domingo, 2 de diciembre de 2012

EVOLUCIÓN DE LOS VÍNCULOS DE APEGO EN LAS RELACIONES FAMILIARES


Resumen del libro FAMILIAY DESARROLLO HUMANO (MARÍA José Rodrigo y Jesús Palacios)

CÁP. 5: EVOLUCIÓN DE LOS VÍNCULOS DE APEGO EN LAS RELACIONES FAMILIARES (Félix López Sánchez. Pág. 117- 139)

En este contexto, el apego es un vínculo afectivo que una persona establece con otras, lazo emocional que impulsa a buscar la proximidad y el contacto con las personas a las que se apega, llamadas figuras de apego.  Aunque este vínculo forma un todo, pueden distinguirse en él tres componentes básicos
·         Conductas de apego
·         Representación mental de la relación
·         Sentimientos .

Estos tres componentes se mantiene  a los largo del ciclo vital pero van cambiando su contenido concreto.  Desde el punto de vista objetivo, su sentido último es favorecer la supervivencia manteniendo próximos y en contacto a las crías y los progenitores que son lo que protegen y ofrecen los cuidados durante la infancia.  Posteriormente tiene la misma función, ya que favorece el mantenimiento de relaciones de parentesco y la disposición para la protección y la ayuda mutua.

Desde el punto de vista subjetivo la función del apego es proporcionar seguridad emocional; el sujeto quiere a lss figuras de apego porque con ellos se siente seguro, aceptado incondicionalmente, protegido y con los recursos emocionales y sociales necesarios para su bienestar.  La ausencia o pérdida de figuras de apego es percibida como amenazante, situación de desprotección, desamparo y riesgo.

Para cumplir estas funciones básicas (supervivencia y seguridad emocional) el vínculo de apego tiene 4 manifestaciones básicas, según Feeney y Noller (1995):
·         Buscar y mantener la proximidad
·         Resistirse a la separación y protestar si esta se consuma
·         Usar la figura de apego como base de seguridad desde la que se explora el mundo físico y social
·         Sentirse seguro buscando en dicha figura el bienestar y el apoyo emocional

Desde que los adultos tienen hijos adolescentes hasta que estos dejan de forma habitual la casa de los padres, el sistema familiar tiene características propias.  Los adultos miembros de la pareja pasan por la denominada crisis de la mitad de la vida y los padres e hijos tienen que reestructurar sus relaciones continuamente para dar lugar a la autonomía de los últimos.  Esta etapa supone una gran tensión que a la vez tiene que enfrentarse al comienzo de su evidente proceso de envejecimiento.  Es también propio de este período tener que asumir el cuidado de los padres y su muerte, quedándose como última generación con vid.

Las dificultades en este período pueden venir, por tanto, de tres procesos distintos:
  • La propia crisis de la mitad de la vida
  • Los cuidados y la muerte de los padres
  • La independencia de los hijos

Se trata pues de una época que puede ser especialmente difícil, ya que todas las responsabilidades caen en esta generación de adultos sin que, en muchos casos, tengan apoyo incluso ni comprensión de las otras generaciones.

Si las relaciones entre los subsistemas familiares (pareja, hijos) son adecuadas, existiendo intimidad, apego, aceptando lkas características de cada generación los proyectos se verán resueltos satisfactoriamente pero si alguno de estos subsistemas entra en conflicto el bienestar de la familia, de cada subsistema y de cada persona en concreto puede verse afectado hasta provocar problemas o desgarros que sean irreparables.

Los adultos, a partir de este período pueden acabar eligiendo como figuras de apego a sus propios hijos porque estos van siendo mayores y pueden cumplir las funciones de apego.  Las diferencias en este sentido son importante porque dependen de 2 conjuntos de factores: lo que los hijos son capaces de ofrecer a los padres y el estado de necesidad de los propios padres.

El sistema familiar durante la última parte de la vida es aún más variable porque junto a la diversidad propia de los adultos, se añaden todas aquellas situaciones en la que los esposos se quedan solos o permanecen en casa con los hijos mayores, uno de los esposos se queda viudo con o sin hijos.  La mayor parte de las diferencias las provocan situaciones de necesidad que no dependen de la voluntad de las personas por lo que es muy difícil indicar lo convencional o normativo en dicha etapa.

El apego en torno a la jubilación


Este período entraña más dificultades como la crisis del nido vacío que afecta más a la mujer o la jubilación que afecta más a l hombre.  El subsistema marital tiene que reorganizarse de nuevo frente a los cambios que supone quedarse solos, jubilarse, descender en el nivel de ingresos, tener nuevos roles como el de los abuelos, aceptar procesos de envejecimiento, tener problemas de salud, enfrentar posibles muertes, disponer de más tiempo de ocio, etc.  a la vez este período puede ofrecer ventajas si se cumplen determinadas condiciones como la salud, un grado razonable de bienestar económico, capacidad para disfrutar actividades de tipo cultural y social y relaciones satisfactorias con la pareja.

Las relaciones de apego con la pareja y los hijos son especialmente importantes en este período para disfrutar su presencia, el gozo de las tareas realizadas entre todos y sobre todo para tener la seguridad de que cada uno de los miembros de la familia están protegidos y recibirán ayuda si la necesitan.  Es un período de madurez en las relaciones de apego en la pareja sin las perturbaciones y atenciones que anteriormente le exigían los hijos y los padres.

También puede ocurrir que los conflictos y tensiones de la pareja, camuflados en períodos anteriores se pongan de manifiesto al quedarse solos.  En este caso los sufrimientos pueden llegar  a ser altamente destructivos tanto si provocan una ruptura de pareja después de tantos años de convivencia como si se quedan juntos compartiendo su drama relacional.

En los últimos años de la vida la variabilidad interpersonal es el dato más destacado pero generalmente por las características de la edad casi ineludiblemente se enfrentan situaciones de muerte y enfermedad de familiares, pareja, amigos, por lo que es fácil comprender las frecuentes sensaciones de soledad, emocional y social por la pérdida de la mayor parte de la red de relaciones sociales.  La soledad emocional es sentida como la falta de vínculo con personas que sabemos incondicionales.  De esta forma se entiende la importancia de las figuras de apego, que son frecuentemente la pareja y los hijos, los amigos cubren su papel pero menos eficaces.

Estas figuras son especialmente importantes sobre todo porque es frecuente que la persona se deteriore en uno u otro sentido siendo débil e independiente con pcas posibilidades de reciprocidad por lo que deben contar con personas que le sean material y emocionalmente incondicionales (comparación y diferencias con la primera infancia: obligatoriedad del cuidado y empiezo-final de la vida.

La estabilidad del estilo de apego es mayor a medida que las personas van avanzando en edad.  Después de la adolescencia es muy probable que el apego se convierta en un patrón básico poco modificable aunque se puede aumentar el autoconocimiento de las propias características del apego, el autocontrol de sus efectos y el aprendizaje de habilidades sociales para relacionarse de forma más eficaz a partir del propio estilo de apego.

Pero a pesar de su estabilidad en la vida adulta el apego se vive de forma más variable de unas personas a otras, porque la conducta depende más de aprendizajes y relaciones sociales y sobre todo, porque el apego interactúa de forma estrecha con otros vínculos afectivos, especialmente relacionados con la intimidad sexual.

A partir de las características personales (ansiedad, identidad) y los tipos de apego desarrollados a lo largo de la infancia y la adolescencia varios autores han desarrollado varios criterios describiendo estilos de apego; por ejemplo Hazan y Shaver, así como Bartholomew (1990) y Bartholomew y Horowitz (1991) que han propuesto 4 estilos de apego adulto a partir:
  • Del modelo que las personas emparentadas construyen sobre si mismos y sobre el otro
  • Grado de dependencia y evitación de la intimidad.

En este sentido la consideración que se tiene de si mismos (identidad) puede ser dicotomizada en positivo (digno de atención y amor) o negativo (contrario), por el otro el modelo que se tiene de la figura de apego taimen puede ser en positivo (disponible y capaz) o negativo (persona que le rechaza, está distante o no le cuida).  Como resultado de esta doble dicotomía pueden darse 4 estilos de apego fundamentales:
    1. seguro (ambos modelos son positivos)
    2. preocupado (el modelo propio es negativo pero el del otro es positivo)
    3. huidizo-ausente (positivo de si mismo y negativo del otro)
    4. miedos (ambos negativos)

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