecedentes de depresión no reciben atención prioritaria
28 de febrero, 2011
 Un estudio reciente encuentra que los pacientes de ataque cardiaco con antecedentes de depresión son menos propensos que otros pacientes de ataque cardiaco a recibir atención prioritaria en los departamentos de emergencia.
Investigadores canadienses analizaron datos sobre 6,874 pacientes de ataque cardiaco ingresados en 96 hospitales de la provincia deOntario entre abril de 2004 y marzo de 2005. De estos pacientes, 680 tenían antecedentes de depresión en sus expedientes médicos. De esos, el 39 por ciento se asignó a una puntuación de clasificación baja en los departamentos de emergencia, frente al 32.7 por ciento de los demás pacientes de ataque cardiaco.
Los pacientes de ataque cardiaco con depresión también eran más propensos a experimentar retrasos en las pruebas diagnósticas y la atención, encontraron los investigadores.
"Algo interesante es que otros componentes del historial médico, como los factores de riesgo cardiaco tradicionales como la diabetes, fumar, la hipercolesterolemia y la hipertensión, no se asociaron con las puntuaciones de clasificación en los modelos. Sólo la depresión afectó la puntuación", escribieron la Dra. Clare Atzema, del Instituto de Ciencias Clínicas de Evaluación de Toronto, y colegas.
Esta baja prioridad asignada a los pacientes de ataque cardiaco con depresión podría deberse a que el personal del departamento de emergencias dé por sentado que los síntomas del paciente se relacionan con la ansiedad, en lugar de un ataque cardiaco, apuntaron los investigadores.
Anotaron que menos del diez por ciento de los pacientes que llegan a los departamentos de emergencias con dolor de pecho, falta de aire u otros síntomas de ataque cardiaco sufren en realidad de un ataque cardiaco. Por tanto, el personal busca otras posibles causas de los síntomas.
"Sospechamos que la clasificación errónea de estos pacientes no se debe a una discriminación intencionada del personal del departamento de emergencias, sino a que la mayor parte de [los profesionales de la salud] no está consciente de que los datos sugieren una relación entre la depresión y la enfermedad de la arteria coronaria", escribieron los investigadores en un comunicado de prensa de la revista Canadian Medical Association Journal, que publicó la investigación.
Sugirieron que educar al personal podría resolver este problema.
FUENTE: Canadian Medical Association Journal. Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

Que es La psicocardiología


La psicocardiología es el área de la psicología de la salud que investiga y trata los factores pisológicos que favorecen la aparición y el desarrollo de la enfermedad cardiovascular, y en especial, de la cardiopatía coronaria.
Surge de la reunion de varias especialidades, principalmente la psícologia y la cardiologia.Su campo es la prevencion primaria, la prevencion secundaria y la rehabilitacion de pacientes cardiacos.

Esta pagina ha sido pensada para ofrecer informacion integral sobre el tema. Esta abierta a profesionales, a pacientes, y a toda la comunidad, como un espacio de referencia y consulta.

Los invitamos a contactarnos. Envienos sus sugerencias y consultas. Publique sus articulos y anuncie aqui sus instituciones y eventos.

Podemos definir a la psicocardiología como la rama de la psicología de la salud que detecta los factores de riesgo psicosociales que inciden en le desarrollo y desencadenamiento de las enfermedades cardiovasculares, y las secuelas psicológicas de los eventos cardíacos. Esta disciplina se constituye por la reunión de varias especialidades —en particular, la cardiología y la psicología— trabajando conjuntamente en la prevención primaria y secundaria de la enfermedad con el fin de:
1 - Informar y promover en la población en general un estilo de vida más saludable que ayude a prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
2 - Optimizar los resultados médicos y psicológicos en pacientes cardíacos.
3 - Estimular la configuración de redes de apoyo social para los pacientes.
La psicología de la salud ha puesto claramente de manifiesto la importancia de las variables psicológicas en el desarrollo de las enfermedades y su recuperación, otorgando, también, un lugar no poco importante a la integración social de los pacientes.
Resulta evidente que un paciente cardíaco puede presentar diferentes factores de riesgo psicosociales que pacientes de otras enfermedades, como el cáncer, el asma o la insuficiencia renal. Incluso la incidencia de un mismo factor puede variar su grado de importancia en las diferentes patologías. Estos factores están asociados con la salud psicológica del individuo, tanto premórbida como posterior al evento cardíaco y su impacto emocional.
Los chinos fueron los primeros en reconocer la importancia de la relación entre psiquis y cuerpo. Huang Ti, el “Emperador Amarillo” señaló que:
“Cuando las mentes están cerradas y la sabiduría se traba, uno puede quedar ligado a la enfermedad.”1
Incluso podríamos señalar ya en William Harvey una vinculación entre la mente y el corazón:
“Un disturbio mental provoca dolor, alegría excesiva, esperanza o ansiedad, que se extiende al corazón, donde afecta el humor y la relación”2
Hoy en día, es bastante obvia la existencia de profundas conexiones entre las emociones de un individuo y sus reacciones físicas. Ya desde las primeras décadas del siglo XX se observaron y establecieron seguimientos en pacientes cardíacos con el objetivo de vincular la patología con ciertos factores de riesgo psicológicos.
En 1910, William Osler definió al enfermo cardiovascular como un individuo preocupado. También pudo verificar, en algunos casos, la presencia de falta de interés por las tareas que desempeñaban.Menninger (1936) y Dumbar (1943) reconocieron en los sujetos cardíacos una fuerte tendencia a reprimir la ira. Dumbar identifica como rasgos característicos de un paciente cardíaco:
- Antecedentes importantes de enfermedad
- Alta frecuencia de matrimonios
- Procedencia de grandes familias
- Perseverancia en el trabajo
- Trabajo realizado bajo tensión y esfuerzo, por largas horas y sin descanso
- Ausencia de pasatiempos
- Poco interés en los deportes
- Alto interés por las actividades intelectuales
- Infancia con presencia de:
- Testarudez, obstinación y cavilación
- Relaciones competitivas tempranas con un padre temido y envidiado
- Imposibilidad para percibir el éxito como alivio de tensión y recompensa
Para la misma época, Weiss vinculó la hipertensión arterial con la hostilidad reprimida. Incluso llega a utilizar el término ‘neurosis cardíaca’ para referirse a la ansiedad.
Arlow (1945) registró que sus pacientes cardíacos presentaban una fuerte tendencia a dominar a sus pares e igualar a sus superiores.
Pero, el estudio que abre paso a una investigación más detenida sobre la incidencia de factores de riesgo psicológicos en la enfermedad coronaria fue el realizado en 1959 por los cardiólogos Friedman y Rosenman. Estas investigaciones dieron como resultado la formulación de un Patrón de comportamiento asociado a los trastornos cardiovasculares, que se denominó Patrón de conducta tipo A.
Sobre este modelo de comportamiento se han hecho numerosos estudios, bajo diferentes enfoques, pero, en términos generales puede definírselo bajo los siguientes rasgos:
- Impaciencia acentuada
- Competitividad y orientación al logro
- Baja tolerancia a la frustración
- Hostilidad·Hiperactividad
- Control
Desde los primeros trabajos, la hostilidad ha sido considerada componente tóxico pero esencial del tipo A, y de modo particular ha llamado la atención de los investigadores en las últimas décadas. Los estudios realizados han reflotado la tesis de que los individuos hostiles son más propensos a desarrollar enfermedades cardiovasculares. Asimismo, se ha establecido que las situaciones de ira precipitan los eventos cardíacos.
También el estrés negativo ha sido objeto de investigaciones que lo vinculan con la patología coronaria. Dicho estrés actuaría como desencadenante , de modo activo y agudo, de episodios cardíacos, en la medida en que influye en las funciones somáticas volviendo al organismo más vulnerable a la enfermedad.
2 Fisher, Heart and Mind, p.
Por último, en la década del ’90 Denollet y Brutsaert (1997/98) han propuesto un nuevo tipo de personalidad vinculada a las patologías cardíacas: la personalidad de distrés o tipo D. Este patrón de personalidad se definiría, básicamente, a partir de una afectividad negativa y de la inhibición social.
La salud psicológica no sólo es importante para la prevención del desarrollo y desencadenamiento de la enfermedad cardiovascular. Posteriormente a la ocurrencia de un episodio coronario, la salud psicológica incide en la rehabilitación del paciente y aleja la repetición de nuevos eventos. Junto a la imprescindible intervención cardiológica, una adecuada ayuda psicológica permite:
1 - Superar el impacto emocional provocado por el evento cardíaco
2 - Modificar hábitos de comportamiento nocivos
3 - Reintegrarse a sus actividades sociales positivas: relaciones familiares y afectivas, trabajo, sexualidad.
Finalmente, la psicocardiología, al reunir cardiólogos y psicólogos en un trabajo común, combate la deshumanización de los sistemas médicos, ayudando a la formación de profesionales con una visión más integral del paciente cardíaco, permitiendo una comunicación más fluida entre ambos, y actuando así, no sólo desde la eficacia de un tratamiento médico, sino promoviendoestrategias que, en cada caso, tengan en cuenta las necesidades psicosociales del individuo afectado.
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BIBLIOGRAFIA:

ARLOW, J.A., “Identification mechanisms in coronary occlusions”, en Psychosom Med, 1945, 7: 195-209.
DEMBROSKI, T.M. Y COL., “Components of hostility as predictors of sudden death and myocardial infarction in the multiple risk factor intervention trial”, en Psychosomatic Medicine, 1989, 51: 514-522.
DENOLLET, J. Y BRUTSAERT, D.L., “Personality, Disease Severity, and the Risk of long-term Cardiac Events in Patients With a Decreased Ejection Fraction After Myocardial Infarction”, en Circulation , 1997/8, 97:167-173.
DUMBAR, F., Psychosomatic Diagnosis, New York, Hoeber and Harper, 1943.
FISHER, J., “Is There a Need for Cardiac Psychology? The View of a Practicing Cardiologist”, en Heart and Mind, Allan y Scheidt (ed.) American Psychological Association. Washington, 1998.
FRIEDMAN, M. Y ROSENMAN, R.H., “Association of specific overt behavior pattern wicht increases in blood cholesterol, blood clotting time, incidence of arcus senilis and clinical coronary heart disease”, en JAMA, 1959, 169: 1286.
LAHAM, M., “Estudio comparativo sobre factores de riesgo psicológico en cardíacos y pacientes de otras enfermedades” (inédito)
LAHAM, M., Psicocardiología . (En prensa).
MONAT, A. Y LAZARUS, R.S.(eds.), Stress and coping: An Anthology, 3ª ed., New York, Columbia University Press, 1991.
OSLER, W., “The Lumleian lectures on angina pectoris. Delivered before the Royal College of Physicians of London”, en Lancet, 1910, 1: 839-844. 1 Fisher, Heart and Mind, p. 2 Fisher, Heart and Mind, p.


Medicina cardiológica y psicocardiología


Frente al problema de la enfermedad aterosclerótica, la medicina ha procedido (con metodología probablemente incuestionable) a identificar, discutir, clasificar, cuantificar y tratar de resolver, médica y quirúrgicamente, estaenfermedad.
Más modernamente se ha centrado el interés en hallar todos los factores de riesgo, capaces de producirla o facilitarla. Más recientemente aún, se rejerarquiza la importancia de la rehabilitación y, con menos entusiasmo, la de la prevención.
A pesar de esto, comprobamos, con sorpresa, que la aterosclerosis sigue ocupando el lugar preponderante de siempre entre las causas de muerte en la población en general; si bien es cierto que los progresos en su tratamiento han mejorado las cifras de lo que, con alguna resignación, llamamos sobrevida, y, aún más empresarialmente, calidad de vida.

Quiero repetir aquí, y por última vez, que son indiscutibles, rápidos y admirables los avances terapéuticos y de investigación, desde el creciente campo de la angioplastía hasta el papel del óxido nítrico o los chlamydia o helicobacter pylori; locus del genoma humano, o de las estaninas.Ahora, no obstante, debo entender de dónde proviene esta, también, inocultable sensación que a algunos cardiólogos nos persigue, de estar corriendo detrás de los hechos. Esta especie de burocratización aceptada que nos lleva casi a descartar en la consulta al paciente, que no tiene, o ha tenido, infarto o equivalentes; o bien a sentirnos satisfechos por haber hecho ya todo lo indicado, cuando otro paciente (o el mismo) abandona con éxito la unidad coronaria, cuando se reintegra a una idéntica vida provisto sólo de unas cuantas prescripciones, algunas severas admoniciones y una dieta pobre en grasas.

¿Qué sabremos de él cuando vuelva a sus hábitos, sus pulsiones, su inevitable reincidencia?

¿Quién estará junto a él cuando comience sin proponérselo a ejercitar la conducta que le fue habitual?

No es difícil imaginar que el paciente recaerá en algunas de las pautas de comportamiento más comunes: omnipotencia, negación, depresión, fatalismo, etc. Raramente se le ocurrirá que debe asumir la responsabilidad de una vida nueva que de él depende, que deberá ser cuidadosamente distinta de la anterior y que no debe considerarse un mero sobreviviente a la espera del próximo evento, signado por un destino inmodificable.

No es esto, solamente, una cuestión de información que hoy nos llega a todos, ni de campaña nacional de prevención, que suele no llegar a nadie. Más bien se trata de una atención individual capaz de detectar en salud o en rehabilitación (ambas son prevenciones) aquellos factores de la personalidad que promueven conductas estereotipadas, imitativas o gregarias, establecidas en el error y perpetuadas por el desconocimiento de los propios conflictos y no del colesterol bueno.

El campo futuro de la psicocardiología es amplio y está en revisión. Desde los primeros intentos de definir un tipo comportamental del paciente cardíaco, hasta los aportes más modernos, como el estudio de la hostilidad, la depresión y el aislamiento ,o la incidencia del estrés en el desarrollo y desencadenamiento de eventos coronarios , se ha avanzado poco.Si, fuera de algún factor genético, los demás factores son controlables, y aún modificables; si esto depende de la acción individual y la determinación de mantenerla en el tiempo; si parece evidente que esto requiere una mejor y sostenida motivación, quizá debamos admitir, con el tiempo, que el factor psicológico es el único verdaderamente independiente, y que el diagnóstico y la terapéutica psicológicos deberían acompañar, o aún preceder, a la educación alimentaria precoz, o a la kinesioterapia en la unidad coronaria.

Las acechanzas del lenguaje


Las enfermedades cardiovasculares, en especial la cardiopatía coronaria -su diagnóstico, prevención y tratamiento- constituye aún, un difícil problema médico. La enfermedad coronaria transcurre en silencio, a través de los años y se manifiesta en forma brusca, en general, y en etapas ya avanzadas. Es a partir de este punto, que se organizan las observaciones, mediciones y estudios prospectivos evaluando la efectividad de diversas terapéuticas farmacológicas y/o quirúrgicas por sus resultados comparativos más o menos mediatos.

En estos días asistimos a una variedad de mensajes que intentan divulgar el problema y alertar a la población, la mayoría emitido por excelentes profesionales, animados de las mejores intenciones. Lamentablemente ya sea por influencia de la época, que lleva a explicar todo en términos de mercado o bien por el esfuerzo de afrontar el hecho de que esta enfermedad aparece en forma cada vez más precoz, manteniendo su récord de mortalidad (y aún aumentándolo en las proyecciones) es que ha crecido un complejo sistema de sofismas, que no parecen aportar mayor claridad al tema ni llevar tranquilidad al paciente.

Y aquí, de nuevo, el lenguaje. El paciente no debe "adherir" a un tratamiento, como una forma de lealtad o disciplina; debe, más bien, incorporar la íntima convicción de que, cumplir lo indicado, debe ser parte de su vida misma, debe sentir que de eso depende su futuro y que sólo él puede manejarlo; debe descubrir si quiere hacerlo; sólo entonces encontrará como.Y no para mejorar su calidad de vida, sino para mantener y prolongar la misma, que es lo que en realidad le importa. El concepto de "calidad" tal vez derivado del de "calidad total" solo compete a cierto argot empresarial florecido en los 90, que no hacen al íntimo sentir de ningún enfermo, tampoco del coronario. Para cualquier paciente la "calidad" de vida es la "cantidad" de la misma de que puede disponer.

En un comienzo fue la denominación "factores de riesgo" dada a graves dolencias perfectamente identificadas (hipertensión arterial, diabetes, obesidad, tabaquismo) dando involuntariamente la impresión de estar refiriéndonos a señales inconvenientes que pueden estar llevando hacia una enfermedad realmente seria, y que convendría evitar. Pero, por multitud de motivos, una gran proporción de estos enfermos no se trata adecuadamente y en la mayoría de los casos, encontramos la razón de la escasa adherencia al tratamiento por el propio paciente.
Así, no modificamos estos "factores" que hemos llamado "modificables". Prudentemente hemos previsto la existencia de otros "factores" que llamamos "no modificables", colocando rápidamente a la cabeza de ellos el status socioeconómico. Luego, casi magistralmente hemos hecho depender aquellos de estos (es decir, los "modificables" de los "no modificables") y así concluimos el diseño para una situación sin salida.
Esto, por una parte justifica los magros resultados terapéuticos y culpa a la situación socioeconómica (y más familiarmente a los políticos). Quien a esta altura, sienta que se ha alejado del problema de la enfermedad coronaria, que está más próximo a buscar explicaciones en El crimen de la guerra de J.B. Alberdi, o en el análisis de los modos de producción en el sistema capitalista, estará en lo cierto.
Parece que algo, nos hizo a nosotros, los médicos, extraviar nuestro discurso. Ahora nos volcamos a la consideración reiterada de las situaciones de catástrofe económico-social que nos impide dar nuestro aporte al tratamiento de esta enfermedad.
Si bien es innegable la influencia de las políticas macro económicas y la asignación de recursos para correctas y gigantescas proyectos sanitaristas, convengamos en que esto no parece suficiente. Recordemos, por ejemplo que durante el "estado de bienestar" del "new-deal" norteamericano, fue que se perfeccionó su pésima orientación alimentaria, al tiempo que se multiplicaban en una colorida apoteosis de color y reciedumbre las innumerables marcas y tipos de cigarrillos, mientras se estimulaba la competitividad ilimitada, entronizando con inclemencia el tipo comportamental A. Esto, precisamente ha posibilitado los resultados recogidos en largo plazo por el estudio Framingham.
Si bien es innegable la influencia de las políticas macro económicas y la asignación de recursos para correctas y gigantescas proyectos sanitaristas, convengamos en que esto no parece suficiente. Recordemos, por ejemplo que durante el "estado de bienestar" del "new-deal" norteamericano, fue que se perfeccionó su pésima orientación alimentaria, al tiempo que se multiplicaban en una colorida apoteosis de color y reciedumbre las innumerables marcas y tipos de cigarrillos, mientras se estimulaba la competitividad ilimitada, entronizando con inclemencia el tipo comportamental A. Esto, precisamente ha posibilitado los resultados recogidos en largo plazo por el estudio Framingham.
La enfermedad coronaria ha sido beneficiada por avances tecnológicos y desarrollos de la investigación de todo tipo y esto seguirá en el futuro. Es nuestra tarea volver a considerarla en sí misma, en sus difíciles y letales límites.
La enfermedad coronaria puede prevenirse y puede tratarse en forma precoz; tal como otras enfermedades que la condicionan. Esta es una larga, compleja tarea que dependerá, en su totalidad, de la conducta del paciente. Y esta conducta, a su vez, dependerá, de manera excluyente, de la información y de la motivación.
Tímidamente todavía, aceptamos que esta patología, es producto, en gran parte del estrés y que éste depende del cerebro. Sólo nos faltaría reconocer la dimensión psicológica de éste, además de la anatomo-fisiológica.
¿Porqué es importante esto?.
Claramente el hombre podrá tener una actitud positiva hacia la prevención de la enfermedad o bien una conducta suicida. Entenderá que puede modificar el curso de la misma, o bien abandonarse a una inexorable fatalidad. Será proclive a cambiar ancestrales y nocivos hábitos de vida, o respetará la maldición de lo "hereditario" que a la vez lo exime de responsabilidad. Considerará que luego de su infarto y/o su operación, comienza una nueva etapa en su vida, que dependerá exclusivamente de él, o bien se considerará un afortunado y efímero sobreviviente, eximido de mayores proyectos.
Allí, en estas desgarradoras dudas, en esas melancólicas certezas, se juega esta enfermedad. Este es el desafío real, médico y psicológico. Ésta es la obligación impostergable que debemos ver, sin otra consideración lateral. Sólo así podrá descender al paciente, todo lo que nos ha complacido descubrir en las alturas y que secretamente nos atormenta.

Psicocardiologia


Generalmente pensamos que la enfermedad del corazón está relacionada solamente con la actividad física: la falta de ejercicio, una dieta inadecuada, fumar y beber en exceso.
Aunque estos hábitos aumentan el riesgo de tener presión alta, ataques al corazón, apoplejías y otros problemas cardiovasculares; los pensamientos, actitudes, y emociones son igual de importantes ya que no sólo pueden acelerar el comienzo de la enfermedad del corazón, sino que también interfieren en la adopción de pasos positivos para mejorar su salud o la de un ser querido.
La enfermedad no es únicamente dolor y la salud no es únicamente ausencia de enfermedad.
Salud y enfermedad son un proceso complejo de adaptación en el que confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales que se integran en una persona. Justamente esta mirada amplia que contempla la salud como un concepto de múltiples facetas, sitúa a las emociones en un lugar central en los se debe entender hoy en día como salud.

Un estilo de vida saludable puede ayudarle a evitar o reducir el riesgo de padecer una enfermedad del corazón. Y mucho más lo ayudará a manejar una condición diagnosticada, aún si usted está en un mayor riesgo debido a factores que no controlamos como la edad, género, o historial familiar.
Sin embargo hacer cambios en nuestra vida cotidiana no siempre es fácil.
Podemos experimentar una pérdida de control sobre nosotros mismos al tener que dejar de consumir nuestros alimentos favoritos, hacer espacio para ejercicios dentro de una vida sedentaria y llena de “otras” obligaciones, o tomar un medicamento regularmente. Se vuelve necesario construir una disciplina personal e insertar estos nuevos hábitos dentro de nuestro estilo de vida.
Pero, la enfermedad del corazón tiene muchas otras facetas que debemos considerar.
El estrés prolongado debido a presiones en el hogar, el trabajo o proveniente de otras fuentes puede contribuir a un aumento anormal de la presión sanguínea y a otros problemas arteriales circulatorios. Al igual que con otras enfermedades, los efectos varían de persona a persona. Algunas personas utilizan el estrés como motivador mientras que otros “explotan” ante el más mínimo problema.
La forma en que manejamos el estrés y la hostilidad también influye en la forma que nuestro corazón responde.
Nuestro cuerpo comienza a deteriorarse. Si se asocia esta predisposición emocional con los manos hábitos como el tabaquismo y la mala alimentación, que muchas veces o casi siempre establece con nuestras emociones un círculo vicioso difícil de cortar, estamos en serio riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca. En algunos casos, nos es diagnosticada “a tiempo”, en otros nos enteramos de ella con el infarto.
Entonces viene la depresión, el sentimiento persistente de tristeza y desesperación que puede aislarnos del resto del mundo. Esta condición puede no solamente aumentar su riesgo de enfermarse del corazón, sino también empeorar una condición existente.
La depresión puede también complicar la recuperación de un ataque al corazón, o de un procedimiento agresivo como una cirugía de corazón abierto (by-pass). El golpe de enfrentar la muerte tan de cerca se añade al prospecto de una larga recuperación, al igual que el miedo a que otro evento, potencialmente más serio, pudiera ocurrir sin aviso. El resultado es muchas veces sentimientos de depresión, ansiedad, aislamiento y una autoestima disminuida.
Y, desde el caso más leve al más complejo, la adopción de un nuevo estilo de vida se vuelve estrictamente necesario.
Como dijimos antes, no es tarea fácil. Muchas veces el miedo nos da un impulso inicial que se reduce con el tiempo y es muy fácil regresar a nuestros viejos hábitos, otras veces la depresión nos impide valorar la vida y no vemos la real importancia de hacer estos cambios o fracasamos por “falta de voluntad”.
También nuestros seres queridos, en especial los familiares directos, pareja, hijos, caen en la desesperación y no saben cómo manejarse con este nuevo tema.
En todos estos casos que venimos relatando la Psicocardiología tiene mucho para decir y para hacer. Desde la información básica necesaria que ahuyenta fantasmas y miedos “falsos” hasta el cambio de hábitos nocivos para la salud de nuestro corazón, El acompañamiento de las personas en su “salida” del infarto, en la preparación para una cirugía cardíaca, y en el proceso de rehabilitación que lleva varias etapas y requiere una permanente motivación para no desviarnos y adherir correctamente al tratamiento.
Para eso investigamos los mecanismos de desarrollo de las principales enfermedades cardíacas, la enfermedad coronaria y la insuficiencia, las arritmias, para ayudar a prevenirlas mejorando la comunicación para que llegue antes que la enfermedad y podamos adoptar una vida cardiosaludable que reduzca los riesgos. Y para ayudar a salir del problema ya presentado a lo largo de un profundo proceso de cambio.
Estamos juntos en esto médicos, psicólogos y psiquiatras con nuestras investigaciones teóricas, con nuestra práctica clínica y con la experiencia que día a día nos aportan los mal llamados “pacientes”, las personas que afectadas por estas patologías trabajan para modificar su estilo de vida revirtiendo un proceso de enfermedad en un proceso de salud.