sábado, 14 de junio de 2014

PROCESOS DE EVALUACIÓN Y DIAGNÓSTICO EN LAS ALTERACIONES DE LA AUDICIÓN Y EL LENGUAJE


Prof. Rubén Iduriaga

ASPECTOS GENERALES DE LA EVALUACIÓN DEL LENGUAJE

La palabra evaluación se emplea con múltiples significados, lo cual establece que es un término muy utilizado, incluso en aquellas ocasiones que debería utilizarse el término "medición".

Evaluar implica un procedimiento intencionado, funcional, sistemático, continuo e integral, destinado a obtener informaciones sobre los diversos aspectos. En síntesis, la evaluación es un proceso en sí mismo, mientras que la medición es el acto de un proceso.

En su más amplio sentido, señala D'Agostino, G. (1991), el término de evaluación, con independencia del campo en que se aplica, se vincula estrechamente con el hecho de juzgar el valor de algo: características de las personas, procesos, cosas, fenómenos, sistemas, ideas, situaciones, otros, y de atribuirle o negarle grados de mérito y de calidad.

De lo anterior, se desprende que la evaluación se realiza mediante una variedad de pasos: establecimiento del procedimiento de evaluación, determinación de la técnica de medición, valoración de instrumentos y respuestas, para finalmente establecer opciones y tomar decisiones.

Evaluación Logopédica.

Según Ana María Gotzens (2000), "La evaluación del lenguaje de un sujeto puede realizarse en diferentes momentos y con el fin de cubrir diferentes objetivos".

De acuerdo con Acosta y Moreno (1999), los profesionales que se ocupan de la intervención en el lenguaje, han venido trabajando en situaciones descontextualizadas, donde las estructuras lingüísticas han sido enseñadas sin tener en cuenta muchos aspectos relacionados con su contenido y uso. Se ha dedicado demasiado tiempo a pasar test o a recopilar datos sin tener en cuenta los contextos naturales donde se manifiesta el lenguaje. Por ello, cada día se hace más necesario recoger datos en situaciones ecológicas, donde se pueda observar y registrar el sistema lingüístico en su totalidad.

Para realizar una correcta evaluación del lenguaje es básico un buen nivel profesional y capacidad de comunicación. Aunque aquí interesa el conocimiento en profundidad del lenguaje, esta evaluación debe hacerse en el marco de una visión global del niño (sujeto), teniendo en cuenta los aspectos psicopedagógicos y sociofamiliares de éste, pues el lenguaje, por importante que sea, es un componente más entre otros muchos, y sería un error analizarlo en forma aislada.

Por todo esto se puede afirmar que es indispensable dentro de la evaluación logopédica, contemplar al niño (a) y el lenguaje en su totalidad; para tomar las decisiones más ajustadas a las necesidades del mismo.

Sea cual sea el objetivo, la evaluación del lenguaje es un proceso dinámico que exige una continua formulación de hipótesis y su posterior verificación. Según, Gotzens (2000), para llevar a cabo con éxito esta misión se requieren diversas habilidades y conocimientos, entre los que cita:

Equilibrio entre extensión y brevedad. La evaluación del lenguaje no debe ser excesivamente larga en el tiempo ni exhaustiva respecto a todos y cada uno de los elementos lingüísticos. Lo cual exige elegir los elementos fundamentales, los más significantes tanto para el diagnóstico diferencial como para el futuro enfoque reeducativo.

Poseer un buen conocimiento del desarrollo del lenguaje.

Considerar todos los diferentes instrumentos y formas de evaluación. Generalmente, se utiliza la observación, el registro y análisis de producciones verbales, las pruebas y los test. Es altamente recomendable disponer de una grabación en vídeo.

Evaluar además, tanto la expresión como la comprensión. Lo cual no es una tarea fácil.

Tener conocimiento amplio de la clasificación y del contenido de las diferentes patologías del habla y del lenguaje, así como de sus posibles etiologías.

Crear un clima de confianza, de relajación de deseo de expresarse y comunicarse por parte del sujeto.

Aspectos a considerar dentro de la evaluación logopédica:

Entrevista familiar: la cual nos permitirá conocer la historia personal del niño (sujeto) y debe ser complementada con la entrevista al propio niño. Debe contemplar áreas medicobiológicas y de salud, aspectos psicológicos y de tipo educativo.

Evaluación de la etapa preverbal: es básico recordar que existe un período preverbal en que el adulto y el niño van construyendo un entramado, de forma interactiva, que permite una serie de pasos encaminados a que un día el niño comprenda el significado de las palabras y un poco después se exprese mediante éstas.

Evaluación de la fonética y la fonología: en la evaluación de la pronunciación, se persigue un objetivo fundamental; conocer la ley o leyes que rigen la forma de hablar del sujeto. Debemos llegar a conocer cómo articula, cuándo y por qué lo hace así. De tal forma se podría distinguir entre posibles dislalias fonéticas y/o fonológicas.

Lo anterior lo refuerzan Acosta y Moreno (1999), cuando citan: "Durante los últimos años, la discusión principal sobre el contenido de la evaluación fonológica se ha polarizado en dos aproximaciones: la fonética y la fonológica. Sin embargo, esta dualidad debe quedar hoy superada, integrando en el proceso de evaluación tanto el análisis fonético como el fonológico".

Evaluación de la morfología: se recurre aquí al registro y análisis de muestras de lenguaje espontáneo (conversación, descripción y narración).

Evaluación de la sintaxis: se pueden utilizar producciones verbales del propio niño (sujeto).

Evaluación de la semántica: para tal comprobación se pueden realizar frases dichas por el logopeda, en las que el niño descubra y analice el error.

Evaluación de la comunicación: este aspecto debe valorarse desde el primer momento y a lo largo de las sesiones de evaluación. Es de especial interés observar qué recursos extralingüísticos utiliza el niño para hacerse entender.

Otros aspectos que deben observarse son el lenguaje corporal, la expresión facial y la corporal. Conceptos de espacio y tiempo, lenguaje escrito, sistemas alternativos o aumentativos de la comunicación.

La meta global de la evaluación será, descubrir tanto las competencias como las dificultades más importantes que tiene el niño para expresar y entender el contenido de su lengua.

Puyuelo (2000), sostiene que la evaluación y el diagnóstico de los problemas del lenguaje han registrado una evolución significativa. La evaluación del lenguaje no es la aplicación de unas pruebas más o menos elaboradas, sino sobre todo una actitud de búsqueda por parte de un profesional. El "especialista en lenguaje", además de administrar las pruebas, debe saber situar los resultados con relación al contexto y a los aspectos particulares de cada caso para:

- Decidir si hay o no problema (alteración) de lenguaje.
- Valorar si este problema afecta a todos los componentes del lenguaje o sólo a algunos de ellos.
- Estudiar la significación que tiene este trastorno con relación a una persona en concreto, con una historia personal y educativa determinadas.
- Valorar la necesidad de llevar a cabo la intervención del lenguaje.
- Pronosticar y diagnosticar el caso.
- Decidir en qué aspectos se basará la intervención.
- Considerar los interrogantes pendientes y tenerlos en cuenta en el proceso posterior.

Existen nuevos enfoques filosóficos y teóricos que sustentan la evaluación del lenguaje, desde otra perspectiva, especialmente se destaca:

Nuevos modelos teóricos en relación con la adquisición del lenguaje (en el niño) y nuevos modelos en relación con la evaluación del lenguaje en niños y adultos.

Importancia del medio físico, social, cultural e histórico en relación con el lenguaje del individuo.

Importancia en la atención temprana en niños, pero también en adultos, incluyendo todo el ciclo vital y de manera especial el deterioro del lenguaje en la tercera edad.

La formación especializada y el reciclaje del evaluador es muy importante, en especial el conocimiento de la evolución del lenguaje normal y de las diferentes técnicas de evaluación.

La evaluación no depende tanto, como en épocas anteriores, de la valoración subjetiva del clínico, sino de todo un proceso en el que se combina la entrevista, la observación, la administración de pruebas, la evaluación continuada, el pronóstico y la necesidad de que todo ello sirva para elaborar un plan de intervención adaptado a la persona.

Finalmente se considera de un gran valor sustancial, llevar a cabo una evaluación completa del lenguaje; con miras a tomar decisiones y acciones correctas, para conseguir el éxito de la intervención terapéutica.


La evaluación del lenguaje en Educación Infantil
1)      Introducción

La maduración o la simple experiencia de la lengua oral no hacen que el niño con dificultades sea capaz de llegar a su conocimiento de forma espontánea y, por lo tanto, se desarrolle de forma correcta.
Cuando tenemos entre nosotros a un niño con dificultades del lenguaje, lo primero que debemos plantearnos es cuál es la causa que origina dicha dificultad. Para ello, debemos realizar una exploración del lenguaje en el que se deben observar los distintos aspectos de la expresión y de la comprensión.
Ambos aspectos del lenguaje nos darán una idea de si el niño es capaz de entender y no expresarse o viceversa. También tendremos conocimiento del número de vocablos que tiene para su edad.
Esta exploración debe realizarse de forma espontánea, para ver su lenguaje en su medio natural, y también de forma dirigida, para poder comprobar si las dificultades están en no saber, no ser capaz o no reconocer. Tener en cuenta los motivos por los que se explora el lenguaje de una persona nos facilitará las respuestas a preguntas como ¿por qué evaluar el lenguaje? ¿Qué baterías, protocolos, tests, etc. podremos utilizar? ¿Qué dificultades se pueden plantear en el proceso de evaluación?

2)      El concepto de evaluación
La evaluación es un medio mediante el cual se pretende investigar acerca de una actividad, y que sirve para conocer cómo se está realizando, cuánto de efectiva es o si es comprendida.
La evaluación no supone un fin en sí misma, pues se realiza con un propósito específico, para encontrar una información. Debemos considerarla como una herramienta de trabajo, y si los resultados adquiridos no se emplean, la actividad carece de sentido. Debe ser efectuada por distintas personas, dependiendo de los objetivos que nos planteemos. Podemos hablar de evaluaciones a pequeña o a gran escala. A la hora de realizarla hay una gran variedad de técnicas que podemos aplicar, tales como diarios, observaciones de clases, exámenes, experimentos, estudio de casos, entrevistas, etc.
La técnica escogida dependerá del proyecto y del contexto que queramos evaluar. Para ello, debemos preguntarnos ¿quién va a realizar la evaluación? ¿Quién usará los resultados obtenidos? o ¿Cuál es el fin de la propia evaluación? La respuesta a estas preguntas nos indicará quién y para qué evaluamos y cómo aplicar y usar los datos obtenidos.
Por lo tanto, antes de comenzar cualquier tipo de exploración del lenguaje, debemos tener presente el propio proceso de la evaluación, con sus correspondientes preguntas: ¿Qué? ¿Cómo? y ¿Cuándo? Por otra parte, existen diversas metodologías de exploración, que van desde protocolos y baterías estándar hasta un análisis espontáneo del lenguaje. El evaluador deberá buscar la manera más adecuada y que le proporcione el mayor número de datos posibles en las áreas a explorar, lo que nos facilitará una visión más completa del sujeto.
Lo primero que debemos hacer es analizar el propio lenguaje. Para ello, es necesario establecer un primer trato con el sujeto a evaluar. En esta toma de contacto debe procurar tener un ambiente acogedor donde se encuentre cómodo, seguro y sin tensión; no puede sentirse evaluado ni examinado, pues eso falsificaría muchos datos de la evaluación, aunque sí debe saber qué se espera de él y lo que va a hacer.
A la hora de evaluar, se deben tener en cuenta una serie de criterios esenciales para que el sujeto se sienta tranquilo:
• Debemos emplear el idioma materno, para que sea capaz de emplear su vocabulario sin pensar en traducciones de lenguas o que el uso de un idioma mal empleado o poco practicado nos engañe en la evaluación; es decir, si es gallego parlante debemos realizar las pruebas en gallego y no en español, así mismo deberemos establecer la  comunicación en lengua de signos, si es sordo y no está oralizado.
• Los ítems deben ser expuestos de manera que no discriminen, en caso de una discapacidad o de diferencias raciales o culturales.
• Los especialistas que evalúan deben conocer el test de antemano para saber cómo dar las pruebas que van a utilizar. Éstas deben darse de acuerdo a las instrucciones que vienen en el manual, así como controlando los tiempos de respuestas si así lo exigiera.
• Los resultados de la evaluación serán empleados para saber si se presenta alguna discapacidad, retardo, alteración, etc., y para determinar qué clase de programa educativo necesitaría. Estas decisiones no deberían aplicarse basándose en una sola prueba, sino en un conjunto de ellas que nos darían una información más amplia y completa sobre el estado del paciente.
Los motivos de por qué debemos evaluar deben estar claros desde un primer momento. Así mismo, debemos conocer qué se pretende averiguar con esta evaluación y el objetivo que se va a plantear tras ella.
Si estamos evaluando el lenguaje en un paciente, bien sea un niño o un adulto, es necesario que tengamos en cuenta una serie de conceptos previos que inciden de forma directa en el lenguaje; no podemos quedarnos sólo en su habla, sino en toda su comunicación y en su deseo de trasmitir al exterior sus vivencias.

3)      LAS ESTRATEGIAS DE EVALUACIÓN
Una buena exploración del lenguaje debe ser completa y, para ello, recogerá desde el habla espontánea del sujeto hasta su lenguaje dirigido pasando, a ser posible, por la lectura y la escritura.
Para ello, es fundamental que el especialista tenga una grabadora donde pueda recoger todos los datos que más tarde analizará sin el sujeto para poder ajustarlos a las impresiones del momento. Se recogerán principalmente aquellos datos del lenguaje oral que se nos escapan a lo largo de la evaluación, pues es necesario que observemos los comportamientos, las actitudes, las reacciones, los gestos, etc.
La primera etapa de evaluación tratará de comparar el estado actual de las conductas verbales que normalmente debería presentar según su edad, para lo que aplicaremos las tablas de normalidad de evolución del lenguaje y las compararemos con los aprendizajes adquiridos hasta el momento.
Podemos encontrarnos con:
• Regresiones: (retorno al lenguaje de etapas anteriores).
Se dan en el lenguaje del bebé y, generalmente, están acompañadas de otras manifestaciones. Para poder evaluarlas hay que conocer el carácter lineal del desarrollo del lenguaje, ya que por sí solas las regresiones no pueden considerarse como patológicas, pues para conocer el carácter grave o leve es necesario evaluar las circunstancias en las que se producen, la actitud del paciente, la influencia del medio y si es de tipo transitorio o permanente.
• Retrasos:
Son más difíciles de determinar, pues en el diagnóstico se debe tener en cuenta el proceso evolutivo de cada alumno, para poder plantearse si se da o no retraso. Decíamos, en ocasiones anteriores, que es necesario respetar los ritmos de aprendizajes; pues bien, si el sujeto va adquiriendo el lenguaje, evolucionando todos los aspectos del mismo, aunque este proceso evolutivo se vaya adquiriendo por debajo de su edad correspondiente, debemos reconocer sólo un retardo en la evolución y no una deficiencia.
• Trastornos adquiridos:
Nos indican que existe una situación patológica de fondo que nos impide seguir evolucionando en el lenguaje. Puede ser debido a un shock, a un traumatismo emocional, a una situación de duelo, por celos, etc., situaciones que llegan a provocar una parada en el desarrollo del niño y que, hasta la superación del “trauma” le impiden avanzar en el lenguaje.
No podemos olvidarnos de las variables extralingüísticas (sociales, afectivas, culturales, etc.) que también deben tenerse en cuenta a la hora de valorar un problema, ya que cualquier trastorno del lenguaje no existe nunca de forma aislada, sino en relación con el desarrollo psicológico.

4)      LOS COMPONENTES BÁSICOS DEL LENGUAJE A EVALUAR
Según Bloom y Lahey, toda evaluación debe centrarse en los componentes básicos del lenguaje:

i)        LA FORMA:
Se encarga de la fonología, la morfología y la sintaxis. A través de ella evaluamos los siguientes aspectos:

·         La evaluación fonológica:
            A través de la cual podemos ver la capacidad de articulación de los distintos       fonemas.
            Para ello podemos emplear “tarjetas” con dibujos familiares, en las que el             nombre de estos objetos suponga la articulación de los fonemas que deseamos         explorar. Se podrán pasar de dos formas:
            - Que el paciente nombre de forma espontánea lo que ve.
            - De manera semidirigida, diciéndole el nombre y haciendo que él repita.
            De todas formas, es importante buscar el espontáneo para que los datos no estén             falseados a través de la repetición que el niño realice de las palabras que les         vamos diciendo. Los fonemas deberán aparecer en las distintas posiciones    (inicial, media y final), y deberemos ir grabando las respuestas para analizarlas             posteriormente.

            Las causas más comunes de los defectos de articulación serían:
            • La colocación incorrecta de la lengua.
            • La debilidad del soplo y la absorción motivados por una hipotonía o una           hipertonía labial.
            • La rigidez muscular que nos impide una mala oclusión y apertura mandibular.
            • La falta de movilidad en el velo del paladar y la dificultad de la lengua para      vibrar.
            • Los problemas emocionales de adaptación.
            • Dificultades en la atención y la concentración.
            • Alteraciones en la memoria auditiva.
            • La mala discriminación del modo y del punto de articulación.
            • La dificultad en el ritmo.



·         La evaluación morfológica:

Estudia la estructura interna de la palabra-morfema y cómo podemos crear palabras nuevas. También está relacionada con la concordancia entre los distintos elementos de la oración.

·         La evaluación de la sintaxis:
Se refiere a la estructura de la frase durante la comunicación. Este ámbito está relacionado directamente con el pensamiento.
Se utilizan dos tipos de lenguaje:
            • El formal:
El que se ocupa de la estructura de la frase.
            • El informal:
Que se ocupa de la estructura de contraste o del habla más coloquial. Podemos considerar válidos ambos tipos, aunque sólo el primero se considera correcto según la normativa del lenguaje. Una evaluación correcta en el área sintáctica debe observar:
• La utilización del género y el número.
• Las secuenciaciones espacio-temporales (láminas de secuencias de orden lógico-temporal).
• Ser capaz de clasificar según atributos (expresar las diferencias entre objetos parecidos).
• El uso de palabras de enlace, conjunciones, preposiciones y pronombres.
• El empleo de los verbos y sus tiempos, presente, pasado y futuro.
• El empleo de determinantes, posesivos y artículos.
• La aplicación del comparativo y el superlativo.
• Alargar los argumentos o las frases incompletas.
• El uso: Nos proporciona las pautas necesarias de información sobre el habla espontánea.
La evaluación del habla espontánea puede realizarse utilizando desde el diálogo hasta la conversación dirigida: la descripción de dibujos, la narración de cuentos, las charlas sobre situaciones, etc. Con ello podemos obtener una valiosa información acerca de:
- El nivel afectivo-social y personal.
- La autoestima del sujeto.
- Su nivel de maduración.
- La situación familiar.
- El empleo de la gramática en el habla.
- La fluidez verbal.

ii)      EL CONTENIDO:

Trata sobre el significado y la semántica. Se explican los procesos necesarios a través de los cuales se produce la evolución de los significados de una lengua: la especialización semántica y la polisemia. Gracias a este aprendizaje el lenguaje del niño pasa de lo abstracto a lo general y, de ahí, a lo concreto y específico. De este modo:
• La especialización semántica:
Supone un proceso de restricción del que ya hemos hablado en las unidades didácticas anteriores. Si en un principio la palabra nene o queco (muñe-co) se emplea en diferentes situaciones, poco a poco, irá restringiendo su uso hasta emplearlo en el contexto adecuado, igual que al lenguaje adulto.

• La polisemia:
Es el uso de una palabra en varios contextos. El niño aprende los distintos significados de la misma palabra y los coloca en sus contextos, lo que le ayuda a pasar del lenguaje de carácter figurativo a las metáforas o refranes, que guardan un mensaje implícito.

Para iniciar una evaluación, podemos llevar a cabo distintas estrategias o esquemas de planteamientos muy diferentes. Propondré aquí un ejemplo de esquema evaluativo:
- Lo primero que debemos hacer es conocer el nivel general de desarrollo del niño a través de la lectura de sus anteriores informes de evaluación, las pruebas de especialistas y las observaciones directas. Ahora debemos plantearnos los interrogantes sobre la conducta lingüística y profundizar en el problema, dirigiéndonos a los padres, los profesores y el propio sujeto, para obtener la mayor cantidad de información posible.
- A raíz de los datos obtenidos se confeccionará un programa individual de corrección.
- Las revisiones serán periódicas y abiertas.
- Es importante realizar informes de seguimiento para ver la evolución.
- Se hará una evaluación del proceso evaluativo general.

Por último, hay dos aspectos esenciales que debemos evaluar para obtener un informe más completo y, sobre todo, para descartar otro tipo de patología o deficiencia.
• La suficiencia respiratoria:
            • De la capacidad pulmonar:
Es necesario medir y anotar el perímetro torácico del niño, antes y después de las fases de inspiración-espiración, comparando los resultados con dos tablas:
            • La tabla de Dally: Perímetro torácico normal = la mitad de la altura del niño más dos.
            • La tabla de Baratoux: Diferencias entre inspiración-espiración, mínima de 1 a 3 cm.; máxima de 6 a 9 cm.
Pasaremos la prueba Rosenthal, basada en al suficiencia nasal. Consiste en hacer inspirar al niño 20 veces por las dos fosas nasales de forma individual; primero sólo por la fosa izquierda, y luego por la derecha. Cualquier fallo sin justificación previa (resfriado, etc.) aconseja remitirlo al otorrino.
Utilizaremos la prueba del hinchado del globo para detectar la suficiencia bucal, el paciente muerde la boquilla, y se va anotando el número de soplidos, para posteriormente comparar con el cuadro:
Niños de 3-4 años: 5-8 soplidos.
Niños de 5 años: 4-7 soplidos.
Niños de 6 años: 3-5 soplidos.
Niños de 7 años: 2-4 soplidos.
Mediante esta prueba se intenta detectar algún tipo de rinolalia; esto es, pérdida de aire por la nariz, que puede ser lateral, frontal, etc.

• La evaluación de la audición:
- Distinguir sonidos sin ver los objetos que los producen.
- Distinguir la intensidad, los más fuertes de los más débiles o flojos.
- Imitación de sonidos: animales, coche, moto, reloj, etc.
- Asociación de significados y significantes sonoros: palmadas, risas, tos, llanto, martillazo, etc.
- Discriminación de fonemas.
Es importante tener en cuenta las variables que pueden afectar a los resultados dentro de cualquier sistema de evaluación:
- El lugar de la prueba.
- La tarea en sí misma.
- El propio sujeto a evaluar
En los resultados finales de la evaluación, sería conveniente añadir cómo han podido influir las variables anteriormente nombradas. Además, podemos añadir la familiaridad y el sentirse cómodo ante la situación de evaluación, pues toda esta información facilita el proceso. Por ello, es importante intentar conocer al sujeto antes de la evaluación, los datos sobre la conducta, las relaciones, el lenguaje, el juego, etc., que anteriormente hemos preguntado en la entrevista a la familia, la información facilitada por el centro escolar, si lo hubiera, y cualquier otra persona que le conozca, serán determinantes.
Finalmente, otra variable importante a añadir tiene que ver con el momento del día en el que realizamos la evaluación. Debemos procurar no interrumpir las tareas que le están resultando agradables, pues sólo conseguiremos que disminuya su colaboración en el proceso evaluador.

5)      INSTRUMENTOS, MATERIAL Y TÉCNICAS
Actualmente podemos encontrar en el mercado una gran variedad de tests y baterías que se suelen aplicar para la evaluación del lenguaje. Realmente la dificultad no radica en escoger uno de ellos, sino en aplicar los criterios necesarios que nos ayuden a esta elección. Así, deberemos responder a ¿qué quiero evaluar?, ¿a qué edad voy a evaluar? y ¿es una prueba colectiva o individual? Una vez que somos capaces de diferenciar qué necesitamos, podemos buscar en el mercado instrumentos como:
·         Los tests estandarizados:
      Las pruebas verbales:
- Escalas Wechsler Wuoosu (de 4 a 6 años aproximadamente).
- Wisc (de 5 a 16 aproximadamente) y Wais (de13 a 65 años aproximadamente).
- Escala McCarthy de aptitudes y psicomotricidad para niños (MSCA) (desde los 3,6 hasta los 8,6 años aproximadamente).
- La hoja de registro del test fonológico de Laura Bosch.
- El registro fonológico inducido de Marc Monfort.
- El T.S.A, test para la evaluación de la morfosintaxis en el niño, la comprensión morfológica y la comprensión sintáctica.
- Prueba de integración gramatical del I.T.P.A
- El test de Peabody.
- El vocabulario básico de Rosa Sensat.
- La Prueba de comprensión oral del test de Mehn de M. Nieto.
- El test de Boston para afasias.
- El PLON: prueba del lenguaje de Navarra.
                        Las pruebas no verbales:
- La escala de madurez mental de Columbia (CMMS) (desde los 3,6 hasta los 9,11 años).
- El test de matrices progresivas de Raven: especial - color (desde los 5 a los 11 años), en forma de tablero (para personas con necesidades especiales: paralíticos cerebrales, deficientes mentales, etc.) y general (de 12 a 65 años).
- El protocolo de ritmo de Mira Stamback y la prueba de C. Bruno /M. Brusi, para evaluar la recepción del lenguaje.

Los materiales empleados por el especialista van desde la normalidad del papel y el lápiz hasta la tecnología avanzada del ordenador, en el que podemos hacer una grabación completa de audio y video de la exploración, sin necesidad de ser tan rebuscados.
Lo que sí es básico para poder evaluar el lenguaje es la presencia de una grabadora para, a posteriori, realizar un trabajo de “escucha fina” donde poder transcribir la sesión.
El empleo de láminas de lenguaje, puzzles, cuentos, etc. irá en función del profesional y de sus recursos.
Es importante la necesidad de recalcar aquí la colaboración y la desviación a otros profesionales como pueden ser el otorrino, el oftalmólogo, el psicólogo, el neurólogo, etc., en caso de necesidad, ya que es el médico el que, muchas veces, nos puede dar la causa de unos resultados que a priori son patológicos y de los cuales, en observación, no logramos deducir esa patología.
El proceso evaluativo debe ser de carácter dinámico y multidimensional y debe tener como objetivo conocer la capacidad de adquisición de las habilidades lingüísticas, así como el nivel de comprensión y de expresión del lenguaje de un individuo, a fin de establecer unas estrategias de intervención lo más reales y ajustadas posibles a las necesidades.
Una exploración debe tener en cuenta los factores directos e indirectos que influyen durante el proceso, el clima de la estancia, la disponibilidad del sujeto, su estado de ánimo y la hora de pase de la prueba.

Para llevar a cabo esta exploración, debemos realizar dos partes esenciales:
• La entrevista:
Es una técnica de evaluación donde se habla tranquilamente con el niño o adulto que va a ser explorado preguntándole su datos personales en los diferentes aspectos de su vida, familia, historia prenatal, perinatal, desarrollo evolutivo, salud, alimentación, desarrollo motor, desarrollo del lenguaje, historia psicosocial, sueño, juegos, hábitos, escolaridad, etc.
Posteriormente, se mantendrá una conversación trascendental para ver cómo se expresa el paciente y así romper el hielo. Esta conversación se recogerá en la grabación para ser analizada a posteriori. Durante la entrevista se le puede explicar en qué consiste la evaluación, para que sepa lo que va hacer.
Según la técnica que empleemos la entrevista puede ser: dirigida o semidirigida si el paciente es de pocas palabras, tímido, nervioso, etc.; y libre o abierta dependiendo de si es capaz de mantener por sí mismo una conversación cualquiera o debemos dejar preguntas abiertas para que pueda hablar; también dependerá del contexto en dónde se desarrolle y que puede ser escolar, del ámbito de la salud o un gabinete.
Si estamos ante un niño pequeño la entrevista inicial de datos nos la darán sus padres.
Iremos manteniendo la conversación con el niño según su nivel de lenguaje y su capacidad de diálogo. Para ello nos podemos ayudar del juego, ya que en este medio el niño se siente cómodo y dejará “volar” su lenguaje libremente. El juego nos aporta mucha información; así, debemos observar: la elección de los juegos y los juguetes que utiliza, cómo se acerca a ellos, la instrumentación que realiza, la modalidad del juego, si personifica o adjudica roles, cómo es la motricidad fina y gruesa, su capacidad simbólica y el lenguaje expresivo.

• Los tests estandarizados:
Los test o pruebas estándar determinarán los niveles lingüísticos en todos los campos que queremos observar. Primeramente debemos pasar un test de capacidades intelectuales generales, para poder ver si su coeficiente intelectual es acorde con su edad cronológica. En éste se evalúa tanto las capacidades verbales como las manipulativas. La relación de ambas nos indica su CI y su relación con la edad. Escogeremos del mercado una batería acorde con lo que podemos y queremos evaluar.
Mencionábamos anteriormente la importancia que tiene el lugar en el que se realiza la exploración. Es importante que sea un lugar tranquilo, en el que se favorezca el sentirse bien para realizar las pruebas y que no incite a las prisas.
Es fundamental establecer y respetar los turnos de respuestas, incluso en aquellas pruebas que por su ejecución se realizan con cronómetro; nunca es una carrera contra el crono, sino que sólo se mide el tiempo que se tarda en su realización.
Por lo general, las pruebas suelen ser largas e incluso llegan a cansar al participante; así, en caso de que sea necesario se dividirá la sesión de evolución en dos sesiones, realizadas en distintos días y en un horario similar, para evitar falsear los datos por cansancio.

La observación es otra de las mejores técnicas para poder detectar los problemas comunicativos y lingüísticos, pues nos permite evaluar dentro de un contexto natural, prescindiendo de crear situaciones artificiales. A la hora del registro de la observación será preferible un modelo de tipo descriptivo frente al numérico.
No podemos olvidar la aplicación de otras técnicas, como pueden ser:
- Los registros anecdóticos.
- Las muestras de lenguaje espontáneo.
- Las escalas de desarrollo.
- Los tests de lenguaje.




BIBLIOGRAFÍA

Acosta, V. y Moreno, A. Mª. (1999). Dificultades del lenguaje en ambientes educativos. Barcelona, España. Editorial Masson, S.A.

Barzote, A. y Retana, C. (s.f.) ¿Qué aprenden los niños cuando aprenden a hablar? Desarrollo lingüístico y cognitivo en los primeros años. Editorial: AIQUE.

Berko, J. y Bernstein, N. (1999). Psicolinguística. España. Editorial McGraw-Hill. Interamericana de España, S.A.

Dockrell, J. y Mc. Shine J. (1997). Dificultades de aprendizaje en la infancia. Un enfoque cognitivo. Barcelona, España. Editorial Paidós.

Escoriza, J. (1999). Dificultades de aprendizaje e intervención psicopedagógica. Barcelona, España. Editorial de la Universidad de Barcelona.

Greene, J. (1980). Psicolinguística: Chomsky y la psicología. México. Editorial Trillas.

Monfort, M. y Otro. (2002). El niño que habla. Madrid: General Pardiños.

Monfort, M. y Juárez, A. (1987). El niño que habla. El lenguaje oral en preescolar. Madrid. Editorial: CEPE.

Puyuelo, M. (2003). Manual de Desarrollo y Alteraciones del Lenguaje. Barcelona: Editorial MASSON.

Santiuste, V. y Beltrán, J. (1998). Dificultades de Aprendizaje. Madrid, España.

MODELO DE ENTREVISTA SEMIESTRUCTURADA

1. Datos identificativos.

2.     Motivo de consulta.
                                   - Visión del problema.
                                   - Posibles causas
                                   - Momentos temporales

3. Datos del desarrollo general.
- Embarazo, parto
- Problemas de alimentación y/o sueño
- Inicio de anda
- Control de esfínteres.

4. Datos del desarrollo del lenguaje.
- Balbuceo
- Primeras palabras al año, año y medio, dos años.
- Circunstancias de uso del habla (en casa, con qué personas,..)
- Intención comunicativa
- Uso de frases (complejidad)
- Comprensión de órdenes
- Errores de articulación
- Audición 
5.  Datos médicos relevantes.

6.  Información de la familia.
- Edades y cursos de hermanos
- Tipo de lengua utilizada
- Otros personas que interactúen con el niño (abuelos, cuidadores (idioma), …)
- Aspectos socio-culturales

7.  Historia educativa.
- Edad inicio escolarización (Infantil o primaria)
- Cursos repetidos
- Mejores y peores áreas
- Apoyo escolar. De que tipo. Antes y actual
- Opinión de tutores, psicólogos, psicopedagogos, profesores de apoyo,…

8.  Aspectos relevantes de conducta.
- Conducta general actual (hiperactiva, retraída, llamadas de atención, agresiones, orden de actuación, …)
- Contextos de conducta distorsionada (si  hubiera)

9.  Cierre.
- Primera aproximación al problema
- Indicaciones para la intervención
- Pruebas de evaluación posterior




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