domingo, 2 de diciembre de 2012

Participación laboral femenina en el escenario económico cubano


Artículo: participación laboral femenina en el escenario económico cubano (1950-1995).  Revista Del Caribe No 31/2000.

Desde las luchas decimonónicas por la independencia de Cuba, las mujeres han desempeñado un papel determínate en el ámbito político, social, cultural e incluso económico del país.  Este protagonismo es tanto más destacado cuanto que se ejerce a diario en todas las esferas de la vida desde la militancia política y la actividad laboral hasta la atención a la familia y el acondicionamiento del propio hogar.  Interesa saber cómo se ha ejercido precisamente este protagonismo en el escenario económico al correr de esta centuria, cómo ha evolucionado en la segunda mitad del siglo y cuáles son las principales características  sociodemográficas de estas feminas activas y sus categorías ocupacionales.

Este amplio cuestionamiento plantea, por lo menos dos  problemas metodológicos agudos.  El primero estriba en la dificultad de cuantificar  satisfactoriamente dicha participación.  Como consecuencia de la frecuente inadaptación de la frecuente inadecuación de los cuestionarios  de los censos o de la contabilidad nacional, que solo ponen énfasis en las actividades económicamente retribuidas, así como por el hecho de que las propias mujeres suelen declararse inactivas  aún cuando realizan actividades dentro del hogar, es harto difícil valorar acertadamente  la contribución del trabajo doméstico a la economía de Cuba.  Además con la situación de crisis que, desde 1990, existe en el país, parte de la fuerza laboral femenina se ha reorientado havia sectores no siempre convencionales u oficiales (alquiler de pisos, venta ambulante, etc.).  Por todo ello, los datos actualmente disponibles subregistran  notablemente el aporte laboral femenino al desarrollo económico cubano.

El segundo problema es la escasa información estadística disponible.  Varios organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o el Banco Mundial, no incorporan a Cuba en sus series de datos.  Nuestra opción metodológica se apoya en datos obtenidos por encuestas de otros organismos oficiales, principalmente la Comisión Económica para América Latina  y el Caribe (PREALC), el Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE).  Así mismo se basa en los últimos censos de población realizados por las instituciones cubanas, principalmente el Comité Estatal de Estadística (CEE).  También se apoya en numerosas  ocasiones, en la base del proyecto de investigación “Mujeres latinoamericanas en cifras” elaborado en 1992 por el Instituto  de la Mujer y la Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales y desarrollado en Cuba por la FMC.

Sobre estas bases conceptuales  y metodológicas, la primera parte del presente estudio hace hincapié en la evolución de la participación laboral femenina en el desarrollo económico del país desde 1950 hasta 1995.  A continuación la segunda parte destaca las principales características  sociodemográficas y socioprofesionales  actuales de dicha población.

Evolución de la participación laboral femenina en la economía nacional (1950-1995)

En cuba los grandes cambios contemporáneos parecen haber condicionado la participación laboral femenina.  Desde el inicio  del siglo hasta 1970, la progresiva incorporación de las mujeres al mercado del trabajo creció conforme se modernizó y se urbanizó el país.  De acuerdo con las series que compone CELADE para América Latina, realizadas sobre la base  de los datos censales, en 1950, trabajaba el 12% de las cubanas mayores de 10 años frente al 14% en 1960 y al 15.9% en 1970.  Después con la llegada de los años 70 se inició otra etapa de mayor crecimiento de la participación económica femenina.  Durante el decenio de los 70 y 80 el Ministerio de Trabajo Cubano adoptó la resolución 47 que privilegió la inclusión femenina en determinadas ocupaciones.  Paralelamente la FMC dirigió una eficaz política para facilitar dicha inclusión (planes educacionales y de reconversión para antiguas criadas y prostitutas, creación de círculos infantiles, etc.).  Gracias a estos apoyos directos se registró un rápido y cuantiosos incremento de mujeres en la fuerza laboral.  Según las estimaciones realizadas por CELADE, dicha participación económica femenina ascendió al 26.7% en 1980 y al 34.8% en 1990.  Dicho de otra forma, el número de mujeres económicamente activas pasó de unas 250 000 en 1950 a más de un millón y medio en 1990, o sea 6 veces más.

Este aumento queda claramente visible a la hora de compararlo con la evolución de la participación económica masculina.  Todos los datos censales tienden a indicar mayor incremento de la participación de las mujeres en la actividad económica en comparación con la de los hombres.  De acuerdo con el Boletín Demográfico elaborado por la CELADE, la tasa de actividad femenina creció del 12% al 34.8% entre 1950 y 1990, mientras que la correspondiente de hombres disminuyó del 82.7% al 67.8%.  Asimismo la participación económica activa femenina creció en 224% entre 1970 y 1990 frente al 42% de la masculina.

La decisión adoptada por el gobierno cubano, desde fines de los 60, de incorporar a la  mujer  en la actividad económica a la par que determinaba incluso la preferencia femenina en ciertas ocupaciones es, sin duda, uno de los factores explicativos de este fenómeno.

También este aumento queda claramente visible al compararlo con la evolución de la participación económica en el resto de América Latina.  Los datos elaborados por CELADE con información procedente de los censos de población de 19 países latinoamericanos indican que entre 1960 y 1990, el número medio de mujeres económicamente activas aumentó solo en 211% en este subcontinente mientras que en Cuba creció un 300% en el mismo período.

A comienzos de los ´90 Cuba alcazaba el segundo lugar  de los países latinoamericanos con mayor tasa de actividad económica femenina, solo Uruguay  la superaba con una tasa de 39.5% frente a un 34.8 que presentaba Cuba.  Este desatacado lugar puede explicarse por la voluntad explícita de los políticos cubanos de atender las necesidades prácticas de las mujeres y de incorporarlas al desarrollo y por otra parte por las acciones  de varias federaciones femeninas cuyo enfoque llamado “enfoque de eficiencia” consiste, en esencia, en brindar a todas las mujeres los recursos necesarios (como la salud y la educación) para su realización personal así como en reconocerles jurídicamente sus derechos familiares, sociales, políticos y económicos.

Después de esta fase de masiva incorporación femenina al mercado de trabajo, se ha iniciado a partir de 1991, una nueva etapa que se caracteriza principalmente por una participación acrecentada de la mujer cubana en todas las esferas de la vida familiar, social e incluso económica a pesar de la crisis actual y del crecimiento del paro.  Si bien las autoridades cubanas apuntan  sistemáticamente  al pleno empleo, el paro se sigue incrementando, desde el retorno masivo, en 1998, de los contingentes militares y civiles enviados a Angola y más desde el inicio del período especial en tiempos de paz.  Desde aquella fecha el desempleo se ha agudizado en numerosos sectores productivos y esencialmente en el sector industrial de modo que en diciembre de 1995, quedaron excedentes 120 000 trabajadores, 10 900 de los cuales permanecen todavía sin ubicar.

Este mal social afecta mayoritariamente a los hombres.  En el proceso de desempleo la mujer sufre una afectación más tenue gracias a que las leyes cubanas prohíben la discriminación laboral por causa de género o etnia, al tiempo que protegen su derecho al trabajo.  Su alta calificación así como su presencia dominante en el sector de los servicios le otorgan ventajas significativas para conservar su puesto de trabajo.

En lo que se refiere a las mujeres desocupadas de la industria, el gobierno ha realizado esfuerzos para reubicar esta fuerza de trabajo sobrante en otros sectores económicos.  Regido por el decreto 6194, vigente desde septiembre de 1994 este proceso de reubicación laboral, en el que influyen criterios como la edad, la idoneidad, la calificación y resultados, favorece a la mujer por su alto nivel técnico.  De hecho se ha redistribuido a esta población entre el turismo o en trabajos asistenciales próximos al domicilio o en los contingentes destinados al plan alimentario donde se estima que trabajan unas 200 mil mujeres.  Amén de estas políticas  de fomento de la reubicación laboral, el gobierno cubano legalizó en febrero del ´94, el empleo privado en aras de incrementar la productividad y de luchar contra el desempleo masculino y femenino.  De ahí que se incrementara la participación en 144 284 trabajadores por cuenta propia, el 23% de los cuales eran mujeres (33 330).

A dicha incrementada participación de la población femenina en actividades convencionales consideradas económicas, cabe añadir su destacad participación en el ámbito familiar  doméstico.  Al convertir el escenario familiar en terreno de lucha  por la supervivencia, la crisis actual y las penurias asociadas  a ella exigen grandes sacrificios a todos, particularmente  a las mujeres sobre las que ha repercutido de forma especial.  Aunque en estos tiempos los rigores del PE y del embargo norteamericano así como la legislación y la solidaridad familiar han propiciado una intervención creciente de todos los miembros de la familia en la realización de los quehaceres cotidianos, el trabajo doméstico sigue centrándose en l mujer, responsable cultural de la atención a la familia.  Por ello frecuentemente le corresponde idear soluciones alternativas para paliar las carencias que atravesamos.

El hecho de que la mujer cubana representa un pilar fundamental en el hogar para la reproducción de la Revolución, significa que ya no tiren una triple sino cuádruple o quíntuple jornada de trabajo, su esfuerzo se ha multiplicado enormemente.  Si hablamos de creatividad para resolver estas cuestiones, la mujer cubana ha inventado de todo.  Por tanto las feminas cubanas desempeñan un papel inconmensurable tanto en el hogar como en el ámbito social, económico, político y como pilar fundamental del mantenimiento y reproducción de los valores creados por la Revolución.

Ahora bien, las presiones de sus funciones de amas de casa, madres y trabajadoras generan a veces tensiones interpersonales y a veces personales.  Por la grandes responsabilidades que asumen a nivel doméstico y profesional, algunas patologías de origen nerviosos, como el estrés, recaen cada vez más sobre ellas.

Paralelamente su intensa y amplia participación es factor significativo de los cambios de la estructura  y e las funciones de la familia.  En los últimos años se asiste  efectivamente a una nítida disminución de la fecundidad (1.8 hijos por mujer en 1990 frente a 4 en 1965) y a algunas variaciones en la constitución en la constitución y disolución de las parejas  (altos índices de separación sobre todo entre los jóvenes). 

La visibilidad de estas transformaciones sociodemográficas es más obvia en tanto crece rápidamente la participación femenina en el escenario económico.  Según el reciente estudio de S. Valdés Mesa, esta participación ascendió en 1996 al 42% frente al 34.8%  en 1990 y al 30% en 1985.

En este contexto de acrecentada participación laboral femenina a lo largo de los últimos 4 decenios, la estructura del empleo (ramas de actividad, categorías ocupacionales y grupos profesionales) así como las características sociodemográficas de las féminas activas han cambiado con creces.  Con estos antecedentes, interesa saber como se componen en la actualidad, el empleo femenino y en que medida se diferencia del empleo masculino.  También interesa conocer cuales son las principales características sociodemográficas de esta población femenina ocupada.

Principales características  sociodemográficas y categorías socio profesionales de la población femenina activa.

Al investigar la participación laboral fémina puede observarse que varios rasgos sociodemográficos caracterizan a las feminas cubanas activas.  Entre las principales características, se destaca la zona de residencia, preferentemente centros urbanos.  De acuerdo con las series que compone CELADE y a los censos de población y Vivienda realizados por el Comité Estatal de Estadísticas, la participación económica activa femenina es más urbana que rural de modo que en 1990, el 38.2% de las ocupadas vivía en las ciudades frente al 23% en el campo.

A pesar de esta fuerte ocupación femenina en el medio urbano, la evolución de las tasas de participación económicas por zona de residencia indica que, en áreas rurales, las mujeres se han incorporado a la actividad a un ritmo muy elevado en los últimos dos decenios.  Entre 1970 y 1990, la tasa de participación en la actividad económica de las mujeres de más de 15 años ha aumentado en el 168% en el campo y solo en el 92% en las ciudades.

Entre las demás características  sociodemográficas sui generis se observa la edad.  Con respecto a esto encontramos  que las mujeres ocupadas son fundamentalmente adultas  y mayores.  Durante el primer quinquenio de los 90, un 47% de ellas tenía entre 20 y 59 años, en el ínterin, menos del 15% tenía entre 15 y 19 años.  También destaca  que la participación de las mujeres en las actividades convencionales consideradas económicas crece menos rápidamente a partir de los 25 años y toca techo alrededor de los 35 años, cuando trabaja aproximadamente el 60% de las que están en esa edad.

Otros dos rasgos sociodemográficos  de la población femenina ocupada atañen a su situación conyugal y jefatura de hogar.  El exámen del primer parámetro revela una levada proporción de mujeres mayores de 14 años en situación de emparejamiento (matrimonio o unión consensual).  Según el último censo de población (1981) esta proporción ronda el 65%.  El exámen del segundo parámetro revela que el 30% de las ocupadas no esta emparejada y por consiguiente, dirige a solas su hogar.  Por último otra peculiaridad relevante de las feminas activas concierne a su alto nivel de educación.  Como sucede en otros varios países latinoamericanos, la fuerza laboral ha adquirido en Cuba, desde los 70, un nivel educativo elevado, superior al de la masculina.  De acuerdo con las estimaciones  del CEE, en el transcurso del segundo quinquenio del decenio anterior (1990) el 81.4% de las mujeres ocupadas tenía estudios medios o superiores frente al 73.5% en le caso de los hombres.

Esta serie de particularidades y de diferencias entre géneros se observa así mismo al examinar  la estructura del empleo.   El empleo femenino cubano presenta marcadas especificidades que se expresan n todos los planos del entramado ocupacional. En lo que se refiere a las ramas de la actividad económica, es de notar que la mujer prevalece ampliamente en la esfera de los servicios.

En 1990, 65% de las mujeres se ocupaban en esta rama, en tanto el 20% en la industria y tan solo el 15% en la agricultura.  Como sucede en el resto de América Latina, esta distrib. Ión de mujeres ocupadas muestra grandes disparidades respecto de la correspondiente masculina de modo que en 1990, 40% de los hombres trabajaba en los servicios, 30% en la industria y 30% en la agricultura.

En Cuba se prohíbe la distinción o discriminación laboral por causas de género o etnia.  Por eso no les corresponden sistemáticamente a las mujeres las tareas de subalternas, al contrario, asumen cada vez más las responsabilidades y empleos especializados de modo que en 1990representaban el 40% de los médicos y el 61% de los estomatólogos.  También asumen especialidades médicas modernas  hasta tal punto que representan el 605 de los inmunólogos, dermatólogos y psiquiatras y el 70% de los oftalmólogos, microbiólogos y nutricionistas.  En la industria médico – farmacéutica representan el 60% de los trabajadores, el 43% de los cuadros de dirección y el 60% de los técnicos.  En los cetros de investigación científica representa el 52% de los empleados, el 58% de los técnicos y el 40%& de los investigadores.  En le sector educacional, son el 69% de los trabajadores y el 45% de los docentes de educación superior.  Igualmente se ocupan ampliamente en el ámbito de la confección y de las comunicaciones, pero muy poco en la construcción, los transportes y los trabajos agrícolas.

Por último mencionaremos que los estimados del Comité Estatal de Estadísticas  tienden a subrayar otra diferencia substancial en la distribución por sexo entre categorías ocupacionales.  Esta disparidad estriba en que el grupo de los gerentes y directores es más bien masculino (165 100 H frente a 66 200 mujeres) en tanto que el de los profesionales y técnicos es más bien femenino (472 500 M frente a 346 600 H).

Habida cuenta de la escasez de datos sobre la distribución salarial por sexo, cuesta determinar si se establecen distinciones salariales a favor o en detrimento de las mujeres.  Sea lo que sea se estima que el salario medio de amos evolucionó en 82 pesos antes de 1959 a 188 en 1990.

Conclusión

La incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral es sin duda, uno de los fenómenos más espectaculares y significativos que ha experimentado Cuba y el mundo en la segunda mitad del siglo XX  entre 1960 y 1990 la tasa de actividad femenina creció en 300%, ritmo superior al de la mayoría de los países latinoamericanos.  En la actualidad este proceso es visible sobre todo e los grandes ce tros urbanos, don de las mujeres desempeñan mayoritariamente actividades relacionadas con la prestación de servicios.  Agreguemos también que dicha acrecentada participación de la población femenina en las actividades convencionalmente consideradas económicas  se suma a su destacado protagonismo en el ámbito familiar y doméstico para la realización de los quehaceres cotidianos y la atención a la familia.  Las funciones  de trabajadora, ama de casa y madre generan a veces cambos significativos tanto en el equilibrio personal y en las relaciones interpersonales como en la estructura y las funciones de la familia.  Desde 1960, se dieron en el país muchas fructíferas batallas por el pleno ejercicio de la igualdad de la mujer.  Se puede pensar que, gracias a nuevas acciones del Estado y a la labor de las organizaciones no gubernamentales como la FMC, así como a los trabajos de investigadores y a la creatividad de las cubanas, se elevara aún más en un futuro próximo esta participación femenina, a la par que se solucionaran problemas e inquietudes de esta población.

En la actualidad varias iniciativas de orientación, capacitación, formación y asesoría como la experiencia de la comunidad de Cayo Hueso en La Habana son muy alentadoras y prometen ser un éxito en materia de participación creadora y endógena.  Por lo tanto hay motivos para ser tan optimista como Isabel Rauber al señalar que: “Incansable luchadora, la mujer cubana, igual que la latinoamericana y caribeña es capaz de inventar de la nada y preparar una hermosa fiesta de cumpleaños para sus hijos, adornar un festejo de la cuadra, participar de un trabajo voluntario y por sobre todas las cosas, amar”.

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