martes, 1 de mayo de 2012

ANSIEDAD ANOTACIONES BÁSICAS




1-Definición de ansiedad
2-Tipología de la ansiedad.
3-Causas de la ansiedad.
4-Diferencias por sexo y edad de la depresión  y la ansiedad.
5-Tratamiento  de la depresión y la ansiedad.

1-DEFINICIÓN.
La ansiedad es sobre todo una reacción de miedo. El miedo por sí mismo es muy útil y perfectamente natural, el problema sobreviene cuando no hay una razón racional para sentir esa angustia. Para nuestros antepasados huir cuando venía un tigre a comérselos era una reacción perfectamente lógica, pero si no hay ningún tigre ¿porqué salimos corriendo? La reacción de alarma, en ese caso es excesiva y prepara al organismo para enfrentarse ante un peligro que no existe, convirtiéndose en algo perjudicial. De esta manera, el pulso  y la respiración se aceleran, la transpiración se dispara y se produce tensión muscular. Todos estos síntomas, cuando se producen frecuentemente producen las diversas formas de ansiedad.
Había un psicólogo –Lazarus- que decía que no es el problema externo lo que nos hace sentir pánico, sino el pensar que no tenemos recursos suficientes para enfrentarnos a él. Así por ejemplo ser despedido de un mismo trabajo puede ser para una persona un auténtico trauma, entonces se dirá a sí misma cosas como “soy un perdedor”, “no encontraré otro trabajo”, “quien me va a querer contratar”. Sin embargo, otro compañero, en la misma situación puede pensar: “menos mal, no aguantaba más”, “me darán paro unos meses y tendré tiempo de buscar otra cosa mejor”, etc. Es decir, importan tanto, nuestros propios recursos personales a la hora de enfrentarnos a una situación difícil que las condiciones externas por sí mismos.
Como dice un refrán, “el miedo es libre”. Se puede sufrir ansiedad por muchas causas y de muchas maneras. Muchas personas sufren fobias, es decir miedos intensos ante causas localizadas como insectos, tormentas, ascensores. Este miedo es muy intenso, pero muy concreto. El otro extremo es la “ansiedad generalizada”,  un miedo difuso, ilocalizable, una “angustia vital” (a que las cosas vayan a peor, a tener un accidente, a que los hijos enfermen etc)  difícil de precisas pero muy persistente. Entre ambos extremos existe una gran variedad de situaciones y síntomas, incluso se puede llegar a tener “miedo al miedo”, cuando los ataques de ansiedad son frecuentes.
Aunque los profesionales de la salud mental hablemos de dos enfermedades diferentes, -depresión y ansiedad- Lo cierto es que en los seres humanos no existen compartimentos cerrados, al igual que es inútil separar cuerpo y mente, pues lo mental afecta al cuerpo y al revés. Un estado de ansiedad continuado conduce  fácilmente a una depresión cuando el organismo, el cuerpo y la mente que se han preparado para un ataque que no llega, se cansan, se agotan. Nadie puede sostener indefinidamente una situación de alerta, entonces sobreviene el “bajón” Así mismo, una depresión produce frecuentemente un tipo de ansiedad particularmente doloroso que es el miedo a uno mismo .



2- TIPOS.
Existen trastornos de ansiedad de todo tipo: sexuales, obsesivos, compulsivos, etc. Ya hemos hablado de las fobias y la ansiedad generalizada. Habría que incluir además los ataques de pánico y la agorafobia. Un ataque de pánico es un síndrome en el cual la hiperventilación (es decir, la respiración acelerada) introduce excesivo oxígeno en sangre provocando un malestar tan intenso que llega a confundirse con un ataque al corazón. Estos ataques son frecuentes en situaciones de fuerte estrés como exámenes,  traumas violentos, entrevistas de trabajo, pero pueden generalizarse a cualquier momento y situación.  Cuando el miedo a sufrir estos ataques “miedo al miedo”, es tan fuerte que lleva al paciente a evitar ciertos lugares, hablamos de agorafobia, hasta el punto que algunos pacientes llegan a encerrarse en sus casas de por vida.
 No olvidemos, que depresión y ansiedad, son enfermedades perfectamente compatibles que pueden darse simultáneamente en la misma persona. Existe además un síndrome clínico llamado Depresión – Ansiosa, en el cual ambos problemas se combinan dando lugar a una depresión con sus característicos sentimientos de inferioridad y la tristeza y desesperanza pero donde la inmovilidad típica se convierte o se combina con un estado de excitación, que comprende agitación motora (moverse continuamente) insomnio, hipervigilancia, etc.

3-CAUSAS.
     Todos hemos sentido miedo alguna vez, pero no todos sufrimos ansiedad, porque cada uno valora de manera distinta los recursos que posee y por tanto existen personas ansiosas y otras que no lo son. También en este caso el factor genético parece ser importante, aunque por sí solo no basta para desarrollar la enfermedad. Algunos autores hacen hincapié en la infancia, en el momento que el niño explora el mundo que tiene a su alrededor, lo valora con un grado distinto de amenaza según sea el vínculo que le une a sus padres. A este vínculo, le llamamos apego, el apego inseguro es una de las bases de la ansiedad. Luego, como desencadenantes, podemos aludir al estrés, entendido como el cambio brusco de las condiciones de vida. El estrés puede ser producido por un acontecimiento negativo, como un despido, pero también por un acontecimiento positivo, como una boda ya que todos los cambios importantes en el entorno exigen al individuo un proceso de adaptación. Junto a los grandes estresares vitales, como la muerte de un ser querido o un cambio de residencia, existen otros estresares menores positivos y negativos- hassles y uplives-  que aunque pequeños se van acumulando como son por ejemplo correr detrás del autobús, perder la cartera, etc. Las pequeñas cosas son tan importantes, que algunos psicólogos hablan de personas felices como aquellas en que la suma de las pequeñas cosas buenas de la vida diaria superan las negativas.

4- DIFERENCIAS POR SEXO Y EDAD.
Depresión y ansiedad se manifiestan de manera distinta según sexo y edad. No es lo mismo una depresión en un anciano que en un niño, y no afecta de igual manera a hombres y mujeres.
         En los niños, el malestar psicológico se traduce siempre en una conducta desordenada de las comidas y el sueño, desobediencia, irritabilidad y  agresividad, malas notas, hiperactividad o apatía según los casos. No hay demasiadas diferencias en un niño ansioso de otro deprimido, especialmente en los primeros años de edad. Hasta hace poco se pensaba que los niños pequeños no sufrían depresión, pero se ha demostrado ampliamente que esto no es cierto. El nacimiento de un nuevo hermanito, la discriminación en el colegio, el acoso escolar, los malos tratos físicos y verbales, la excesiva presión de actividades extraescolares y la preocupación por el perfeccionismo y la competitividad excesiva, son algunas de las causas que llevan a los niños hacia los síndromes clínicos. En cualquier caso, los estudios de edades tempranas son muy escasos y hace falta mas investigación.
         Uno de los grupos de edad más afectados por los problemas psicológicos son los adolescentes. No solo porque esta es una etapa difícil  y conflictiva sino porque a edades muy tempranas se les empuja a tomar decisiones difíciles. La presión por el éxito, es excesiva para  su edad, la mayor libertad de horarios y la permisividad social, junto con una temprana lucha por ser el mejor, les hace un colectivo muy vulnerable, de echo es en esta edad donde más intentos de suicidio se producen.
         En la edad adulta, hay que distinguir entre los hombres y las mujeres. Las mujeres somos más propensas a la depresión que los hombres por nuestros propios ciclos hormonales. Si a esto le unimos que soportamos casi en exclusiva la carga de la casa, los hijos y en muchos casos además el trabajo, no es raro que la depresión y la ansiedad sean más frecuentes en nosotras. Como además tenemos menos miedo en quejarnos y expresar nuestros sentimientos, un alto porcentaje de las consultas psicológicas son de mujeres adultas.
         En el caso de los hombres, se ven afectados por la ansiedad producida por la presión laboral. Al menos esas son sus quejas, ya que un hombre tiene más pudor en revelar su intimidad que una mujer por regla general. En el caso de sufrir depresión, esta queda oculta muchas veces por conductas adictivas como el alcohol  con el que el propio paciente intenta sobrellevar el dolor emocional.
         Entre los ancianos, la soledad, el aburrimiento, la falta de perspectivas y de actividades, les empuja sobre todo hacia la depresión, que suele ser muy aguda y profunda, tanto que a veces se confunde con un principio de alzheimer, como perdidas de facultades intelectuales lo que no es sino una apatía depresiva. Lo peor del caso es que la familia y los propios ancianos  asumen su estado como algo natural propio de la edad. La depresión senil y la ansiedad ante el miedo a la enfermedad y la muerte, se traducen en quejas físicas y en llamadas de atención constantes a la familia que pueden ser una carga difícil de llevar para los más cercanos.
En la sociedad actual, se constata un aumento de la depresión y la ansiedad. Esto se debe por una parte al diagnóstico precoz, puesto que sabemos más de cómo se generan y la población está mejor atendida, es lógico que se diagnostiquen más casos que antes pasaban desapercibidos. Pero al margen de esto, la competitividad, el trabajo excesivo, el querer hacerlo todo perfecto (superwoman) la falta de tiempo ante la carga excesiva del trabajo y  la familia no han llevado a un aumento progresivo de ambas. El desarraigo (desplazamientos por trabajo) la ruptura de las familias (divorcio) el trabajo de ambos padres, la mayor longevidad, nos conduce a un peligroso aumento de personas que manifiestan sentimientos de soledad,  uno de los más peligrosos para la salud afectiva.

5- TRATAMIENTO.
    ¿Cómo se debe actuar ante un familiar o un amigo que sufran depresión o ansiedad? Creo que es bastante fácil reconocer una persona deprimida, sobre todo si es una depresión profunda, no solo por sus pocas ganas de nada y porque lo ve todo negro, sino porque además dice de sí mismo cosas terribles. Puede ser más difícil detectar la ansiedad, porque estamos tan acostumbrados a estar siempre en la lucha, siempre en busca de algo, que pensamos que los nervios son un estado natural y solo cuando nos desborda nos damos cuenta de que intentamos abarcar demasiado.
         No intenten ayudar con consejos a una persona deprimida, no vale de nada decirle que debe salir, intentar que se le pase, enfadarse o reñirle, porque la persona ni lo hace adrede ni  lo puede evitar. Puesto que no puede llevar a cabo su actividad cotidiana, si es conveniente en cambio empujarle y ayudarle a que poco a poco recobre su actividad anterior. Pequeños pasos como acompañarle a dar unos paseos bajo el sol, intentar no saltarse la comida, aunque sea comiendo poco y volver a realizar actividades placenteas como leerle, son de gran ayuda. Estas personas necesitan apoyo y comprensión, pero nunca indulgencia y tampoco carta blanca para hacer todo lo que quieran. 
         Igualmente inútil es decirle a una persona con un ataque de ansiedad que su miedo es una tontería, eso ya lo sabe y aún así no puede evitarlo. Es difícil que una persona ansiosa escuche lo que le decimos. El como tratarles depende mucho de cual sea la causa de la ansiedad pero por supuesto que el primer paso que hay que dar es ser humilde y reconocer las propias limitaciones y la mejor ayuda es llevar al interesado a la consulta del especialista.
    A nivel clínico contamos fundamentalmente con dos armas para hacer frente a la depresión  y a la ansiedad que son la terapia psicológica y la farmacología. Disponemos de un amplio arsenal de fármacos muy eficaces (tranquimazin+seroxat (alprazolan y paroxetina, son los principios activos de estos fármacos) es una de las combinaciones más recetadas tanto por psiquiatras como por médicos de cabecera (en este punto hay que aclarar que, el psicólogo no puede hacer recetas) pero estos no son más que un parche, las causas profundas deben atacarse con terapia psicológica. El trabajo del psicólogo consiste en mucho más que escuchar al paciente y tomar notas, se trata sobre todo de que la persona tome conciencia de sí misma y por tanto vuelva a coger las riendas de su vida. Esto se consigue con trabajo diario y con esfuerzo, pasito a pasito, luchando por cambiar el pensamiento negativo que nos martiriza y las conductas que nos perjudican. El terapeuta marca el camino a seguir, pero es el paciente quien debe recorrerlo.

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