domingo, 31 de marzo de 2013

MALTRATO INFANTIL COMO FACTOR DE RIESGO DE TRASTORNO POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO EN LA ADULTEZ



Childhood maltreatment as a Risk Factor for Posttraumatic Stress Disorder in Adulthood

Revista chilena de neuro-psiquiatría
versión On-line ISSN 0717-9227
Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.43 n.3 Santiago sep. 2005
doi: 10.4067/S0717-92272005000300002
Rev Chil Neuro-Psiquiat 2005; 43(3): 180-187
ARTÍCULO ORIGINAL
Carolina Marty M. y César Carvajal A.
Departamento Psiquiatría, Facultad de Medicina, Universidad de los Andes, Chile.


There are a variety of factors that determine an individual's susceptibility to developing posttraumatic stress disorder (PTSD). In this paper, we review recent studies on the role of childhood maltreatment in the subsequent development of PTSD, and the possible psychosocial and neurobiological mechanisms mediating this relationship. We found that childhood maltreatment is linked with later development of PTSD. This could be due to insecurity in relationships, alexithimia, or long-term changes in the neurobiological systems involved as a response to the stressful event. The information provided may be clinically relevant in preventing and treating PTSD.

Key words: childhood maltreatment, Posttraumatic Stress Disorder (PTSD), child sexual abuse, child abuse, childhood mistreated.

Resumen

Existen varios factores que determinan la distinta vulnerabilidad de los individuos para desarrollar un trastorno por estrés postraumático (TEPT). En este trabajo se revisan estudios recientes sobre el rol del maltrato infantil en el desarrollo de TEPT, y los posibles mecanismos neurobiológicos y psicosociales que medien esta relación. Se encuentra que el maltrato infantil guarda relación con el desarrollo posterior de TEPT. Esto podría deberse a la formación de vínculos inseguros, alexitima, o a cambios a largo plazo de los sistemas neurobiológicos involucrados en la respuesta al estrés. La información aportada podría tener muchas implicaciones clínicas en la prevención y tratamiento del TEPT.

Palabras clave: maltrato infantil, Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), abuso sexual infantil, trauma infantil.

Introducción

El Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) fue descrito por primera vez en 1980, en la tercera edición del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM III), aunque debe tenerse en cuenta que las primeras descripciones clínicas provienen de la Grecia clásica. Surge como respuesta a un acontecimiento estresante que causaría, por sí mismo, malestar generalizado en gran parte de las personas expuestas a catástrofes, combates, violaciones, accidentes graves o que son testigos de una muerte violenta(1,2).

En general, se presenta la tríada sintomatológica de fenómenos invasores, conductas de evitación y síntomas de hiperalerta por al menos un mes(3).

La prevalencia del TEPT va entre 0,5 y 10,8% para los hombres y entre 1,3 y 18,3% para las mujeres(2). Además, existen grupos de mayor riesgo como los individuos expuestos a situaciones de combate: en Estados Unidos alrededor del 30% de los veteranos de Vietnam experimentaron este trastorno(1). Por lo tanto, este diagnóstico constituye un problema de salud pública por su prevalencia, por afectar de preferencia a población activa, por presentarse tanto en población general como en combatientes, por la incapacidad que genera y por los altos costos de salud que implica.

No todas las personas expuestas al mismo trauma desarrollan TEPT, por lo que se ha investigado factores que aumenten la vulnerabilidad para desarrollar esta patología. Entre éstos destacan factores demográficos (sexo femenino, bajos niveles de educación e ingresos, ser divorciado o viudo), trastornos psiquiátricos y de personalidad (trastornos afectivos, ansiosos, abuso de sustancias, personalidades evitativas, antisociales o neuróticas), factores cognitivos (bajo nivel intelectual, signos neurológicos blandos), factores biológicos (hiperactivación noradrenérgica, hipofunción del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal), factores genéticos, y exposición previa a sucesos traumáticos, especialmente a edad temprana (maltrato infantil)(4).

El maltrato infantil se define como todo comportamiento o discurso adulto que transgreda los Derechos del Niño(5). Dentro de los tipos de maltrato se encuentra:

El abuso sexual, definido como cualquier tipo de actividad sexual con un niño o niña en la cual el agresor está en una posición de poder y el niño se ve involucrado en actos sexuales que no es capaz de comprender o detener.

El maltrato físico, es toda acción no accidental, por parte de un adulto, que provoque daño físico, lesión o enfermedad en el niño (es siempre activo).

El maltrato emocional, que se expresa por medio de insultos, críticas permanentes, ridiculizaciones, rechazo, amenazas, constantes bloqueos de las iniciativas de los niños.

Abandono - negligencia, se refiere a situaciones en que los padres o cuidadores, estando en condiciones de hacerlo, no dan el cuidado y protección que los niños necesitan para su desarrollo.

Se estima que el maltrato infantil sobrepasa el millón y medio de niños afectados al año en Estados Unidos; su prevalencia varía entre 6 y 62%(6,7). Estudios chilenos muestran porcentajes similares. Por ejemplo, un estudio realizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) el año 2000, con una muestra extrapolable a todo el país, demostró que el 73,6% de los niños recibe algún tipo de violencia por parte de sus padres, poco más de la mitad es víctima de violencia física y 25% es víctima de violencia física grave(8). Este estudio se llevó a cabo mediante un cuestionario autoaplicado en población escolar. De la Barra et al, estimaron la prevalencia de maltrato en niños y adolescentes menores de 15 años, en una comuna suburbana de Santiago metropolitano, a partir de la información registrada durante tres meses en escuelas, consultorios, servicios de urgencia, policía y juzgados. Se calculó una tasa de 23,1% de maltrato en educación, 25,3% en salud y 27,1% en justicia(9).

En el estudio de Florenzano et al se estimó la prevalencia de trauma psíquico infantil, mediante el recuerdo anamnéstico, en una población de mujeres hospitalizadas en distintos servicios clínicos de dos hospitales de la Región Metropolitana. De las 159 pacientes encuestadas, 63,1% referían al menos un suceso traumático durante la niñez. La experiencia traumática más frecuentemente recordada fue la separación traumática de alguno de los padres (34%), seguida de castigos físicos (27%)(10).

Por último, de los niños/as vigentes al 30 de junio de 2003 en centros subvencionados por el SENAME, el 43,0% había sido víctima de maltrato infantil. De este último universo, el 14,5% había sido víctima abuso sexual y maltrato físico grave(5).

En definitiva, la prevalencia de maltrato infantil es muy variable, dependiendo de la población estudiada, los instrumentos usados, el entrevistador, tipos de maltrato buscados y si es recuerdo retrospectivo o situación actual.

El maltrato infantil también tiene consecuencias a largo plazo, en término de mayor incidencia de psicopatología en la adultez: depresión, trastornos ansiosos, trastornos graves de personalidad, abuso de sustancias, trastornos alimentarios, somatización y TEPT(11,12).

El objetivo de esta revisión es examinar los estudios que proporcionan información sobre la relación entre el antecedente de maltrato infantil y el desarrollo de TEPT en la adultez ante nuevos sucesos traumáticos. Además se analizarán los posibles factores psicosociales y neurobiológicos que median esta relación. La información aportada podría tener implicaciones clínicas en la prevención y tratamiento del TEPT.

Metodología

Mediante una revisión bibliográfica se identificaron trabajos que abordaran la relación entre maltrato infantil y TEPT, y por otra parte, trabajos que discutieran factores psicosociales y neurobiológicos que explicaran esta relación.

Los estudios seleccionados fueron localizados mediante internet, utilizando las bases de datos Medline, Google, Scielo, Academic Search Premier, Psychology and Behavioral Sciences Collection, de publicaciones relativamente recientes (1993-2004). Se emplearon como palabras claves: childhood maltreatment, Posttraumatic Stress Disorder (PTSD), childhood sexual abuse (CSA) y childhood trauma.

Se incluyeron algunos trabajos para el marco conceptual, y estudios que se enfocaran en los objetivos previamente propuestos y con un buen método estadístico (diseño apropiado para el objetivo de la investigación, muestras en lo posible representativas, precisión en la descripción de materiales y métodos, hipótesis bien formuladas). Se excluyeron los trabajos que relacionaban maltrato infantil con TEPT a temprana edad. El diagnóstico de TEPT debía ser realizado según criterios DSM (III-IV). Una limitación fue el amplio concepto de maltrato infantil, por lo que se seleccionaron trabajos que incluyeran abuso sexual, físico o emocional; o abandono de parte de los cuidadores (físico o emocional). Los hechos traumáticos debían haber ocurrido antes de los 16 años.

Relación entre maltrato infantil y TEPT en la adultez

Los estudios que buscan asociación entre maltrato infantil y TEPT en la adultez han utilizado como grupos de estudio excombatientes de guerra, poblaciones clínicas y población general. La mayoría de estos estudios fueron realizados en la década de los 90. Aunque cada estudio tiene limitaciones, el patrón de resultados es marcadamente consistente: el TEPT ocurre más frecuentemente en aquellas poblaciones que han experimentado previamente un maltrato infantil. A continuación se revisarán los estudios más destacados:

Estudios en poblaciones militares:

Entre las investigaciones realizadas en excombatientes de guerra, destaca la de Bremner et al(13). En este estudio se incluyeron 38 excombatientes de la Guerra de Vietnam que solicitaron tratamiento para TEPT y 28 veteranos sin TEPT que solicitaron tratamiento para otras enfermedades médicas. Los veteranos de Vietnam con TEPT tenían mayor porcentaje de abuso físico infantil que los veteranos sin TEPT (26% versus 7%), lo cual es estadísticamente significativo. La asociación entre abuso físico infantil y TEPT es independiente del nivel de exposición al combate entre ambos grupos (p = 0,04).

En otro estudio se realizó una medición estandarizada de abuso físico infantil en 22 hombres veteranos de guerra, admitidos en un programa de tratamiento para TEPT(14). Se encontró que el 45% de los veteranos con TEPT tenía historia de abuso físico durante su niñez; y hubo correlación positiva entre la historia de abuso físico y la cantidad de síntomas de TEPT. Este estudio sólo representa una aproximación preliminar a la asociación entre abuso infantil y TEPT, pues la muestra es reducida y no cuenta con un grupo control.

Donovan et al diseñaron un estudio para investigar la contribución relativa de la exposición al combate y de variables premilitares seleccionadas (ejemplo: abuso físico infantil, abuso de sustancias en la familia de origen, o haber sido criado en una familia disfuncional) en predecir el desarrollo de TEPT y cantidad de síntomas(15). Los sujetos fueron 175 hombres militares de Estados Unidos, que participaron en la Guerra de Vietnam, entre 1964 y 1975. De estos, 93 cumplieron criterios de TEPT. La exposición al combate fue el principal predictor de TEPT. Sin embargo, el abuso físico infantil también fue un predictor significativo. Además, la mayor sintomatología se correlacionó principalmente con la exposición al combate y el abuso físico infantil (20% de la variabilidad de la sintomatología se debió a la exposición al combate y 9% al abuso físico infantil). Estos hallazgos sugieren que el abuso físico infantil y el trauma militar deben ser incluidos en el estudio y tratamiento de pacientes con TEPT crónico.

Estudios en poblaciones clínicas:

Los estudios en pacientes hospitalizados o ambulatorios son escasos, y la mayoría tiene importantes limitaciones metodológicas, como el reducido tamaño de la muestra o la ausencia de grupo control. Sin embargo, cabe destacar el estudio de Carlson et al, que incluye 178 pacientes psiquiátricos hospitalizados, con antecedente de abuso infantil. Se encontró que un ambiente disfuncional en la infancia, y el abandono y abuso físico o sexual en la niñez, determinan el 42% de la varianza de los síntomas de TEPT en la adultez(16).

Estudios en población general:

Rodríguez et al compararon síntomas de TEPT entre 45 mujeres con historia de abuso sexual infantil y 31 mujeres sin este antecedente. Los resultados indicaron que el 86,7% de las mujeres abusadas en su niñez cumplían criterios para TEPT actual (DSM-III-R), comparado con 19,4% del grupo control, diferencia estadísticamente significativa. El análisis multivariado indicó que tanto el abuso sexual como el físico eran responsables de la varianza de los síntomas de TEPT en forma significativa (45%)(17).

Breslau et al estudiaron una muestra representativa de 2.181 individuos en el sureste de Michigan, mediante una entrevista telefónica, para averiguar sucesos traumáticos previos y síntomas de TEPT. El maltrato experimentado antes de los 15 años de edad aumentó el riesgo de TEPT en la adultez (Odds Ratio = 2,06; p = 0,01); comparado con maltrato después de los 15 años (Odds Ratio = 1,77; p = 0,05)(18).

En 1999, Widom presentó un estudio con un diseño del tipo de cohorte prospectivo(19). Su propósito fue describir la dimensión en la cual niños víctimas de abuso y abandono padecían mayor riesgo de desarrollar TEPT por traumas posteriores y determinar si la correlación con TEPT persistía a pesar de controlar variables familiares e individuales. Se recogieron datos de niños abusados y abandonados desde 1967 a 1971 en un área metropolitana, siendo comparados con niños sin abuso con condiciones socioeconómicas, edad, sexo y raza similares, y fueron seguidos prospectivamente hasta su juventud. Después de 20 años, se localizaron 1.196 sujetos (676 casos y 520 controles). Se encontró que la victimización infantil se asoció a mayor riesgo de TEPT, tanto actual como de vida. Alrededor de 37,5% de las víctimas de abuso sexual infantil (32,7% de los abusados físicamente y 30,6% de los abandonados en su niñez) cumplieron criterios DSM-III-R para TEPT alguna vez en su vida, comparado con 20,4% del grupo control (diferencia estadísticamente significativa). Así se concluyó que las víctimas de abuso (sexual y físico) y abandono infantil tienen mayor riesgo de desarrollar TEPT.

También se ha investigado la influencia de la edad del abuso, mediante un estudio en 65 mujeres de un área metropolitana, que tenían historia de abuso sexual. De estas, 38 tenían abuso sexual temprano (12 años y menos) y 27 abuso más tardío (mayores de 12 años). Los diagnósticos de TEPT y personalidad limítrofe fueron significativamente mayores en las mujeres con abuso temprano (94,7%), en contraste con las que presentaban abuso sexual tardío (0%) (p < 0,0001). Este fue el primer estudio que dio cuenta empíricamente del grado de sobreposición de trastorno de personalidad limítrofe y TEPT en un grupo de mujeres abusadas sexualmente(20).

Briggs y Joyce se investigaron que experiencias de maltrato en la infancia se asociaban con mayor sintomatología de TEPT en la adultez.

Concluyeron que el TEPT es uno de los efectos a largo plazo del abuso sexual infantil, y que las mujeres que informan haber sufrido múltiples episodios de abuso que implicaron relación coital presentaban un incremento en los síntomas de TEPT(21).

Factores que median la relación entre maltrato infantil y TEPT

Cuando se analiza la relación entre maltrato infantil y TEPT en la adultez, surgen varias interrogantes: ¿Es el maltrato infantil un factor causante de TEPT?, y si es así, ¿cuál sería el mecanismo fisiopatogénico?

Widom encontró una asociación entre abuso infantil y TEPT, y estableció que la relación entre victimización infantil (sea en la forma de abuso o abandono) y TEPT persistía incluso después de controlar otros factores (familiares, individuales y del estilo de vida) que también contribuyen al mayor riesgo de TEPT(19).

A continuación se presentarán algunos factores psicosociales y neurobiológicos que pueden explicar la forma por la cual el maltrato infantil causaría una mayor susceptibilidad al TEPT ante sucesos traumáticos posteriores.

Factores psicosociales:

Zlotnick et al estudiaron en 252 pacientes psiquiátricos ambulatorios la relación entre TEPT, maltrato infantil y alexitimia (déficit en la identificación, comunicación, procesamiento cognitivo y elaboración de los afectos)(22). Se encontró mayor porcentaje de alexitimia en pacientes con TEPT, lo que no se puede explicar por el nivel educacional ni la personalidad limítrofe. A su vez, los sujetos con antecedente de abandono emocional y físico presentaron cifras mayores de alexitimia respecto a los que carecían de estos antecedentes.

Se ha postulado que los niños internalizan la información al interactuar con sus cuidadores, y de esta manera forman la naturaleza de sus futuras relaciones. Se estudió la relación entre los tipos de vínculo y TEPT en un grupo de 66 adultos con antecedente de abuso infantil y se encontró que el 76% de los participantes tenía vínculos inseguros. Además este tipo de vínculo se crea en la niñez y se asocia a incapacidad de regular los afectos, proporcionando parte de la vulnerabilidad de desarrollar TEPT u otro trastorno psiquiátrico(23).

Factores neurobiológicos:

La investigación de las bases neurobiológicas del TEPT está en pleno desarrollo, incluye el uso de imágenes cerebrales funcionales, nuevos sistemas de investigación de factores neuroendocrinos (eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y tiroídeo), neuroquímicos (noradrenalina, serotonina y opioides endógenos) y neuroinmunológicos.

Los estudios de TEPT se han focalizado en dos sistemas biológicos: el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA) y el sistema nervioso simpático. Tanto la depresión como el TEPT están asociados a hiperactividad de ambos sistemas; sin embargo y, a diferencia de la depresión, el TEPT se asocia con niveles de cortisol normales o bajos, a pesar de la hipersecreción de CRH (hormona liberadora de corticotropina)(24).

La exposición precoz a una situación de estrés puede traducirse en cambios a largo plazo en los sistemas neurobiológicos que están involucrados en la respuesta al estrés(6). Durante el desarrollo las catecolaminas son importantes para determinar las propiedades funcionales de las neuronas maduras, lo que incluye cambios en la densidad de receptores. Un niño en un ambiente de abuso o abandono podría desarrollar un sistema catecolaminérgico desorganizado, haciéndolo más susceptible al desarrollo de signos y síntomas más graves cuando se exponga a traumas a lo largo de la vida(6).

Distintos estudios han indicado que los sucesos traumáticos en la niñez también se asocian con cambios persistentes en el eje HHA. Newport et al determinaron que la alteración de la retroalimentación de este eje media las secuelas neuroendocrinas en el maltrato infantil(25). Se aplicó la prueba de supresión con dexametasona a mujeres con historia de abuso infantil (n = 19), mujeres con TEPT y abuso infantil (n = 16), mujeres con TEPT sin abuso (n = 10), y mujeres sin enfermedad mental y sin historia de abuso infantil (n = 19). Las mujeres con TEPT e historia de abuso infantil tuvieron mayor supresión de cortisol que los otros grupos, y mayor supresión de ACTH que las voluntarias sanas con o sin abuso. Se concluyó que la supresión de cortisol fue evidente en las pacientes con TEPT que habían sido abusadas en su niñez, pero no en la pacientes sanas con historia de abuso. Esto indica que el aumento de la retroalimentación del eje HHA es una consecuencia variable del maltrato infantil, pero está más relacionado a enfermedad en sujetos que han sido víctimas de trauma durante su niñez.

Los resultados de neuroimágenes, tanto de Resonancia Nuclear Magnética (RNM) como de Tomografía por Emisión de Positrones (PET) indican que los pacientes con TEPT tienen reducción significativa del volumen y actividad metabólica del hipocampo comparado con los controles. Bremner et al realizaron un estudio en que se comparó, mediante RNM, el volumen del hipocampo de adultos con antecedente de abuso infantil y de controles. Todos los pacientes con abuso infantil cumplieron criterios para TEPT, entre ellos se encontró disminución del volumen del hipocampo izquierdo en un 12% con respecto a los controles(26). Este hallazgo continuó siendo significativo luego de controlar la edad, consumo de alcohol y nivel educacional. Se cree que los sucesos traumáticos producen liberación de neurotransmisores tóxicos que probablemente provocan daño neuronal irreversible, lo que podría explicar la mayor vulnerabilidad a TEPT y a otras patologías psiquiátricas.

Mediante PET, Bremner et al encontraron disfunciones en otras áreas cerebrales (corteza prefrontal y corteza de asociación visual) en mujeres con TEPT y antecedente de abuso infantil(27). No se sabe si estas alteraciones son causa o consecuencia del TEPT, pero se plantea que un suceso traumático en la niñez, sería capaz de producir alteraciones funcionales y anatómicas en distintas áreas cerebrales, modificando sistemas relacionados con la memoria y afectividad, entre otros, desarrollándose así una vulnerabilidad al TEPT.

Discusión y Conclusiones

La distinta vulnerabilidad para desarrollar TEPT ha motivado a los investigadores a estudiar factores de riesgo; uno de estos es el maltrato infantil.

A pesar que los estudios presentados en esta revisión tienen algunas limitaciones, el patrón de resultados es marcadamente consistente: el TEPT ocurre más frecuentemente en aquellas poblaciones que han experimentado previamente un maltrato infantil, lo que sugiere que el maltrato infantil puede tener un rol en la evolución o en la mayor vulnerabilidad al TEPT.

Dentro de las limitaciones de algunos estudios está el no haber investigado otras patologías psiquiátricas, no habiendo manera de discernir si la comorbilidad puede afectar los resultados de la investigación. Otra limitación potencial es que los maltratos infantiles se basaron en lo señalado por cada sujeto, lo que probablemente limita su veracidad. El antecedente de maltrato infantil en futuros estudios se podría evaluar mediante una entrevista psiquiátrica o con familiares. Los problemas metodológicos son prácticamente inevitables, debido a las diferencias en las definiciones (por ejemplo, de abuso sexual), en el tamaño de las muestras, en el uso frecuente de aproximaciones retrospectivas, y en el análisis estadístico limitado de los resultados. El desarrollo de aproximaciones prospectivas y de instrumentos válidos y confiables para la valoración del amplio rango de maltrato infantil podría ayudar a mejorar las investigaciones posteriores. Otra dificultad metodológica es el hecho que a menudo coexisten otros factores en el niño que son predictores independientes de trastornos mentales en la adultez, como por ejemplo, factores demográficos (bajo nivel de educación e ingreso), comorbilidad psiquiátrica (trastornos afectivos, ansiosos, trastornos de personalidad, abuso de sustancias), comorbilidad médica (limitaciones físicas, accidentes, quemaduras) y factores genéticos, entre otros.

Parece importante destacar que no sólo el abuso sexual o físico son importantes factores de riesgo para TEPT. El abandono, ya sea físico o emocional, puede pasar más desapercibido que un abuso sexual; sin embargo, su asociación con TEPT es alta.

En cuanto a los factores psicosociales, se puede concluir que el maltrato infantil causaría una alteración en la regulación de los afectos, lo que facilitaría la expresión de un TEPT en respuesta a un trauma. Aunque son necesarias más investigaciones, se debe tener en cuenta esta disregulación de los afectos para el tratamiento del TEPT.

Los estudios de neurobiología sugieren que la exposición al estrés en edades tempranas puede resultar en cambios a largo plazo en los sistemas involucrados en la respuesta al estrés. Sin embargo, permanece en duda si muchas de las alteraciones neurobiológicas observadas son una consecuencia directa del TEPT, o de adaptaciones al trauma independientemente de la enfermedad. En el futuro, las investigaciones neurobiológicas en el TEPT deberán centrarse en la integración de todos estos datos, y así proponer nuevas alternativas de tratamiento.

Finalmente, se puede concluir que la información presentada podría tener muchas implicaciones clínicas, por ejemplo en prevención y tratamiento del TEPT. Si el maltrato infantil contribuye significativamente al desarrollo de TEPT, entonces es importante que se investigue activamente y se realicen intervenciones para minimizar el impacto de las experiencias de abuso, idealmente de forma preventiva para evitar la aparición de TEPT. Se hace necesario contar con estudios futuros que aclaren la relación entre maltrato infantil y TEPT, cuya metodología incluya definiciones claras, muestra adecuada y extrapolable a la población, estadística atingente, instrumentos válidos y confiables y, en lo posible, una aproximación prospectiva (ejemplo: seguimiento a largo plazo de niños maltratados).


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CORRESPONDENCIA:
Carolina Marty M.
Louisiana 1152, Vitacura. Santiago de Chile.
Código postal: 6681440
E-mail: caromarty@yahoo.com.
Teléfono: (56-2) 212 4335
Recibido: Abril 2004
Aceptado: Mayo 2005
Los autores no refieren posibles conflictos de interés.

lunes, 11 de marzo de 2013

Teoría psicosocial de Erik Erikson etapas del ciclo vital


Elaboró una Teoría del desarrollo de la personalidad a la que denominó "Teoría psicosocial". En ella describe ocho etapas del ciclo vital o estadios psicosociales (crisis o conflictos en el desarrollo de la vida, a las cuales han de enfrentarse las personas):1
1.     Confianza Básica vs. Desconfianza. (desde el nacimiento hasta aproximadamente los 18 meses). Es la sensación física de confianza. El bebe recibe el calor del cuerpo de la madre y sus cuidados amorosos. Se desarrolla el vínculo que será la base de sus futuras relaciones con otras personas importantes; es receptivo a los estímulos ambientales es por ello sensible y vulnerable, a las experiencias de frustración son las experiencias más tempranas que proveen aceptación, seguridad, y satisfacción emocional y están en la base de nuestro desarrollo de individualidad. Depende entonces del sentimiento de confianza que tengan los padres en sí mismos y en los demás, el que lo puedan reflejar en sus hijos.
2.     Autonomía vs. Vergüenza y Duda (desde los 18 meses hasta los 3 años aproximadamente). Esta etapa está ligada al desarrollo muscular y de control de las eliminaciones del cuerpo. Este desarrollo es lento y progresivo y no siempre es consistente y estable por ello el bebe pasa por momentos de vergüenza y duda.El bebe inicia a controlar una creciente sensación de afirmación de la propia voluntad de un yo naciente, se afirma muchas veces oponiéndose a los demás. El niño empieza a experimentar su propia voluntad autónoma experimentando fuerzas impulsivas que se establecen en diversas formas en la conducta del niño, y se dan oscilando entre la cooperación y la terquedad, las actitudes de los padres y su propio sentimiento de autonomía son fundamentales en el desarrollo de la autonomía del niño. Este establece su primera emancipación de forma tal que en posteriores etapas repetirá esta emancipación de muchas maneras.
3.     Iniciativa vs. Culpa (desde los 3 hasta los 5 años aproximadamente). La tercera etapa de la Iniciativa se da en la edad del juego, el niño desarrolla actividad, imaginación y es más enérgico y locuaz, aprende a moverse más libre y violentamente, su conocimiento del lenguaje se perfecciona, comprende mejor y hace preguntas constantemente; lo que le permite expandir su imaginación. Todo esto le permite adquirir un sentimiento de iniciativa que constituye la base realista de un sentido de ambición y de propósito. Se da una crisis que se resuelve con un incremento de su sensación de ser él mismo. Es más activo y está provisto de un cierto excedente de energía, es posible ocuparse de qué es lo que se puede hacer con la acción; descubre lo que puede hacer junto con lo que es capaz de hacer.
1.   La intrusión en el espacio mediante una locomoción vigorosa,
2.   La intrusión en lo desconocido por medio de una curiosidad grande,
3.   La intrusión en el campo perceptual de los demás,
4.   Fantasías sexuales, (Los juegos en esta edad tienen especiales connotaciones simbólicas sobre aspectos sexuales). Respecto de esto último, el niño posee una genitalidad rudimentaria y tiene muchas veces sentimientos de culpa y temores asociados a ello
4.     Laboriosidad vs. Inferioridad (desde los 5 hasta los 13 años aproximadamente). Es la etapa en la que el niño comienza su instrucción preescolar y escolar, el niño está ansioso por hacer cosas junto con otros, de compartir tareas, de hacer cosas o de planearlas, y ya no obliga a los demás niños ni provoca su restricción. Posee una manera infantil de dominar la experiencia social experimentando, planificando, compartiendo. Llega a sentirse insatisfecho y descontento con la sensación de no ser capaz de hacer cosas y de hacerlas bien y aún perfectas; el sentimiento de inferioridad, le hacen sentirse inferior psicológicamente, ya sea por su situación económica- social, por su condición "racial" o debido a una deficiente estimulación escolar, pues es precisamente la institución escolar la que debe velar por el establecimiento del sentimiento de laboriosidad.
5.     Búsqueda de Identidad vs. Difusión de Identidad (desde los 13 hasta los 21 años aproximadamente). Se experimenta búsqueda de identidad y una crisis de identidad, que reavivará los conflictos en cada una de las etapas anteriores; los padres de los adolescentes se verán enfrentando situaciones nuevas que serán un nuevo reto para su misión orientadora. Son características de identidad del adolescente:
·         La Perspectiva Temporal, orientación en el tiempo y en el espacio
·         La Seguridad en Sí Mismo
·         La Experimentación con el Rol, énfasis en la acción
·         El Aprendizaje interés por el contacto con el medio ambiente y una estrategia del aprendizaje vital.
·         Polarización Sexual: Adecuado grado de desarrollo del propio interés sexual.
·         Liderazgo y Adhesión: Adecuada integración al grupo de "pares".
·         El Compromiso Ideológico, orientación valorativa y participación en el ambiente.
6.     Intimidad frente a aislamiento (desde los 21 hasta los 40 años aproximadamente). La intimidad supone la posibilidad de estar cerca de otros ya que posees un sentimiento de saber quién eres, no tienes miedo a “perderte” a ti mismo, como presentan muchos adolescentes el joven adulto ya no tiene que probarse a sí mismo. A esta dificultad se añade que nuestra sociedad tampoco ha hecho mucho por los adultos jóvenes la tendencia maladaptativa que Erikson llama promiscuidad, se refiere particularmente a volverse demasiado abierto, muy fácilmente, sin apenas esfuerzo y sin ninguna profundidad o respeto por tu intimidad. Esta tendencia se puede dar tanto con tu amante, como con tus amigos, compañeros y vecinos.
7.     Generatividad frente a estancamiento (desde los 40 hasta los 60 años aproximadamente). Periodo dedicado a la crianza de los niños. La tarea fundamental aquí es lograr un equilibrio apropiado entre la productividad y el estancamiento. La productividad es una extensión del amor hacia el futuro; tiene que ver con una preocupación sobre la siguiente generación y todas las demás futuras: teniendo y criando los hijos, la enseñanza, la escritura, la inventiva, las ciencias y las artes, el activismo social complementan la tarea de productividad. En definitiva, cualquier cosa que llene esa “vieja necesidad de ser necesitado”. El estancamiento, por otro lado, es la “auto-absorción”; cuidar de nadie, las personas tratan de ser tan productivas que llega un momento en que no se pueden permitir nada de tiempo para sí mismos, para relajarse y descansar. Al final, estas personas tampoco logran contribuir algo a la sociedad. Esta es la etapa de la “crisis de la mediana edad” se pregunta “¿Qué estoy haciendo aquí?”.
8.     Integridad frente a desesperación (desde aproximadamente los 60 años hasta la muerte). Esta es la última etapa. En la delicada adultez tardía, o madurez, la tarea primordial es lograr una integridad con un mínimo de desesperanza. Primero ocurre un distanciamiento social, desde un sentimiento de inutilidad existe un sentido de inutilidad biológica, debido a que el cuerpo ya no responde como antes; junto a las enfermedades, aparecen las preocupaciones relativas a la muerte. Los amigos mueren; los familiares también y ello contribuye a la aparición de un sentimiento de desesperanza. Como respuesta a esta desesperanza, algunos mayores se empiezan a preocupar con el pasado. La integridad yoica significa llegar a los términos de tu vida, y por tanto, llegar a los términos del final de tu vida. La tendencia mal adaptativa es llamada presunción. Cuando la persona “presume” de una integridad yoica sin afrontar de hecho las dificultades de la senectud.

CICLO VITAL FAMILIAR Y SUS CRISIS, LAS CRISIS NORMATIVAS



Estas crisis se refieren a aquellos cambios esperables que sucedan, asociadas a las diversas etapas del ciclo vital individual y familiar, y su superación significará un crecimiento y desarrollo de la familia.

Se caracterizan por ser en términos generales universales, ya que todas las familias de una misma sociedad pasarían de una forma u otra por las mismas crisis; por lo tanto, esto las hace previsibles.

A pesar de ello en muchas familias cuesta que estas crisis sean aceptadas y abordadas de forma directa, por lo esto, la forma en que se enfrenten dependerá de la flexibilidad y recursos de cada familia. Por esto en ocasiones se hace necesario que la familia cuente con el apoyo de un terapeuta familiar que los pueda orientar y apoyar en la elaboración de los conflictos que no están permitiendo que la familia pueda enfrentar la crisis como una posibilidad de crecimiento, así como estimular los recursos de la familia para futura situaciones que enfrentarán.

            Considerando las etapas del ciclo vital familiar, algunos autores, plantean que las posibles crisis normativas asociadas a cada etapa son:

1.      Etapa del enamoramiento noviazgo
Decisiones relacionadas con las prácticas sexuales durante el pololeo. Ej: ¿Tendrán relaciones antes de formalizar la relación o esperarán?
En caso que se inicie la actividad sexual en el pololeo, se debe decidir la forma de evitar las posibles consecuencias no deseadas, como el embarazo o la trasmisión de alguna enfermedad.
Ej: ¿Cuál de los miembros de la pareja utilizará métodos anticonceptivos? Y ¿qué método será?, etc.
La toma de decisiones respecto a cómo y cuando se llevará a cabo el matrimonio o la formalización de la relación de pareja frente a las familias de origen y el resto de la sociedad.
Ej: ¿Se casarán o sólo convivirán?, si se casan: ¿será por la iglesia o sólo por el civil?, ¿harán fiesta de matrimonio o no?, etc.

2.      Etapa del matrimonio o conformación de la pareja estable
Dificultades de uno o ambos componentes de la pareja para diferenciarse de su familia origen.
Ej: Cuando un miembro de la pareja pasa demasiado tiempo en la casa de sus padres, o cuando toma las decisiones prefiere consultarlo con sus padres en lugar de con su pareja.

Crisis en relación al uso de tiempo libre o individual, en contraposición al tiempo que se pasa con la pareja.
Ej: Salir un sábado con los amigos o dedicarlo a una noche romántica con su pareja.

3.      Etapa de crianza inicial de los hijos
·         Durante el primer embarazo, se eleva la ansiedad de la madre respecto al parto y la salud del futuro hijo. Ej: Si el hijo será sano o si ella será capaz de enfrentar el dolor del parto, etc.
·         Después de parto, la mujer se enfrenta al cambio brusco que le significa asumir su nuevo rol de madre, con todas las exigencias que esto implica.
Ej: Noches sin dormir porque el bebé tiene el horario cambiado, etc.

·         El marido puede experimentar la sensación de exclusión debido a la intensidad del vínculo madre –hijo que se establece en la primera etapa de la crianza.
Ej: “Ya no tienes tiempo para mí, ni para hacer el amor…”

·         Dificultades para equilibrar el tiempo que se dedica a la crianza con el tiempo que se le dedica a la pareja, el que se ve notoriamente disminuido.
Ej: Cuando la mujer está demasiado cansada al final del día que ni siquiera quiere conversar con su pareja, sólo quiere dormir.

·         También el tiempo dedicado a la crianza puede entrar en conflicto con el tiempo dedicado al desarrollo laboral, especialmente en el caso de la mujer.
Ej: Cuando llega el fin del post- natal… ¿volver a trabajar o no?

·         La planificación familiar y la decisión del número de hijos que tendrá la pareja.
Ej: Cuando un miembro de la pareja viene de una familia numerosa y el otro es hijo único o son sólo dos hermanos.

4.   Etapa de la escolaridad de los hijos
·         La salida del primer hijo del hogar puede producir crisis por la capacidad de la familia de tolerar este distanciamiento inicial, aunque sea sólo por períodos.
Ej: Chicos que no se acostumbrar al jardín infantil y lloran intensamente, especialmente cuando se da cuenta que con eso los padres lo vuelven a buscar.

·         El rendimiento escolar de los hijos puede convertirse en área de conflicto para la familia, especialmente cuando existen altas expectativas de rendimiento
Ej: Padre: “¿Cómo puedes llegar con estas notas?, si yo siempre fui el primero de mi curso….”.

·         Adaptación del área sexual de la vida de pareja con el cuidado y atención que exigen los hijos y el tiempo dedicado al ámbito laboral, lo que puede dejar muy poco tiempo para la intimidad de la pareja.
Ej: “Hace meses que no hacemos el amor, en la semana llegamos cansados de los trabajos y el fin de semana se nos va entre llevar a los chicos a cumpleaños y comprar las cosas que necesitan para la semana….no queda energía para nosotros”.

5.      El matrimonio en la mitad de la vida.
·         La crisis de la adolescencia de los hijos generalmente coincide con la crisis de la edad media de los padres, por lo que los conflictos se podrían potenciar, ya que se entrelazan el proceso de construcción de identidad en la que se encuentran los adolescentes, con la etapa de evaluación de la primera mitad de la vida en la que se encuentran los padres.
Ej: Padres que comienzan a ir al gimnasio o a hacer deporte para mantener su estado físico, y sus hijos adolescentes se niegan a acompañarlos.
      Dificultades en el cumplimiento de los horarios de llegada a la casa por parte de los hijos adolescente, etc.

6.      Independencia de los hijos
·         El paulatino alejamiento de los hijos es difícil para algunas familias, por lo que tienden a obstaculizar la independencia de los hijos con el objetivo que continúen en el hogar.
Ej: Padres que se niegan a que los hijos se vayan a estudiar a otra ciudad, o hijos que cuando se van a estudiar a otra ciudad son incapaces de organizar el dinero asignado, etc.

·         Dificultades de los padres para aceptar las elecciones de los hijos, tanto en ámbito vocacional como de pareja, debido a que algunos padres se consideran que los hijos deben cumplir las metas que ellos no lograron cumplir.
Ej: “Tú debes ser ingeniero, al igual que tu abuelo y yo lo fuimos, es una tradición familiar.”

·         Cuando se vuelven a encontrar la pareja sola, una vez que los hijos se han independizados, vuelven a aparecer conflictos antiguos que habían quedado latentes debido a que la pareja se había abocado a la crianza de los hijos.
Ej: “Ahora que los chicos están más grandes y podríamos salir, no lo hacemos porque tenemos gustos muy diferentes para divertirnos….pareciera que somos desconocidos…”

7.      El retiro de la vida activa.
·         Dificultades para  aceptar la jubilación y retiro de la vida laboral activa para aquellas personas que basaron demasiado su autoimagen en los aspectos laborales, descuidando otros aspectos de su vida.
Ej: “Qué hago yo en la casa ahora, me siento un estorbo…me aburro, estaba acostumbrado a salir a trabajar temprano y volver tarde por la noche…”

·         Aparición de enfermedades crónicas de uno o ambos miembros de la pareja con lo que se dificultan el desarrollo de las actividades cotidianas.
Ej: “Ella no se cuida, le detectaron  Diabetes, pero se niega a seguir el tratamiento, y cada cierto tiempo tiene que ir a urgencia por un shock diabético”.

·         Dificultades para asumir las labores de cuidado de uno de los miembros de la pareja, lo que limita al miembro que posee mejor salud en el desarrollo de sus actividades habituales.
Ej: “Siento que mi vida se ha transformado en cuidarlo a él, no deja que salga de la casa ni siquiera por dos horas…eso me tiene desesperada.”

·         Dificultades en el desarrollo del rol de abuelos, que debe asumir que ya no son quienes manejan la crianza sino que deben optar por una actitud de respeto por las reglas establecidas por los hijos en la crianza de los nietos.
Ej: “Déjalo que no coma, si total un día no le va a hacer mal….yo le doy dulces cuando tenga hambre”.

8.   Muerte de una de los cónyuges
·         Enfrentamiento a la cercanía de la propia muerte del cónyuge sobreviviente.
Ej: “Vive diciendo que estaría mejor muerta para así acompañar a su viejito…”
·         Muerte o pérdida de contacto  a muchos parientes y amigos del o la viudo(a), por lo que cada vez comienzan a sentir más la soledad y abandono.
Ej: “Ya nadie me visita, es que ya a nadie le importo…mejor me muriera…”

·         Esta situación de soledad produce sentimientos negativos, que unido a los problemas de salud, muchas veces hace difícil la relación del anciano con el resto de la familia, pudiendo llegar a presentar cuadros de depresión severa.
Ej: Abuelos que cuando los nietos los visitan reaccionan negativamente o que se rehúsan a salir de su casa, etc.



[i] Carrasco, E. y Hidalgo, C. (1999). Salud familiar: Un modelo de atención integral en la atención primaria. Editorial P. Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

EL CICLO VITAL CRISIS EVOLUTIVA


Cuando hablamos de ciclo vital nos referimos a las etapas que las personas atraviesan en general a lo largo de su vida, desde el nacimiento hasta la muerte.
Pasar de una etapa a otra implica necesariamente un cambio, y todo cambio implica en sí mismo una crisis, no solo en la persona que la esta atravesando sino también en el grupo familiar. Estas etapas son conocidas y bien definidas ya que están previstas por la vida, forman parte del desarrollo evolutivo. En cada una de estas etapas las personas tienen que realizar unas determinadas tareas, y el hecho de que aparezcan nuevos cometidos, supone un reajuste que a veces puede conllevar un desequilibrio. Si este reajuste no se hace de forma adecuada, la fase no se habrá resuelto bien y completamente, lo que supone que cuando haya otra etapa, los reajustes no se puedan realizar de forma correcta ya que los anteriores no estaban completados.
Es importante estudiarlas y tenerlas en cuenta a la hora de intervenir con las familias, ya que nos permite predecir algunos problemas frecuentes que suelen aparecer frente a dichos cambios y que son habituales que se presenten.
El ciclo vital familiar está inmerso en la cultura a la que pertenece la familia y las diferencias van a estar condicionadas por el nivel social, cultural, los mitos y creencias de cada familia y esto debe de tenerse en cuenta a la hora de actuar con la familia.

Dentro de ciclo vital podemos reconocer las siguientes etapas: la constitución de la pareja, nacimiento y crianza de los hijos, hijos en edad escolar, adolescencia, salida de los hijos del hogar y casamiento, etapa madura y ancianidad.
A continuación, vamos a pasar a definir las características de cada una de las etapas y los problemas que suelen aparecer en las mismas.
- Constitución de la pareja.
Con la formación de la pareja queda constituido un nuevo sistema, que será el inicio de una nueva familia con características propias. A su vez cada miembro traerá creencias, actitudes y expectativas que habrán heredado de sus propias familias. Una de las tareas que deben acometer es la de examinar cada una de estas creencias y negociarlas para establecer su nueva identidad como familia.
- Nacimiento y crianza.
El nacimiento de un hijo crea muchos cambios en la relación de pareja y en toda la familia. La incorporación de un hijo a la familia puede provocar mucha tensión en la pareja y supone también un vuelco hacia la familia extensa. Esto a veces puede ser recibido de forma positiva y otras aumenta la tensión y los conflictos. Los problemas frecuentes que suelen aparecer en esta etapa son: persistencia de la simbiosis madre e hijo a lo largo del tiempo, intolerancia por parte del padre de ocupar un lugar secundario en esta triada durante los primeros meses y una excesiva participación por parte de la familia extensa en el cuidado del bebé, con la consecuente dificultad de los padres para adaptarse al siguiente escenario. Entre las tareas que deben realizar es la de seguir manteniendo su relación de pareja a la par que dedicarse a la crianza del hijo/a.
- Hijos en edad escolar.
Supone el primer desprendimiento del hijo del seno familiar. La red social del niño se amplia y entra en contacto con otros adultos significativos ( Maestro/a). Estas nuevas experiencias pueden ser transmitidas al niño/a como algo bueno, donde el crecimiento tiene una connotación positiva, o pueden ser vividas de forma negativa, con muestras de ansiedad por parte de los padres ante la separación,  lo cual hará que el menor se encuentre en una situación muy conflictiva que dificulte su adaptación. Las tareas a realizar están encaminadas a facilitar la adaptación del menor al colegio y seguir realizando las funciones educativas con sus hijos/as y no delegarlas a la escuela.
- Adolescencia.
Etapa de grandes crisis para la mayoría de los individuos y las familias. Se producen grandes cambios en todos los integrantes del núcleo familiar y en las relaciones de estos con el exterior.
El adolescente se enfrenta a un periodo de transición entre la niñez y la edad adulta, con muchas turbulencias a nivel emocional. Tienen que definir su identidad y conseguir autonomía, aunque siguen necesitando el apoyo y supervisión de los padres para realizar con éxito este camino.
En esta etapa suelen aparecer problemas relacionados con la dificultad de los padres para establecer límites adecuados a sus hijos/as y dificultad para permitir el desprendimiento del adolescente del seno familiar.
- Salida de los hijos del hogar.
Marcada por la capacidad de la familia para desprenderse de los hijos e incorporar nuevos individuos como el cónyuge o la familia política. Los padres deben de saber reconocer y aceptar a la nueva familia de su hijo como diferente y con características propias.
Hay familias que atraviesan esta etapa con mucha dificultad. Las parejas que se han centrado en la crianza de sus hijos dejando a un lado la relación de pareja, suelen vivir esta etapa con sentimientos de perdida por la marcha de los hijos y suelen aparecer problemas para reencontrarse y estar solos. La tarea que deben realizar los padres en esta etapa es favorecer la marcha de los hijos y vivirla como un momento de aproximación de la pareja, dónde es posible realizar cosas que se postergaron durante la crianza de los hijos.
- Edad madura.
La pareja se enfrenta a nuevos desafíos. Por un lado se produce el cese de la vida laboral, y esto puede ser recibido por algunos como el momento para realizar todas aquellas actividades que no han podido llevar a cabo hasta el momento, y para disfrutar del nuevo rol de abuelo/a. Para otros puede suponer una etapa improductiva, apareciendo grandes dificultades para ocupar el tiempo que antes dedicaban al trabajo.
- Senectud.
Se producen cambios a nivel físico y/o emocional, que implican un deterioro de las capacidades de la persona. En esta etapa pueden aparecer problemas relativos a quien proporciona cuidados a los padres. El que aparezcan o no conflictos entre los hijos/as, dependerá de como se establecieron las relaciones a lo largo de la historia familiar