domingo, 2 de diciembre de 2012

HOGARES CARIBEÑOS ENCABEZADOS POR MUJERES. ¿DESVIACIÓN U OTRA FORMA DE ORGANIZACIÓN FAMILIAR?



ARTÍCULO: HOGARES CARIBEÑOS ENCABEZADOS POR MUJERES.  ¿DESVIACIÓN U OTRA FORMA DE ORGANIZACIÓN FAMILIAR? Revista Caminos  No 17-18/2000.  Helen I. Safa

El rápido aumento del número de hogares encabezados por mujeres a lo largo y ancho del mundo ha dado lugar a una preocupación entre los formuladotes de política, así como los especialistas acera de las razones de este fenómeno.

Esta preocupación es muy marcada en países de avanzada industrialización, como los EE.UU., donde están siendo atacados como símbolo fundamental del Estado proveedor  y factor clave e la formación de una subclase permanente.  Los hogares encabezados por mujeres y, e particular, por madres solteras, se consideran un ejemplo de la desorganización de la familia, del desplome de los valores familiares y se le culpa del aumento de las tasas de divorcio, delincuencia juvenil y delitos.  Si bien en la América Latina y el Caribe los ataques contra los hogares encabezados por mujeres no son tan contundentes, también allí los formuladores de política se muestran alarmados ante este aumento y lo consideran una desviación de la organización familiar.

¿Acaso los hogares encabezados por mujeres constituyen una desviación o pueden entenderse como otra forma legítima de organización familiar?  Abordaré esa cuestión a partir  de las investigaciones que he realizado en el Caribe y la ampliaré para incluir a los inmigrantes caribeños integrantes de la diáspora.  No solo me interesa analizar el reciente aumento del fenómeno sino demostrar que en el ámbito caribeño, tales hogares se arraigan en lazos históricos de consanguinidad a menudo más importantes que los vínculos conyugales  existentes en la familia nuclear.

Desde este punto de vista, la familia nuclear puede considerarse parte del proyecto de modernización que el colonialismo occidental impuso a las poblaciones subordinadas de negros e indígenas radicados en la A.L y el Caribe.

La opinión negativa acerca de los hogares encabezados por mujeres, en parte, de índole conceptual, y responde al énfasis eurocéntrico que hacemos en considerar a la familia nuclear como norma y encarnación de la modernidad y el progreso, el cual nos hace juzgar patológicos este tipo de hogares, sobre todo, debido a la ruptura del lazo conyugal.  Se parte del supuesto de que la familia se entra en el matrimonio o en el lazo conyugal, aunque considero que, en muchos hogares urbanos de bajos ingresos, en particular en el Caribe, estos lazos son débiles e inestables en comparación con las relaciones de consanguinidad existentes entre una madre, los hijos y las parientas. 

Se ha escrito mucho acerca de la familia caribeña centrada en la madre.  Estos hogares pueden estar encabezados por hombres pero los lazos más sólidos  son aquellos que unen a madres, hijos y parientas.  Se diferencian de los hogares encabezados por mujeres, donde los hombres adultos que viven allí no constituyen el sostén de la familia y, a menudo, resultan ser hogares centrados  en la madre.  Tanto en los hogares centrados e la madre como en los encabezados por mujeres, el lazo conyugales el que se hace hincapié, propio de la familia nuclear, se ha debilitado por uniones consensuales las cuales, con frecuencia, se tornan más inestables que el matrimonio jurídico causa de las migraciones y, ahora, del deterioro de la capacidad de los hombres para desempañar el papel que les correspondía como sostén económico.

A medida que las mujeres aumentan el papel económico que desempeñan en el hogar en tanto el trabajo de los hombres disminuye o se deteriora, ocurren cambios de estructura familiar y de patrones de autoridad.  Cuando las mujeres casadas deban reemplazar a los hombres como principal sostén económico, a menudo surgen conflictos familiares y rupturas maritales, lo que contribuye a aumentar el porcentaje de hogares encabezados por mujeres.

En la actualidad casi la tercera parte de los hogares cubanos y dominicanos están encabezados por mujeres, mientras que en Puerto Rico representan el 23%.  El deterioro del trabajo masculino ha sido muy severo en Puerto Rico y República Dominicana debido a la crisis económica y el distanciamiento de una economía azucarera basada e el trabajo de los hombres, al tiempo que en Cuba las medidas socialistas de redistribución también ayudaron a que las mujeres encabezaran solas las familias.  Los pagos por transferencia, tales como la seguridad social, quizá también hayan contribuido a aumentar la cantidad de hogares encabezados por mujeres en Puerto Rico y parecen haber afectado la forma adoptadas por ellos. 

Pruebas Históricas

 Si bien, a menudo, los hogares encabezados por  mujeres apenas se consideran una respuesta a la actual crisis económica ocasionada por la globalización, considero que en el Caribe, este fenómeno tiene un largo historial basado en el hecho de que las relaciones de consanguinidad son más fuertes que la de los lazos conyugales.  El análisis histórico sugiere que los hogares encabezados por mujeres constituyen la modalidad de organización familiar más antigua en la América latina y el Caribe, lo cual se refuerza como recurso cultural en tiempos de crisis económica.

El sistema jurídico de la España colonial asentado e la patria potestad, concedía a los hombres amplios poderes sobre esposas e hijos, pero siempre se aplicó con menos energía a los pobres que vivían en medios rurales y urbanos.  Los sistemas jurídicos español y portugués, así como el derecho consuetudinario imperante en las Antillas, también sancionaban un sistema dual de matrimonio mediante el cual los enlaces jurídicos estaban limitados a personas iguales desde el punto de vista racial y de clase, mientras que las uniones entre personas que no eran iguales quedaban relegadas al concubinato o las uniones consensuales.  Estas últimas a menudo culminaban en la presencia de hogares encabezados por  mujeres, porque las uniones eran muy inestables y hacían que ellas recabaran apoyo entre los parientes consanguíneos, en particular entre sus congéneres. 

Las uniones consensuales interraciales casi siempre se producía entre un hombre  de piel más clara y condición superior y una mujer de color y condición inferior, cuya posición y descendencia quedaban subordinadas desde el punto de vista jurídico y social a las de la esposa jurídica.  La iglesia no alentó los matrimonios interraciales en Brasil, mientras que en Cuba requerían una aprobación especial del Estado y luego fueron proscritos.  Martínez Alier demuestra que, en Cuba durante el siglo XIX, los códigos matrimoniales endógamos eran una manera de mantener la superioridad racial y de clase, y servían para diferenciar al colonizador  del colonizado. 

Aunque las uniones consensuales se estigmatizaran, su presencia generalizada en muchos países de la América Latina y el Caribe, así como los mecanismos ideados para incorporar a la descendencia en la sociedad blanca dominante, sugiere que las barreras que separaban al colonizador del colonizado no eran tan gigantescas como en otras zonas coloniales.  Por ejemplo los estudios de la  población esclava  radicada en san Juan, Puerto Rico, demuestran un arcado aumento del  mestizaje y los matrimonios interraciales durante le siglo XIX, sobre todo entre las negras.

La presencia generalizada de hogares encabezados por mujeres entre las poblaciones negras asentadas  en el Caribe y Brasil, ha llevado a algunos a afirmar que se trata de una modalidad histórica o cultural surgida de la esclavitud y el acervo africano.  Nadie duda que la esclavitud debilitara mucho los lazos conyugales al desalentar o, en algunos casos, prohibir el matrimonio entre esclavos, quines casi siempre eran vendidos por separado aunque solía preservarse la unidad conformada por la madre y el hijo.

Al manifestarse en contra de las raíces africanas del fenómeno, Higman ha demostrado que, en realidad, las familias nucleares prevalecieron entre los esclavos de la primera generación y que los hogares encabezados por mujeres cobraron mayor importancia entre los esclavos criollos nacidos en el nuevo mundo.  A menudo los hogares criollos encabezados por mujeres serán resultado de uniones consensuales  u ocasionales entre hombres blancos y esclavas o de color libres, muchas de las cuales se ganaban la vida como sirvientas domésticas o artesanas.  Estas uniones consensuales de diferentes razas pueden considerarse la base para la creación de un grupo de personas libres en la América Latina, que iba a constituir el eje en la dirección de la comunidad afroamericana, especialmente después de la abolición de la esclavitud y6 durante el período postcolonial. 

La generalización de las uniones consensuales entre personas de color libres quizá también ayude a explicar que en estos momentos no se estigmaticen las uniones consensuales y los hogares encabezados por mujeres entre los pobres que viven en zonas rurales y urbanas del Caribe, donde continúan siendo la forma predominante de unión, sobre todo en el área anglófona.

No obstante la familia nuclear sigue siendo la norma y entre la élite matiza el matrimonio llegó a considerarse  como indicador de pertenencia a la clase media.  Hall demuestra como durante el siglo XIX luego de la emancipación, en Jamaica los misioneros bautistas  trataron de recrear aldeanos negro libres a su imagen y semejanza, incluida la imposición de las normas europeas del matrimonio jurídico y la familia nuclear, las cuales hasta hoy en día continúan ejerciendo una marcada influencia en la clase media mestiza.

Fue apenas en 1972, bajo el gobierno de Manley, que en Jamaica se reconoció el derecho de herencia de las mujeres que vivían en unión consensual, así como el de los hijos habidos en este tipo de unión, si bien en algunas de las islas del Caribe anglófono siguen careciendo de condición jurídica.  Aquí vemos la manera en que la hegemonía de la familia nuclear se convirtió en norma jurídica, aunque la mayoría de la población viví en uniones consensuales, ya que para los pobres las consideraciones de condición jurídica y herencia de propiedades eran de poca monta.

En Puerto Rico, el Estado desempeño un papel más directo al fomentar el matrimonio jurídico y el divorcio.  Como parte  del esfuerzo de modernización emprendido tras la ocupación del país en 1898, los EE.UU. fomentaron un nuevo código civil que ampliaba la legalización de todos os matrimonios civiles y también concedió a ambos sexos el derecho al divorcio.  Los funcionarios coloniales estadounidenses se escandalizaron de que apenas el 50% de la población adulta hubiera contraído enlace oficial y trataron de civilizarla haciendo más asequibles el matrimonio y el divorcio.  No obstante, el segundo resultó ser más popular que el primero, en particular para las muges que trataban de librarse de esposos inútiles o abusivos, sobre todo aduciendo la falta de apoyo financiero.  Ayer, como hoy, era posible aceptar la infidelidad o incluso el abuso siempre que el hombre se ocupara  del sostén de la familia.

Sin embargo a todas luces la institucionalización del matrimonio jurídico se vio reforzada más adelante por la limitación del acceso a pagos federales por transferencia a aquellos que hubieran contraído esponsales jurídicos, pues en la actualidad, el porcentaje de uniones consensuales ha disminuido a 5% mientras que la tasa de divorcio sigue aumentando.  De esta manera, los EE.UU. tratan de modernizar a Puerto Rico y convertirlo en vitrina de democracia, incluida las normas de adhesión a las normas de respetabilidad tales como el matrimonio jurídico y las familias nucleares conformadas en su gran medida de un origen eurocéntrico.

Modalidades contemporáneas

En la América Latina continúan existiendo grandes diferencias en la presencia generalizada de uniones consensuales y hogares encabezados por mujeres aunque los porcentajes son mucho más bajos en países católicos como México, Colombia y la Argentina que en el Caribe y la América Central.  Las razones que explican esta variación incluyen la influencia de la iglesia y la escasez de sacerdotes, en particular en las zonas rurales, l poca importancia relativa de los derechos de la propiedad (en especial entre los pobres que viven en áreas rurales o urbanas)) y la debilidad del Estado a la hora de imponer normas jurídicas que rijan el matrimonio, la herencia y los derechos de propiedad.  Las uniones consensuales no fueron estigmatizadas para los pobres a pesar de las campañas que desató la iglesia  para que las parejas se casaran  la situación variaba de un país a otro y entre diferentes clases y grupos étnicos.

La proporción de hogares caribeños encabezados por  mujeres sigue estando muy vinculada al nivel de unciones consensuales, más inestables que los matrimonios jurídicos y que se siguen hallando sobre todo en los grupos de menores ingresos. No obstante ahora hallaos un predominio de uniones consensuales entre personas con la misma condición jurídica en lugar de las uniones entre diferentes razas y clases, tan frecuentes durante el período colonial.  

La liberalización del divorcio en muchos países del Caribe también explica el elevado porcentaje de hogares encabezados por mujeres, si bien al igual que el matrimonio jurídico es más frecuente en las clases media y superior.  Solo en Puerto Rico, donde las tasas de divorcio han aumentado de manera espectacular y las uniones consensuales en la práctica casi han desaparecido, se ha roto la relación existente entre uniones consensuales y hogares encabezados por  mujeres.

Cuba

La influencia de la Revolución en las modalidades maritales que se observan en Cuba ha resultado contraria a la política prevista.  Le Estado cubano trató de promover la incorporación de la mujer al trabajo, elevando los niveles educacionales y aumentando las oportunidades de empleo para la mujer, generosas licencias de maternidad y círculos infantiles gratuitos.

La participación laboral de la fuerza femenina llegó al 40.6% en 1993, aunque ha existido cierta disminución durante la crisis económica provocada por el PE.  Sin embargo, el estado cubano no esperó que el aumento de la autonomía económica de la mujer contribuyera a la inestabilidad marital.  Por el contrario, la distribución de derechos y responsabilidades estipulados en el Código de la familia cubano prevé con nitidez la existencia  de una familia nuclear, y estuvo encaminada a estabilizar la familia fortaleciendo la existencia de relaciones maritales iguales. 

No obstante el porcentaje de hogares encabezados por mujeres ha ascendido a un ritmo alarmante: de 14% en 1953 a 28.1% en 1981 y 36% en 1995.  Parte de ello puede atribuirse al elevado índice de embarazos de las adolescentes, quienes en su mayoría viven en uniones consensuales.  Estas uniones también han aumentado, en particular entre la población blanca mientras más negros se están casando, lo que sugiere una convergencia de modalidades maritales por raza.

La tasa de hogares encabezados por mujeres sigue siendo más alta entre las negras que entre las blancas o mulatas.  Difiere poco desde el punto de vista educacional, participación de la fuerza laboral o incluso del tipo de ocupación aunque los profesionales presentan un índice algo inferior al del resto de los trabajadores.

La tasa de divorcio también ha aumentado: de 2.9 por mil en 1981 a 3.7 por mil en 1995,  la disolución del vínculo marital continúa prevaleciendo en las negras, aunque ha aumentado en todos los grupos raciales, en 1981, las diferencias raciales habían desaparecido entre las menores de 24 años.

La mayor autonomía económica de la mujer, así como el aumento de embarazos entre las adolescentes, las uniones consensuales y el divorcio son los principales factores que se ocultan  gras el incremento del número de hogares encabezados por mujeres.  Además, Cuba Socialista concedió a las mujeres que vivían en uniones consensuales y a sus hijos igual reconocimiento jurídico que a las mujeres que había contraído matrimonio jurídico, con lo cual se debilitó aún más la validez de este tipo de matrimonio. 

Es muy evidente que las costumbres sexuales han cambiado de forma espectacular en la juventud cubana, aunque no siempre de la manera prevista por las autoridades.  A pesar de tener acceso gratuito al control de la natalidad, el aborto y los programas de ecuación sexual, el aumento de los embarazos entre las adolescentes creció después del triunfo de la Revolución, y la edad de comienzo de las relaciones sexuales y del primer embarazo han disminuido en lugar de aumenta r como cabría esperar al incrementarse las oportunidades de trabajo y de educación para la mujer.

No obstante, la tasa de nacimientos sigue disminuyendo y ahora se encuentra por debajo de los niveles de sustitución, porque la mayoría de las mujeres tienen 1 ó 2 hijos a edad temprana y luego dejan de parir  antes de cumplir los 30, aunque contraigan otras uniones.

Antes del PE, los servicios gratuitos de salud y educación, así como la presencia de mayores oportunidades educacionales y de empleo para la mujer, le facilitó criar a sus hijos y debilitó aún más la dependencia de un hombre que velara por el sostén de la familia., aunque estos últimos también disfrutaron de trabajo a tiempo completo. Como declarar una de nuestras entrevistadas, una obrera textil que crió sola a sus 3 hijos “Ahora cualquier mujer cría un hijo sola, porque hay mucho trabajo, hay más facilidades para una mujer”.  Aunque el PE ha frenado mucho estos beneficios, la tasa de hogares encabezados por mujeres sigue aumentando.

Un reciente estudio efectuado por el Centro de Antropología en un barrio obrero de Centro Habana donde estaban presentes todas las razas, confirma las tendencias apuntadas anteriormente.  Más de la mitad de los hogares estudiados están encabezados por uno solo de los padres (casi siempre la mujer) y el 35% son hogares extendidos en los cuales predominan los vínculos de consanguinidad de la esposa o jefa de núcleo.  Además el 31% de estas familias muestran una mezcla racial, en particular en el caso de las parejas más jóvenes, nacidas luego de la Revolución.  La mayoría de estas uniones tienen lugar entre blancos y mestizos y entre mestizos y negros, lo que indica que la endogamia racial se ha desvanecido, aunque no ha desaparecido.  A despecho de los evidentes logros obtenidos por los negros cubanos en la educación y el empleo durante la Revolución, durante el PE se mantienen y han reaparecido profundos prejuicios raciales.

República Dominicana
Aunque en la República Dominicana no existe apoyo oficial para los hogares encabezados por mujeres, el porcentaje ha ascendido de 21.7% en 1981 a 29.1% en 1991.  Las jefas de núcleo familiar tienen un mayor índice de participación en la fuerza laboral que las casadas, incluso que las solteras.  Esta tasa ha aumentado con rapidez para todas las mujeres desde 1960 y llegó al 38% en 1990. 
También aquí la familia extendida desempeña un papel fundamental, aunque, en algunos casos, las mujeres que labora en las zonas de libre comercio dejan los hijos al cuidado de los padres, quienes viven en zonas rurales.  Las mujeres cuyos matrimonios fracasan no parecen tener dificultades para regresar a vivir con los padres u otros parientes, a pesar del hacinamiento.  Por ejemplo Gladis, una dominicana de 25 años que trabaja en la zona de libre comercio, comparte el dormitorio con una hermana y un niño de 9 meses; todas las semanas aporta 100 pesos dominicanos (6 dólares) a los gastos de la casa y paga otros 150 a una señora que cuida su hijo, ya que su madre también trabaja de sirvienta en la ciudad y solo está en casa los fines de semana.  2 de las hermanas también laboran e la zona de libre comercio, mientras que la menor de 14 años permanece en el hogar, prepara el almuerzo y estudia más tarde.  Todos los miembros del hogar contribuyen a un fondo para la construcción de una nueva vivienda, que el padre de Gladis está edificando al fondo de la actual.  Aquí podemos ver claramente la manera según la cual las familias extendidas permiten la incorporación al hogar de nuevos asalariados y ofrecen un apoyo vital en los hogares encabezados por mujeres.

La composición de los hogares encabezados por mujeres, ya sea que vivan solas o en el seno de familias extendidas, desempeña un papel fundamental a la hora de determinar el nivel de vida de estos hogares, aunque no exista un hombre sostén de la familia.  En un análisis que emprendiera con el Instituto de Estudios de Población y Desarrollo (IEPD) sobre una encuesta demográfica y de salud realizada en 1991 a nivel nacional, se halló que aunque en los hogares encabezados por mujeres se gana menos que en los encabezados por hombres y presentan una tasa de desempleo superior, los ingresos total del hogar son casi iguales en total. 

A todas luces, los hogares encabezados por mujeres son capaces de aumentar los ingresos mediante contribuciones de otros miembros de la familia, en particular de los subjefes, ya que más de la mitad  de los hogares encabezados por mujeres (53%) son familias extendidas, en contraposición al 35%  de aquellos encabezados por hombres.  Los hogares extendidos de la república Dominicana representan el 40% del total encuestado en 1991, y están más presentes en las zonas urbanas que en las rurales.

Muchas jóvenes, incluso madres solteras como Gladis, quienes viven como subfamilias en el seno de hogares extendidos, pasan inadvertidas en el censo, ya que cuentan como parte de la familia extendida donde viven, la cual en el caso de Gladis, está encabezada por su padre.  Al igual que ella, casi las tres cuartas partes  de estos subjefes son descendientes del jefe de núcleo de familia, y más de la mitad solo tienen un hijo.  Sobre la base de la encuesta citada, Duarte y Tejada han calculado que en la República Dominicana una de cada 10 familias  incluye a estos jefes de núcleo familiar invisibles, lo que aumentaría el porcentaje  nacional de hogares encabezados por mujeres de 19.5% a 37.3%.

El análisis ulterior de la encuesta demográfica y de salud revela que, en comparación con las jefas de núcleo familiar, los subjefes son más jóvenes, el 85% tiene menos de 35 años, lo cual ayuda a explicar las razones por las que cuentan con un nivel educacional más alto, los ingresos pueden compararse de manera favorable con los hogares encabezados por hombres, y son muy superiores a los de jefas de núcleo que viven solas o están casadas.  El ingreso individual de los subjefes es particularmente elevado en los hogares encabezados por mujeres, en los cuales su contribución parece ser fundamental, aunque todos los hogares con subjefes, independientemente de quien los encabeza, tienen entradas superiores al de familias nucleares, incluso al de familias extendidas sencillas. Parte de la razón por la cual los hogares con subjefes disfrutan de una posición socioeconómica superior, es que están presentes en una proporción mayor entre los grupos de ingresos medios y superiores que entre los pobres.  Cabe agregar que la señalada encuesta es u estudio representativo a nivel nacional de todos los hogares.  Ello indica que la incorporación de subjefes u otros asalariados adicionales constituye una estrategia a la que no recurren únicamente los pobres, sino también la clase media a fin de luchar contra la crisis y el alto costo de la vida.

En República Dominicana, las jefas de núcleo familiares, a menudo se muestran renuentes a casarse  y prefieren mantenerse solas si no logran hallar un buen partido.  Resulta saber si los hombres se han vuelto más irresponsables como algunas de estas mujeres sugieren, o si las expectativas femeninas respecto a los hombres han aumentado y ya no están dispuestas a aceptar el dominio y maltrato de estos.  Es evidente que como resultado de una mejor autonomía económica, las mujeres cada vez más toman la iniciativa de poner fin a relaciones poco satisfactorias, mientras que antes las jefas de núcleo familiar eran resultado del abandono masculino.

Puerto Rico

En este país las jefas de núcleo tienden a ser más viejas que en R. Dominicana o e Cuba e ilustra la forma según la cual antiguamente las mujeres hacían rente al abandono masculino.  Evaristo tiene 59 años y crió 5 hijos sola después que su esposo la abandonó hace 30 años por otra mujer. Aunque recibió beneficios  de asistencia social cuando los niños eran pequeños, ha trabajado en una fábrica de confecciones, mientras su hermana y su madre cuidaban sus hijos, incluso la madre se mudó con ella y siguió viviendo allí hasta que murió.  Aquí vemos una prueba del fuerte vínculo existente entre madres e hijas, tan frecuente entre las familias  de la clase trabajadora puertorriqueña, el cual adquiere importancia fundamental en el caso de los hogares encabezados por  mujeres. 

Al igual que las dominicanas, las dos terceras partes de las jefas de núcleo familiar puertorriqueñas, aseguran que prefieren no volver a casarse.

Si embargo difieren en aspectos importantes:
  • El porcentaje de jefas puertorriqueñas es mucho menor (un 23% en 1990) a pesar del elevado índice de divorcios. 
  • La tasa de pobreza es muy alta, ya que en 199 el 70% caía por debajo del mínimo vital, la ausencia de familias extendidas y la falta de apoyo de asalariados adicionales parece ser una de las razones para ello.
  • Muchas jefas de núcleo viven solas y dependen por completo de su salario para mantenerse.  Mujeres mayores pueden arreglárselas con salarios bajos, sobre todo si son propietarias de una casa; sin embargo aquellas con hijos pequeños, incluso si están trabajando, deben procurar formas adicionales de apoyo.  Tanto los hogares encabezados por mujeres como por hombres, mayormente en las zonas rurales, también se apoyan en redes de ayuda mutua establecidas entre vecinos y parientes, quienes no suelen vivir en la misma casa.  Ninguna de las jefas de hogar declaran recibir algún tipo de auxilio de los antiguos cónyuges.

No obstante la razón principal por las que las jefas de núcleo puertorriqueñas caigan por debajo de un mínimo vital, es que la tasa de participación de la fuerza laboral  es mucho menor que en los 2 países anteriores.  Apenas la tercera parte estuvieron empleadas entre 1969y 1989, y en el caso de aquellas situadas por debajo del mínimo vital, la cifra es aún más baja, 24%.

En 1989, en el 45% de los hogares encabezados por mujeres nadie realizaba las labores caseras a tiempo completo, en comparación con el 22% en el caso de los encabezados por hombres.  En este sentido, la mayoría de las mujeres que no tienen a nadie que trabaje en el hogar, dependen de los servicios de bienestar social, que en 1989 abarcaban a casi la mitad de estos hogares, y al 61% de los ubicados por debajo del mínimo vital. 

Si bien el desempleo es también alto en Puerto Rico, parecería que el bienestar social ha desalentado la participación oficial de la mujer en la fuerza laboral.  Muchas mujeres amparadas en estos servicios laboran en la economía no estructurada para que el dinero percibido por concepto de bienestar social no se elimine.  Estos servicios parecen haber incidido también en la estructura familiar al alentar a las jefas de núcleo a vivir solas y no en familias extendidas.

Existen también considerables diferencias entre las jefas de núcleo puertorriqueñas empleadas y desempleadas.  Estas últimas eran más jóvenes y con niveles educacionales más bajos dependiendo en esencia de los servicio de bienestar social para vivir.  Solo la quinta parte contaba con otros parientes convivientes, en comparación con el 44% de las jefas de núcleo empleadas.  Estos parientes adicionales aportaban otros ingresos y cuidaban de los niños.  En resumen la asistencia pública no alienta únicamente a las puertorriqueñas a seguir trabajando, sino también a vivir separadas de parientes que podrían brindarle apoyo fundamental.

Estos servicios podrían haber influido, igualmente en la marcada disminución, en Puerto Rico, de las uniones consensuales, que ahora apenas representa el 5% en comparación con el 255 halladas en 1950 o del 50% detectado a principios de siglo. 

La Diáspora Caribeña

La crisis económica en la que se sumió el Caribe a partir de 1980, ha dado lugar a un aumento de la emigración havia EE.UU.  Lo que se evidencia es que la emigración en sí es un factor capaz de contribuir  a la formación de hogares caribeños, sobre todo durante las primeras oleadas, las cuales en su gran mayoría estuvieron dominadas por hombres que dejaron atrás esposa e hijos.  En la actualidad las remesas familiares constituyen la segunda fuente de divisas en la República Dominicana, después del turismo.  No obstante, hoy en día, cuando los emigrantes dominicanos y puertorriqueños conforman la segunda y tercera generación de residentes en los EE.UU. la importancia de las remesas disminuye  a medida que se establecen familias enteras en el exilio.

Pero esto no explica el gran porcentaje de hogares encabezados por mujeres emigrantes en Nueva York.  En la comunidad dominicana de esta ciudad el porcentaje de hogares encabezados por  mujeres ha crecido casi un 10% en 1990, hasta llegar a 49.3% en 1996.  Este  aumento paree deberse  a los mismos factores de decadencia y reestructuración económica encargados de precipitar semejante aumento en el Caribe.

Conclusiones

Tanto en el Caribe como en los EE.UU. la pobreza y la crisis económica ha obligado aun número mayor de mujeres a integrar la fuerza laboral con la finalidad de compensa las decreciente capacidad de los hombres de ser el único sostén de la familia.  Si ellas lo sustituyeran en le papel económico, se suscitan conflictos  maritales que, en algunos casos, dan lugar a la formación de hogares encabezados por mujeres.  No obstante la crisis económica no es el único factor responsable del reciente aumento en la cantidad de hogares encabezados por mujeres, observable tanto en el Caribe como en la diáspora.  En ambas esferas, factores culturales  con raíces históricas tales como el predominio de las uniones consensuales, la fragilidad de los lazos conyugales y la fuerza de las relaciones de consanguinidad, coadyuvan a la formación de hogares encabezados por mujeres.

Su generalización y profundidad histórica sugieren que los hogares encabezados por mujeres ha de considerarse como una alternativa al modelo de la familia nuclear implícito en gran parte de la política social.  Una evidente clave de la capacidad de este tipo d hogares para funcionar de manera apropiada la vemos e el mantenimiento de los lazos de consanguinidad, capaces de brindar apoyo económico y emocional dentro de los hogares extendidos o mediante la ayuda mutua que se evidencia entre unos núcleos familiares y otros.

La información obtenida en el Caribe indica que los hogares encabezados por mujeres se hallan en mejor situación económica si los gastos domésticos se comparten con parientes que brindan fuentes adicionales de ingresos para el cuidado de los hijos que si se las vieran solas.  También se ha demostrado que la presencia de otros adultos en el hogar aumenta la tasa de participación en la fuerza laboral de las madres solteras.

El reciente aumento de los hogares encabezados por mujeres puertorriqueñas residentes en hogares extendidos neoyorquinos donde conviven varias generaciones, sugiere que en la comunidad de emigrantes se han conservado algunos lazos de consanguinidad.

No se ha valorado el efecto de los hogares extendidos en el bienestar material de los hijos y las madres jóvenes, pero en un exámen mundial de núcleos familiares encabezados por mujeres, Chant sugiere la hipótesis de que es incierto que estos padezcan siempre privaciones.  Se sabe que las jefas de núcleo dedican más dinero que los hombres para cubrir las necesidades de los hijos, que ellos gastan más en sus necesidades personales y los hijos obtienen resultados comparables en materia de educación y empleo.  Una vez más se observa como la ayuda de los parientes consanguíneos puede tener una importancia vital, especialmente en el caso de madres solteras adolescentes.

Con respeto a la información recabada sobre la influenza de los servicios de bienestar social, se puede pensar que tal vez los hogares encabezados por mujeres no hayan aumentado tanto sino su capacidad para vivir solas con los beneficios que estos ofrecen.

La vida independiente puede aumentar la autonomía de las amas de casa pero también puede privarlas del sostén económico y social que ofrece el hogar extendido.  Los vínculos consanguíneos pueden ser más fuertes que los conyugales y refleja una modalidad mucho más antigua de organización familiar, con posibilidad de fortalecerse en momentos de crisis económica.

Los estudios realizados confirman la importancia de familias extendidas como vía para que estos hogares puedan afrontar la pérdida de ingresos del cónyuge. 

Las disposiciones que en materia de política, facilitan la extensión del hogar pueden brindar más apoyo a las familias de bajos ingresos en situación de estrés, que las actuales políticas propugnadas en torno a la base del vínculo conyugal.

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