martes, 20 de noviembre de 2012

VIOLENCIA DE GENERO, SINDROME DE LA MUJER MALTRADA Y PERFIL DEL HOMBRE ABUSADOR


22/05/2010

VIOLENCIA

La OMS define la violencia como : “El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológico, trastorno del desarrollo o
privaciones.”


Violencia (del lat. violentia) es un comportamiento deliberado que resulta, o puede resultar, en daños físicos o psicológicos a otros seres humanos, animales o cosas (vandalismo).  Se  asocia, aunque no necesariamente, con la agresión, ya que también puede ser violencia psicológica o emocional, a través de amenazas u ofensas.
Algunas formas de violencia son sancionadas por la ley o la sociedad, otras son crímenes. Distintas sociedades aplican diversos estándares en cuanto a las formas de violencia que son o no aceptadas.
Como regla general, se considera violento a la persona irrazonable, que se niega a dialogar y se obstina en actuar pese a quien pese, y caiga quien caiga. Suele ser de carácter dominantemente egoísta, sin ningún ejercicio de la empatía.
Todo lo que viola lo razonable es susceptible de ser catalogado como violento si se impone por la fuerza.

Tipos de violencia
  • Fisica
  • Sexual
  • Psiquica
  • Economica
  • Patrimonial
  • Espiritual
  • Emocional
  • Aislar
  • Privacion de la libertad y la autonomía

CICLO DE LA VIOLENCIA:
La dinámica de la violencia de genero  existe como un ciclo, que pasa por tres fases.


FASE 1. ACUMULACIÓN DE TENSION
• A medida que la relación continúa, se incrementa la demanda así como el stress.
• Hay un incremento del comportamiento agresivo,  habitualmente hacia objetos que hacia la pareja. Por ejemplo, dar portazos, arrojar objetos, romper cosas.
• El comportamiento violento es reforzado por el alivio de la tensión luego de la violencia.
• La violencia se mueve desde las cosas hacia la pareja y puede haber un aumento del abuso verbal y del abuso físico.
• El otr@ miembro de la pareja intenta modificar su comportamiento a fin de evitar la violencia.


Por ejemplo: mantener la casa cada vez más limpia, a los hijos silenciosos, etc.
• El abuso físico y verbal continúa.
• La mujer comienza a sentirse responsable por el abuso.
• El violento se pone obsesivamente celoso y trata de controlar todo lo que puede: el tiempo y comportamiento de la mujer (cómo se viste, adónde va, con quién está, etc.)
• El violento trata de aislar a la víctima de su familia y amistades. Puede decirle, por ejemplo “que si se aman no necesitan a nadie más”,  que le llenan la cabeza de disparates, que  están locos etc.
• Esta fase difiere según los casos. La duración puede ser de semanas, días, meses o años.
Se va acortando con el transcurrir del tiempo.



FASE 2. EPISODIO AGUDO DE VIOLENCIA
· Aparece la necesidad de descargar las tensiones acumuladas
· El abusador hace una elección acerca de su violencia. Decide tiempo y lugar para el episodio, hace una elección consciente sobre qué parte del cuerpo golpear y cómo y donde lo va a hacer.
· Como resultado el episodio la tensión y el stress desaparecen en el abusador. Si hay intervención policial él se muestra calmo y relajado, en tanto que la mujer aparece confundida e histérica debido a la violencia padecida.



FASE 3. ETAPA DE CALMA, ARREPENTIMIENTO O LUNA DE MIEL
• Se caracteriza por un período de calma, no violento y  muestras de amor y cariño.
• En esta fase, puede suceder que el golpeador se haga responsable de una parte de lo sucedido en el episodio agudo, dándole a la pareja la esperanza de algún cambio en la situación a futuro. Actúa como si nada hubiese sucedido, promete buscar ayuda, promete no volver a hacerlo, etc.
• Si no hay intervención y la relación continúa, hay una gran posibilidad de que la violencia haga una escalada y su severidad aumente en el futuro.
• A menos que el golpeador reciba apoyo y aprenda métodos apropiados para manejar su ira, su estres,  esta etapa  durará poco tiempo y  volverá a recomenzar el ciclo, que se retroalimenta a sí mismo.
• Luego de un tiempo se vuelve a la primera fase y todo comienza de nuevo.


El hombre agresor no se cura por sí solo, debe tener un tratamiento. Si la esposa permanece junto a él, el ciclo va a comenzar una y otra vez, cada vez con más violencia.

PERFIL DE LA MUJER MALTRATADA:
Dimensión cognitiva
• Minimiza la violencia
• Creer en el cambio de él
• Niega la violencia
• Justifica la conducta violenta
• Idealiza a la familia y el hecho de ser madre
• Tiene cogniciones poco ajustadas a la realidad
• Tiempo personal no lo valora
• Cree que la mujer es la responsable de la violencia
• Cree en la adaptación al abuso
• Propende a que las engañen
• Piensa en el futuro en términos negativos y desesperanzados
• Autodesvaloriza sus capacidades, el hecho de que puede recuperar  sus capacidades
• Evade la violencia



Dimensión comportamental
• Se aisla
• Apática
• Sobreprotege a los hijos
• Indecisa
• Depende del violento
• Vuelve siempre al hogar sin hacer acuerdos
• Abandona sus actividades
• Hiperexigente consigo misma
• Solicita ayuda de manera indirecta
• Actua de acuerdo con las expectativas de los demás
• Tiende  a comunicar sus actos, a “pedir permiso”
• Abandona los grupos de ayuda mutua
• Realiza actos en contra de su voluntad
• Maneja conductas no asertivas
• Pide ayuda y escucha a personas no pertinentes
• Tiene conductas autodestructivas
• Traslada la violencia recibida hacia los hijos o ancianos
• Tiene conductas altruistas y solidarias
• Descuida su aspecto físico
• Esta alerta a los estímulos externos
• Trastornos del sueño: duerme mucho o no duerme
• Comportamientos suicidas
• Poseee síntomas del síndrome de estrés postraumático: trastornos del apetito, fatiga al despertar, alucinaciones, alerta exagerada, hipersensibilidad, irritabilidad, letargo, estado de ánimo
cambiante, pesadillas, fobias, reacciones sobresaltadas, desorganización del pensamiento.



Dimensión psicodinámica
• Reiteración de sentimientos, tales como: miedo, terror, angustia, dolor, hipersensibilidad, frustracion
• Dificultad para contar los propios sentimientos
• Corte o control excesivo de emociones
• Sentimiento de impotencia
• Desamparo
• Sentimientos de indefensión: no replica, no actua, no se defiende
• Depresión
• Reiteración constante de: vergüenza, culpa, ambivalencia, soledad, insatisfacción, enfado, nerviosismo, sentimientos de venganza, sentirse víctima
• Baja autoestima
• Ideas suicidas
• Prioriza los sentimientos a la razón
• Teme por el futuro



Dimensión interaccional
• Aislamiento social
• Agresiva
• Desplazamiento del objeto odiado hacia otras personas, animales o cosas
• Timidez para relacionarse
• Altruismo
• Anulación personal



Indefension o impotencia aprendida: (Leonore Walker, 1979)

a) Se elaboran mecanismos de defensa para sobrevivir: ideas paranoides, sobresalto, síndrome post estrés traumático.
La mujer externaliza culpa…
El se desresponzabiliza y le echa la culpa a ella
b) El maltrato impredecible y la indefensión aprendida
El modelo de indefensión aprendida, tal como lo aplicó Walker, establecía una relación directa entre el “maltrato impredecible” y la “inmovilización y paralización”.
Existen  investigaciones que arrojan una contradicción a dicha asociación lineal: mientras  se apreciaban relaciones directas entre el “maltrato impredecible” y el miedo, y entre esta misma emoción y la “inmovilización y paralización”, el “maltrato impredecible” y la “inmovilización / paralización” no parecían relacionarse directamente entre sí. Lo que se ha encontrado realmente, fue que una emoción, el miedo, se encontraba entre el “maltrato impredecible” y la “inmovilización / paralización”.
“Maltrato impredecible” —>”MIEDO (terror)” —>”Inmovilización-Paralización”

Miedo y maltrato impredecible:
…..cuando llegaba a casa  ya eran pleitos por todo, y  preguntaba  ”que de donde venía, que donde había estado, que si el autobús había tardado, que si el autobús…”. Siempre  con miedos  yo en el autobús pensaba: dira  ”que cómo llegue…cuando llegue cómo me lo encontraré hoy, cómo, ¿lo encontraré de buen humor o no lo encontraré de
buen humor?”, y yo iba siempre muy nerviosa. (IA)



Miedo e inmovilización/paralización:
-Ya no es el miedo, el pánico que le llegas a tener a esa persona,  en tu casa te pasan un montón de cosas, piensas qué hago de esto, y si me voy para allí, y si corro, pero no lo haces, estás todo el rato pensando, pero de ahí no sales… (IA)


Una posible respuesta a esta contradicción con la teoría original de Walker aparece en Peterson, Maier y el propio Seligman cuando, años después de la monografía del último autor, revisaron el impacto de la teoría de la indefensión aprendida, incluida su vinculación con el síndrome
de la mujer maltratada. Para estos autores, la aplicación al maltrato de la indefensión aprendida que Walker había hecho era incorrecta, y sólo daba cuenta parcialmente del fenómeno.
Consideraban que la pasividad que se describía entre víctimas de la violencia doméstica podía tratarse más bien de un efecto instrumental. Las cogniciones de indefensión estarían presentes como corresponde a un contexto incontrolable,  podían deberse también a una historia de
reforzamiento explícito de la pasividad.


Por otra parte, a diferencia del escaso peso que había tenido el miedo en la monografía original de Seligman, esta emoción cobraba ahora un papel preponderante en la revisión del concepto. De hecho sería el miedo lo que era generado por la indefensión aprendida. Por otra parte, la paralización podría ser efecto de numerosos elementos cognitivos, no de la indefensión aprendida. Estas discrepancias con el modelo de Walker eran coincidentes con los datos y  ofertaban una nueva forma de comprenderlos. La propuesta sería entonces que el maltrato impredecible generaba miedo, el cual actuaba junto con otros elementos (de forma parecida a como lo expresaban Peterson, Maier y Seligman) para provocar un efecto de inmovilización.
En se basa para considerar que el concepto de “indefensión aprendida” no tiene la capacidad explicativa que en un momento se le otorgo, más aun cuando el propio concepto de inmovilización en la mujer como sinónimo de pasividad, debe revisarse.


c) El “ciclo de la violencia” y el “maltrato impredecible”
Leonore Walker desarrolló la idea de que el maltrato hacia las mujeres tenía un carácter cíclico.
Los ciclos de violencia son asimismo impredecibles, pues aunque la mujer perciba el aumento del nivel de tensión, no ha podido prevenir la aparición de dicho ciclo, y tampoco podrá prevenir dentro del mismo el inicio del ataque.


Realmente, el ciclo de la violencia es una forma de maltrato
impredecible. Es la presencia o no de la estrategia del arrepentimiento, intercalada entre los episodios de agresión la que genera la ilusión de una periodicidad. Pero el inicio de la fase de tensión, el momento de su descarga en forma de violencia, y la declaración de arrepentimiento, son iniciadas
siempre por el maltratador y nunca pueden predecirse por la víctima.


Conforme se consoliden las distintas estrategias de maltrato, la estrategia de arrepentimiento escaseará cada vez más y los ciclos de violencia irán perdiendo presencia.

La “estrategia del arrepentimiento”
El arrepentimiento que oferta el agresor, hace abrigar a la mujer la esperanza de que su proyecto de una relación de pareja pueda sobrevivir. (Sin embargo, esto otorgará de nuevo tiempo para que el
proceso de maltrato se vaya consolidando). Este arrepentimiento confluye con la negación o la justificación de las conductas de él que realiza la mujer, siendo estos mecanismos desarrollados por ella para preservar la “ilusión” de que la relación, sin violencia, puede existir como proyecto vital.



 Estrategia y  mecanismos cognitivos y emociones implicadas
Aislamiento
Como seres eminentemente sociales, los humanos percibimos que todo aislamiento ambiental implica un aislamiento emocional. Según el Diccionario de la RAE , aislamiento en su sentido figurado significa incomunicación y desamparo.


a) El aislamiento como estrategia
 Aislamiento en violencia  hace alusión al espacio psíquico. El aislamiento físico es una instrumentalización cuyo fin último es el confinamiento mental, esto es, la separación de la mujer de cualquier otro referente externo al propio maltratador.


Los celos ejercen este efecto, de igual forma que lo hace el aislamiento físico. El aislamiento constituye la estrategia más comúnmente recogida en toda la literatura. Funciona como el crisol en el cual, perdidos para la víctima los referentes externos, el maltratador actuará libre de cualquier injerencia y materializará su deseo de una relación dual exclusiva.
Sin embargo, en las primeras fases de la violencia, la mujer percibe que sufre un aislamiento fundamentalmente físico. La víctima no ha desarrollado todavía una deconstrucción de su identidad que se generará en fases más avanzadas.
· Así, el aislamiento se inicia desde las primeras fases de la relación.
En muchos casos empieza en el noviazgo, la apartarn de amigos sobre todo, y luego de la familia, a nivel de descalificarlos, sentirse celoso de amigos.


· Al principio el aislamiento parece formar parte del mismo juego de seducción que establece el maltratador al inicio de la relación, “valorándola”o halagándola:
… -Muy sutil. -¿dónde vas a ir tú? -esos amigos no son para ti.
-Esas amigas,  son unas putas… -O la familia:  cómo te vas a hablar con esa gente, tú mereces otra calidad de vida, ya te presento a mis familiares y amigos…


Bajo este supuesto halago, existe una descalificación sobre otras personas y sobre ella misma: estás con “putas” o con mala gente. Esta afirmación busca confundirla y al mismo tiempo aislarla.
· Un elemento clave del aislamiento es desposeerla de medios económicos, ya que uno de los factores que se encargan de manipular  es el que la mujer se quede sin defensa emocionales y  físicas.


Una de las defensas físicas es el dinero. Asi,  le pide que deje el trabajo,  con lo cual pasas a pertenecer y a depender prácticamente de él.

La distancia física y el idioma pueden ser factores importantes de aislamiento.
Él piensa que es mejor llevar al niño a vivir a su país para que aprenda el idioma. No le enseña el idioma a su pareja, y ella termina diciendo: la culpa la he tenido yo, porque no aprendi a hablar alemán.


· El maltratador intenta apartar a la víctima de su familia al tiempo que la introduce en su entorno. Intentando minimizar la confrontación  con la familia de ella,  justifica y realiza también un ocultamiento de su actitud. Finalmente la mujer  para evitar esta confrontación, se aísla junto al maltratador apartándose de su propia familia.
El hogar, donde ella es recluida, se convierte en un lugar hostil,  no es el lugar cálido, donde la mujer se protege del exterior. A veces la violencia es silente, y los propios vecinos muestran un gran asombro cuando un día el horror atraviesa las paredes en forma de gritos, patadas, trompadas.


Miller hace referencia al aislamiento al que está sometido la mujer como
una prisión.


b) El aislamiento psíquico y la deconstrucción de la identidad: la estrategia de la “luz de gas”
Conforme la suma de estrategias va generando un estado de confusión de pensamientos y emociones, el aislamiento psíquico induce una debilitación cognitiva en la víctima.


En un primer momento, el concepto de “lavado de cerebro”  permite describir una estrategia que genera un estado disociativo. En el mismo, la víctima duda y rechaza sus propios sistemas de creencias, adoptando los que sobre ella imponía el maltratador. No obstante, a medida que iba
cobrando fuerza la capacidad explicativa de la persuasión coercitiva como generadora de estrategias, esto  plantea un problema: la equivalencia que se había establecido por muchos autores entre lavado de cerebro y persuasión coercitiva. El concepto de persuasión coercitiva se ha utilizado frecuentemente en las investigaciones sobre movimientos sectarios, donde, habitualmente, la violencia física o la descalificación explícita tienen escasa o nula preeminencia. Al igual que en las definiciones antes establecidas  el lavado de cerebro,  es una estrategia más dentro de la persuasión coercitiva.


 ”Luz de gas”,  es el título de una conocida película de 1944, dirigida por
George Cukor, que relataba perfectamente el mecanismo del lavado de cerebro y el asilamiento.


El aislamiento busca la anulación de cualquier otro referente que apoye la percepción de ella y cuestione la de él. Si el sistema de creencias del maltratador es compartid por la familia del mismo, la víctima es “integrada” en dicho entorno. Las descalificaciones, carentes de la intensidad de la violencia física y su imprevisibilidad, requieren de su reiteración en un medio de aislamiento social para alcanzar la capacidad de distorsionar el propio sistema de creencias de la víctima.
Añadido a esto, por medio de la estrategia de “luz de gas” (lavado de cerebro), el maltratador reinterpreta el origen de la violencia. Así, el “maltrato impredecible” no será a partir de entonces tal, sino la respuesta “apropiada” a la “provocación” de la víctima. La confusión de pensamientos y
emociones que por sí genera la estrategia del “maltrato impredecible”, es moldeada por el maltratador en el crisol del aislamiento, convirtiéndose la víctima para sí misma en la verdadera culpable de la
situación.



La constante desvalorización de la víctima
La desvalorización puede permitir algo que  es incompatible con la violencia física, ser constante.


El concepto de mujer, y las distintas asociaciones que tantos estudios han establecido entre el lenguaje y el prejuicio sexista, encuentran dos de sus máximas expresiones en los insultos (descalificaciones) de las mujeres como “putas” o como “locas” .
Son precisamente estas dos descalificaciones las que con mayor frecuencia son descritas por las mujeres victimas de violencia.


 La consideración de la mujer como “puta”, le otorga al maltratador un argumento de género inscrito en la cultura justificativo para desplegar la agresividad.
Aquí empiezan a halar del pelo,  darle patadas, ainsultarle, decirle  cosas de todo tipo, desde que es una hija de puta,  una vagabunda, una cuernera.


El maltratador puede llegar a denominar a su mujer como prostituta ante terceras personas al tiempo que él se proclama como víctima. Puede no experimentar vergüenza por expresarlo ante otros si siente que un gran sector social comparte esta creencia despectiva contra las mujeres. La
calificación, expresada por el abusador ante los demás, tiene por otra parte el efecto de aislar a la víctima. Así, ella, acusada y enfrentada a esa connivencia social, se aparta, avergonzada.


Por otra parte, el uso de la palabra “loca” constituye la descalificación total. “Loca”, es popularmente aquella persona cuyo discurso no tiene sentido. Cuatro letras bastan para negar a la aludida toda posibilidad de réplica y argumentación. Es un enunciado además con una característica de trampa,
pues la víctima antes de poder abordar el origen de la disputa, tiene que, o cree que debe, alegar su cordura. El conflicto pues, como parece habitual se coloca en otro lugar.


· Lavado de cerebro y culpa
 El maltrato distorsiona las emociones y cogniciones, y las hace retornar “contra” la propia víctima.
El proceso reiterado del “castigo” (violencia) fuerza en la víctima la internalización de:
- Acusaciones sobre conductas no realizadas, pero reprobables desde una percepción y atribución moral del agresor (Ej. infidelidad).
- La atribución y permutación del acto violento como “acto justo”. Este acto violento puede pasar de ser una agresión, a un castigo justificado primero por el agresor (ahora ejecutor), y luego por la propia víctima.


Castigo, o merecimiento remiten a culpa,  expiación. La duda: ¿por qué me pega?, se transforma en una duda paralizante: ¿soy o no soy culpable? La duda, la pregunta sobre el proceso al cual está
siendo sometida se desliza desde una cuestión clave que contempla el papel de él (¿por qué me pega?), a cuestionamientos que sólo remiten a ella (¿puedo ser yo la culpable?).
La víctima se siente por tanto atrapada en una cadena de preguntas sobre sí misma (no ya sobre el agresor), que dificultan que pueda cuestionarse su situación de maltrato. La mujer queda cautiva en un proceso de confusión donde la autoinculpación aparece como resultado
de un proceso de distorsión de la realidad.



ESTRATEGIAS DE DOMINACION Y SUMISION

-  Constante persuasión coercitiva, control  de la victima.
- El arrepentimiento como forma de “pertenencia” al maltratador, de pedir perdon e inculpar a la vez.
- Integra estrategias  que actúan a distintos niveles (cognitivo, emocional y, social) sobre las víctimas.



Personalidad del maltratador:
Los agresores suelen venir de hogares violentos, suelen padecer trastornos psicológicos y muchos de ellos utilizan el alcohol y las drogas lo que produce que se potencie su agresividad. Tienen un perfil determinado de inmadurez, dependencia afectiva, inseguridad, emocionalmente inestables,
impacientes e impulsivos. Los agresores trasladan habitualmente la agresión que han acumulado en otros ámbitos hacia sus mujeres.


Maltratador, frecuentemente es una persona aislada, no tiene amigos cercanos, celoso (celotipia), baja autoestima que le ocasiona frustración y debido a eso se genera en actitudes de violencia.
Una investigación de los psicólogos norteamericanos, el Dr. John Gottman y Dr. Neil Jacobson. Señalan que los hombres maltratadores caen en dos categorías: pitbull y cobra, con sus propias características personales:


  • Pit bull: Narcisista histriónico, doble fachada, rasgos paranoicos
Solamente es violento con las personas que ama
Celoso y tiene miedo al abandono, rasgos de personalidad dependiente
Priva a pareja de su independencia
Vigila y ataca públicamente a su propia pareja
Cambios fisiológicos: Su cuerpo reacciona violentamente durante una discusión
Excitado, furioso
Tiene potencial para la rehabilitación


No hay probabilidad de cambio
Cuando empiezan a golpear no paran hasta que la matan
Si la mujer los abandona, la matan


No ha sido acusado de ningún crimen
Posiblemente tuvo un padre abusivo
Llevan a la consulta facturas para demostrar los buenos padres que son.
Hablan ellos solamente, las mujeres NO.

Cobra:
• Psicópatas, desorden antisocial de la personalidad
• Agresivo con todo el mundo
• Propenso a amenazar con cuchillos o revólveres
• Se calma internamente, según se vuelve agresivo
• Difícil de tratar en terapia psicológica, no se arrepienten
• Uno depende emocionalmente de otra persona, pero insiste que su pareja haga lo que él quiere.
• Posiblemente haya sido acusado de algún crimen
• Abusa de alcohol y drogas.
• Exigen cosas imposibles de cumplir y castigan por no haberlo hecho
• Falta de conciencia moral, no registra emociones ni de el ni del otr@
• Frio – calculador
• Calmado, tranquilo
• Premedita, aísla a la mujer
• No la deja trabajar
• Rasgos Paranoicos: revisa carteras, celulares, cuadernos, apuntes, correos
• Psicópatas de “cuello blanco”
• Trastorno de personalidad limítrofe: golpeador psíquico: explosiones verbales sádicas



El pitbull espía a su mujer, es celópata, cae bien a todas las personas, excepto a sus novias o esposas.
El Cobra es un sociópata, frío, calculador, puede ser cálido. El maltrato no cesa por sí solo.
Después de que la mujer ha sido físicamente maltratada y tiene miedo, a veces cesa este tipo de abuso y lo reemplaza con un constante maltrato psicológico, a través del cual le deja saber a su víctima, que el abuso físico podría continuar en cualquier momento.
En ocasiones la violencia del maltratador oculta el miedo o la inseguridad, que sintió de niño ante un padre abusivo que lo golpeaba con frecuencia, al llegar a ser un adulto prefiere adoptar la personalidad del padre abusador a sentirse débil y asustado.


En otros casos, los comportamientos ofensivos son la consecuencia de una niñez demasiado permisiva durante la cual los padres complacieron al niño en todo. Esto lleva al niño a creerse superior al llegar a ser un adulto y a pensar que él está por encima de la ley. O sea, que puede hacer lo que quiera y abusar de quien quiera. Piensa que se merece un trato especial, mejor que el que se les da a los demás.

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