domingo, 15 de julio de 2012

Psicocardiologia


Generalmente pensamos que la enfermedad del corazón está relacionada solamente con la actividad física: la falta de ejercicio, una dieta inadecuada, fumar y beber en exceso.
Aunque estos hábitos aumentan el riesgo de tener presión alta, ataques al corazón, apoplejías y otros problemas cardiovasculares; los pensamientos, actitudes, y emociones son igual de importantes ya que no sólo pueden acelerar el comienzo de la enfermedad del corazón, sino que también interfieren en la adopción de pasos positivos para mejorar su salud o la de un ser querido.
La enfermedad no es únicamente dolor y la salud no es únicamente ausencia de enfermedad.
Salud y enfermedad son un proceso complejo de adaptación en el que confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales que se integran en una persona. Justamente esta mirada amplia que contempla la salud como un concepto de múltiples facetas, sitúa a las emociones en un lugar central en los se debe entender hoy en día como salud.

Un estilo de vida saludable puede ayudarle a evitar o reducir el riesgo de padecer una enfermedad del corazón. Y mucho más lo ayudará a manejar una condición diagnosticada, aún si usted está en un mayor riesgo debido a factores que no controlamos como la edad, género, o historial familiar.
Sin embargo hacer cambios en nuestra vida cotidiana no siempre es fácil.
Podemos experimentar una pérdida de control sobre nosotros mismos al tener que dejar de consumir nuestros alimentos favoritos, hacer espacio para ejercicios dentro de una vida sedentaria y llena de “otras” obligaciones, o tomar un medicamento regularmente. Se vuelve necesario construir una disciplina personal e insertar estos nuevos hábitos dentro de nuestro estilo de vida.
Pero, la enfermedad del corazón tiene muchas otras facetas que debemos considerar.
El estrés prolongado debido a presiones en el hogar, el trabajo o proveniente de otras fuentes puede contribuir a un aumento anormal de la presión sanguínea y a otros problemas arteriales circulatorios. Al igual que con otras enfermedades, los efectos varían de persona a persona. Algunas personas utilizan el estrés como motivador mientras que otros “explotan” ante el más mínimo problema.
La forma en que manejamos el estrés y la hostilidad también influye en la forma que nuestro corazón responde.
Nuestro cuerpo comienza a deteriorarse. Si se asocia esta predisposición emocional con los manos hábitos como el tabaquismo y la mala alimentación, que muchas veces o casi siempre establece con nuestras emociones un círculo vicioso difícil de cortar, estamos en serio riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca. En algunos casos, nos es diagnosticada “a tiempo”, en otros nos enteramos de ella con el infarto.
Entonces viene la depresión, el sentimiento persistente de tristeza y desesperación que puede aislarnos del resto del mundo. Esta condición puede no solamente aumentar su riesgo de enfermarse del corazón, sino también empeorar una condición existente.
La depresión puede también complicar la recuperación de un ataque al corazón, o de un procedimiento agresivo como una cirugía de corazón abierto (by-pass). El golpe de enfrentar la muerte tan de cerca se añade al prospecto de una larga recuperación, al igual que el miedo a que otro evento, potencialmente más serio, pudiera ocurrir sin aviso. El resultado es muchas veces sentimientos de depresión, ansiedad, aislamiento y una autoestima disminuida.
Y, desde el caso más leve al más complejo, la adopción de un nuevo estilo de vida se vuelve estrictamente necesario.
Como dijimos antes, no es tarea fácil. Muchas veces el miedo nos da un impulso inicial que se reduce con el tiempo y es muy fácil regresar a nuestros viejos hábitos, otras veces la depresión nos impide valorar la vida y no vemos la real importancia de hacer estos cambios o fracasamos por “falta de voluntad”.
También nuestros seres queridos, en especial los familiares directos, pareja, hijos, caen en la desesperación y no saben cómo manejarse con este nuevo tema.
En todos estos casos que venimos relatando la Psicocardiología tiene mucho para decir y para hacer. Desde la información básica necesaria que ahuyenta fantasmas y miedos “falsos” hasta el cambio de hábitos nocivos para la salud de nuestro corazón, El acompañamiento de las personas en su “salida” del infarto, en la preparación para una cirugía cardíaca, y en el proceso de rehabilitación que lleva varias etapas y requiere una permanente motivación para no desviarnos y adherir correctamente al tratamiento.
Para eso investigamos los mecanismos de desarrollo de las principales enfermedades cardíacas, la enfermedad coronaria y la insuficiencia, las arritmias, para ayudar a prevenirlas mejorando la comunicación para que llegue antes que la enfermedad y podamos adoptar una vida cardiosaludable que reduzca los riesgos. Y para ayudar a salir del problema ya presentado a lo largo de un profundo proceso de cambio.
Estamos juntos en esto médicos, psicólogos y psiquiatras con nuestras investigaciones teóricas, con nuestra práctica clínica y con la experiencia que día a día nos aportan los mal llamados “pacientes”, las personas que afectadas por estas patologías trabajan para modificar su estilo de vida revirtiendo un proceso de enfermedad en un proceso de salud.

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