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jueves, 11 de octubre de 2012

DROGAS Y ACCIDENTES LABORALES



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Los consumos de drogas y alcohol provocan alteraciones en la conducta número de accidentes laborales se están empleando abundantes medios técnicos y humanos, pero no siempre con resultados satisfactorios. Sin menospreciar estos medios, que deben seguir incrementándose, hay que apuntar otra controvertida causa:

Las drogas como factor de riesgo laboral:

- El alcohol, incluso en dosis bajas, provoca alteraciones perceptivas, ralentización en el procesamiento de la información y en la atención (falta de concentración), que dificultan la evaluación de riesgos y que afectan negativamente al rendimiento laboral. Tiene también importantes repercusiones en la conducción de vehículos y en el manejo de la maquinaria.

- Los consumos de Marihuana y derivados provocan dificultades para la realización de tareas complejas, reducción de la atención y alteraciones perceptivas y en la capacidad de reacción. La Marihuana afecta de forma notable en la conducción de vehículos y el manejo de maquinaria. Es ilegal conducir bajo sus efectos.

- Los estimulantes y sedantes (anfetaminas y derivados, cocaína, ketamina, speed, …) provocan estados de ansiedad y depresivos, irritabilidad, disminución de la atención y trastornos del sueño.

- Los opiáceos, como la heroína, producen la ralentización de los procesos cognitivos, que están acompañados de somnolencia y reducción de la actividad.

- La combinación de diferentes drogas, por ejemplo alcohol y tranquilizantes, produce con frecuencia efectos no deseados y potencia los síntomas negativos de cada sustancia.

Algunas de las consecuencias laborales de los adictos a estas drogas:


- Realiza mal su trabajo y se reduce su rendimiento.
- Llega tarde.
- Necesita descansos más prolongados.
- Alteraciones físicas y psicológicas con mayor frecuencia.
- Se siente irritado y nervioso.
- A veces reacciona violentamente ante los demás.
- Mayores riesgos de sufrir accidentes al reducirse sus reflejos.
- Aumentan los conflictos personales.
- Puede provocar accidentes que pongan en peligro la vida de los demás.
- Provoca sobrecarga de trabajo a otras personas.
- Hace que se incrementen los costos de producción.
- Puede provocar daños en los equipos y materiales de la empresa.
- Provoca problemas disciplinarios y conflictos laborales.

¿Cómo prevenir los consumos de alcohol y otras drogas?

Prevenir es anticiparse a los hechos. Cuando ya se producen consumos de alcohol y otras drogas, los programas de prevención intentan evitar que dichos consumos se incrementen y así reducir su frecuencia, o al menos a evitar determinados efectos o problemas derivados del consumo, como por ejemplo: el prevenir accidentes de tráfico provocados por la conducción bajo los efectos del alcohol.

La elevada incidencia de los consumos de alcohol y otras drogas entre los trabajadores, justifican que la prevención sea la principal prioridad de las políticas para hacer frente a éste problema en instituciones laborales. Conviene no olvidar que el alcohol y otras drogas en la empresa son un problema de todos. La experiencia demuestra que no es fácil superar los problemas cuando se producen situaciones de dependencia a las drogas, por ello sin ninguna duda es más útil prevenir.

El gran peligro del consumo de estas drogas desde edades tempranas es el riesgo de ir aumentando las dosis hasta extremos peligrosos o como hemos detectado en varias ocasiones la asociación de dos o más sustancias. Además del riesgo de adicción física, múltiples estudios demuestran el deterioro psíquico que sufren a corto plazo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Drogodependencia en El Ambiente Laboral España




Drogodependencia en El Ambiente Laboral

CONSECUENCIAS DE LAS DROGAS EN EL CLIMA LABORAL PERU




Uno de cada 10 trabajadores se droga en la empresa ó institución pública y privada en el Perú.
Los consumidores se concentran entre los 19 y 25 años. La marihuana y la cocaína son lo más habitual.
"En horario de trabajo, nos encerrábamos en una oficina que tuviera persianas, las cerrábamos y con tranquilidad, haciendo cuenta que estábamos en una reunión de trabajo, nos tirábamos un par de líneas".

Así de fácil es consumir droga dentro de la empresa. La frase es de Matías, nombre ficticio de un ingeniero agroindustrial de 40 años que llegó a subgerente de una multinacional y que prefiere no identificarse.

En su oficina del sector oriente de la capital se encerraba a diario con cinco compañeros a consumir cocaína y marihuana, que le traía hasta su propio escritorio el júnior.

La historia de Matías es más común de lo que imagina. En Perú, uno de cada diez trabajadores consume drogas ilícitas, así lo demuestra el segundo estudio de drogas en la población laboral de la Corporación La Esperanza, en el que se entrevistó a 1.050 trabajadores, desde obreros a gerentes, de seis compañías medianas y grandes, de los rubros alimentos, minería, manufactura y telecomunicaciones, ubicadas en las regiones Metropolitana.

Microtráfico.
Otro de los hallazgos que destaca el estudio es que en todas las empresas se constató presencia de micro-tráfico. Del total de personas que recibieron ofertas de drogas un 5% fue abordado en el lugar de trabajo o en sus alrededores. "Cuando salía de viaje, el júnior sabía que cuando volviera me tenía que dejar una o dos bolsas de cocaína en el porta lápices y en las mañanas cuando me entregaba el diario o la correspondencia me daba un paquete", cuenta Matías.
Si el júnior no estaba, él llamaba a cualquier dealer, que se la entregaba en el estacionamiento de la empresa o en el lobby del edificio. "A cualquier hora, a las 9:00 de la mañana, en la hora de colación o a las 10:00 de la noche, cuando lo necesitara", cuenta el ejecutivo que trabajaba en una empresa de telecomunicaciones, ubicada en la ciudad de Lima.

Del total de personas que reconoció haber consumidos drogas el último año, el 6,2% dijo que prefirió marihuana, el 2,5% cocaína y el 0,5% pasta base. Es decir, el 9,2% ha consumido alguna droga ilícita, cifra que supera en cerca del 50% al consumo de la población total, que llega al 5,7%.

El estudio realizado llama la atención sobre el uso de la cocaína en la población laboral de entre 26 y 34 años, que es superior al que registra la población peruana en general. "Por lo que puede asociarse el uso de este estimulante tóxico con el mundo laboral y sus características", establece la investigación.

"Lo hacía por un tema de rendimiento para poder trabajar más, poder levantarme y estar más despierto, pensé que me serviría para tener una mayor agilidad mental. Usé la cocaína de muleta para afirmarme, para poder rendir. En mi peor época, llegué a gastar entre $20 y $40 dólares por semana”, dice Matías.

Sin miedo.

El grupo de los trabajadores estaría más predispuesto a iniciarse en el consumo de drogas ilegales porque no lo asocian con consecuencias negativas.

Al preguntar a los trabajadores si usar marihuana con frecuencia era una conducta de gran riesgo, dos de cada tres empleados dijeron que no, y con respecto a la cocaína, uno de cada tres dijo que no lo consideraba arriesgado. Además, las personas drogodependientes generan una falsa sensación de inocuidad ya que son ellos los que afirman con mayor frecuencia que las drogas no hacen mal.

Esto hace que muchos trabajadores estén en riesgo de caer en el consumo de drogas, porque si existe micro-tráfico en la empresa y, además, no existe conciencia del peligro que ellas involucran, no existe una barrera objetiva ni subjetiva frente a su uso.

Lo que es grave porque investigaciones recientes demuestran que la marihuana reduce entre un 30% y un 40% los reflejos y la capacidad de reaccionar y que un tercio de los accidentes laborales graves tienen como protagonistas a personas bajo los efectos de sustancias tóxicas.

Matías se fue destruyendo de a poco. "Perdí la memoria, el sentido de la ubicación, empecé a ser más descuidado con los detalles de trabajos que tenía que entregar, con la atención a clientes que tenía a mi cargo, no iba más allá, hacía lo justo. Los últimos 2 años fueron terribles, me llené de problemas. Era como si todo me estuviera explotando en la cara, venía la ola y no la podía parar", recuerda el ejecutivo.
Prevención.

"En mi empresa, en la práctica, no había nada de prevención o alguna persona con quién hablar. En la intranet había información de alcohol y drogas, pero no había ninguna acción de prevención, que uno dijera alguien se está preocupando. No habían políticas y eso me jugó en contra, tal vez habría accionado el botón", dice Matías, quien finalmente renunció y luego de robarle hasta a su señora, se fue de la casa y fue recogido por su hermana y comenzó a rehabilitarse.

La educación y la capacitación laboral sí influyen a la hora de prevenir. La percepción de riesgo respecto del consumo de drogas aumenta en 20%, lo que a la vez reduce el riesgo-empresa de desarrollar adicciones, accidentes y otros problemas como mal clima laboral o robos.

Consumo de alcohol y otras drogas en el medio laboral




Consumption of alcohol and other drugs in the occupational environment

Enriqueta Ochoa Mangado(1), Agustín Madoz Gúrpide(2)
(1) Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario Ramón y Cajal. Madrid. España.
(2) Centro de Salud Mental de San Blas. Madrid. España.

RESUMEN
El consumo de alcohol y otras drogas tiene una elevada prevalencia en la sociedad en general, y también entre la población trabajadora, repercutiendo sobre el medio laboral. La repercusión del consumo de estas sustancias en el medio laboral es muy importante (enfermedades, accidentes laborales, absentismo, incapacidades laborales, disminución de la productividad…). Se valora la necesidad de una política en el medio laboral encaminada a prevenir o minimizar los riesgos laborales derivados del consumo de estas sustancias, con programas de prevención y apoyo que aporten información básica de referencia y orienten al abordaje asistencial de los trabajadores afectados.
Palabras clave: Alcohol, droga ilegal, ámbito laboral, prevención, legislación laboral.


ABSTRACT
The consumption of alcohol and other drugs has high prevalencia in the society in general, and in the population of workers especially, affecting on the occupational area. The repercussion of the consumption of these substances in the working enviroment is very important (diseases, occupational accidents, absenteeism, occupational disabilities, decrease of the productivity). They are necessary political measurements in the occupational area to prevent and to minimize the risks derived from the consumption of these substances. There should be included programs of prevention and support, which offer basic information and orientation to the medical aproach of the affected workers.
Key words: Alcohol, illegal drug, occupational area, prevention, occupational legislation.


Introducción
La legislación sobre materia laboral en España surge dentro del marco de la Constitución1 que indica el deber de los poderes públicos por velar por la seguridad e higiene en el trabajo (Art. 40), y el derecho a disfrutar de un medio ambiente laboral adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo (Art. 45). Estos deberes y derechos plantean la necesidad de desarrollar políticas de promoción de la salud en el trabajo. Dentro de estas políticas se encuentran las de prevención y asistencia de problemas relacionados con el alcohol y otras drogas, que se enmarcan también en el marco de las leyes sobre Salud y Seguridad en el Trabajo.
Las condiciones de trabajo son una parte importante en la vida y pueden tener una decisiva influencia en los niveles de salud y bienestar, dentro y fuera del ámbito laboral. La prevención de riesgos laborales es un deber de las empresas y un derecho de los trabajadores, los cuales también deben velar por la protección de su propia salud y la de sus compañeros. La Unión Europea considera un objetivo básico de las políticas laborales la protección de la salud de los trabajadores mediante la prevención de riesgos directamente derivados del trabajo y de los riesgos que pueden afectar al rendimiento laboral.
La gravedad de los consumos de alcohol y/o otras drogas en el medio laboral ha sido reconocida desde hace tiempo por la Organización Internacional del Trabajo, que considera que el consumo de alcohol y de drogas es un problema que concierne a un número elevado de trabajadores2. Señala que los efectos nocivos del consumo de alcohol y drogas en el lugar de trabajo y en el rendimiento laboral son corrientes a todos los niveles. La seguridad profesional y la productividad pueden verse afectados de forma adversa por empleados bajo el influjo del alcohol o las drogas3. Indica también como el consumo de alcohol y drogas por los trabajadores produce un fuerte impacto, que se extiende a familia y compañeros de trabajo que son afectados en términos de pérdida de ingresos, estrés y baja moral4. Por tanto el consumo de alcohol y otras drogas es un problema que no sólo afecta al consumidor, sino también al ambiente laboral y la eficacia de una empresa.

Prevalencia de consumo de alcohol y otras drogas en el medio laboral
La elevada prevalencia entre la población trabajadora del consumo de alcohol y/o otras drogas convierte estos consumos en un problema de gran magnitud. Los primeros estudios a nivel nacional sobre el consumo de drogas en el medio laboral5,6 así como estudios en Estados Unidos7 y Europa8 corroboran las elevadas prevalencias, con cifras semejantes a las referidas por las Encuestas Domiciliarias sobre Consumo de Drogas9 , las Encuestas sobre Drogas a la Población Escolar10 y el Observatorio Español sobre Drogas11.
Respecto al alcohol, según la última Encuesta Domiciliaria sobre Consumo de Drogas9, su consumo y abuso alcanza prevalencias más altas en la población activa asalariada que en el total de la población. Un 95% de la población laboral ha tomado bebidas alcohólicas alguna vez y el 90% lo han hecho en los últimos doce meses. Estiman que el 12% de los trabajadores beben con niveles de consumo que suponen un riesgo para la salud. El 26% de los bebedores han presentado problemas derivados por el uso de alcohol, y casi un 7% de los bebedores han sufrido algún tipo de consecuencia laboral negativa por el uso del alcohol (accidentes, sanciones, absentismo, despidos).

Un reciente estudio realizado en 2006 en la Comunidad de Madrid, encuentra también que el 95% de los ocupados consumió alcohol alguna vez, el 93% lo hizo en los últimos doce meses, 86% en el último mes y 65% en la última semana. La cantidad media de alcohol consumido es de 45 ml./día (41ml. en días laborables y 48 ml. los fines de semana), siendo mayor en varones que en mujeres. Los consumos más altos los realizan la población entre 24- 34 años los días laborables (46 ml./día de media) y los de 16-24 años en fin de semana (72 ml./día de media). Al valorar la frecuencia de consumo, el 40% bebió con frecuencia media (1 a 4 veces/semana), y el 13% lo hizo con frecuencia elevada (5 a 7 veces/semana). Según la cantidad diaria ingerida, el 23% son bebedores moderados (21-60 gr./día en varones y 21-40 gr. en mujeres), y el 10% son bebedores abusivos (más de 60 gr./día en varones y 40 gr./ día en mujeres). De este 10%, un 2,5% beben con frecuencia elevada (diario o casi diario) un 5,6% lo hacen con frecuencia media (hasta cuatro días por semana), y tan sólo un 1,9% bebían 1 o 2 días en semana. Los bebedores abusivos son con mayor frecuencia hombres (12,6%) que mujeres (6,9%). Por edad destacan los de 16-24 años (15,2%) y los de 25- 34 años (10%). El lugar donde se consume con más frecuencia es en bares, pubs y cafeterías, pero casi el 2% lo hace en el trabajo12.
Otros estudios en nuestro medio encuentran cifras más altas, ya que según éstos el 14% de los trabajadores son bebedores abusivos13,14.
El cannabis es la sustancia psicoactiva ilegal más consumida, y entre determinados segmentos de población tiene prevalencias casi tan importantes como el tabaco y el alcohol. Un 54% de los activos laboralmente refieren haberlo consumido alguna vez, el 34% lo han hecho en los últimos doce meses y el 27% en los últimos treinta días. El 10% de los trabajadores refiere su consumo habitual (de 3 a 7 veces/semana). Consumen con más frecuencia los varones, y aquellos entre 16-34 años12. Estos consumos son mucho más frecuentes que los referidos en estudios más antiguos, que indicaban un consumo en el último mes en población activa del 7-9%13-15.
La cocaína es también una sustancia ilegal bastante consumida entre algunos segmentos de la población laboral. Un 22% de los activos laboralmente han consumido cocaína alguna vez, un 12% lo han hecho en los últimos doce meses y el 7,5% en los últimos treinta días. El consumo es más esporádico que en otras sustancias: así el 0,4% refiere consumirla con frecuencia diaria o casi-diaria. Los varones consumen más que las mujeres, especialmente los de 16-34 años12. Esta prevalencia de consumo ha aumentado de forma importante en los últimos 10 años, que referían prevalencias mensuales entre el 1,6-3%13-15.
El consumo de alucinógenos, drogas de síntesis y anfetaminas está muy asociado entre ellas, y también al de cocaína y cannabis. Aunque su uso frecuente no es muy amplio, aunque en ciertos segmentos de población laboral como entre los varones de 16-24 años es importante, con una prevalencia del 7-10% en los últimos doce meses12. Este consumo ha aumentado en los últimos años, pasando de 0,8-1% hace 10 años al 1-3% actual13-15.

Un 0,4% de los activos laboralmente han consumido heroína alguna vez y un 0,1% lo hicieron en los últimos doce meses. Parece que el consumo de heroína en población laboral ha descendido claramente en los últimos 10 años. El perfil de sus consumidores en situación laboral activa corresponde a varones (3/1), de edades entre 25-34 años actual12-15.
Entre los consumidores de drogas ilegales, el 33% ha experimentado alguna consecuencia negativa y un 7,6% presentó consecuencias laborales negativas14.

Consecuencias derivadas del consumo de drogas
El 55,7% de los trabajadores consideran que el alcohol y las drogas son un problema importante en el mundo laboral. Enfermedades, accidentes laborales, disminución de la productividad y mal ambiente entre compañeros, son las principales razones por las que el alcohol y las otras drogas se consideran un problema en el mundo laboral12.
La repercusión que el consumo de alcohol y/o otras drogas produce en el medio laboral es muy importante. Según estudios de la International Labour Organization16, los trabajadores que consumen alcohol y otras drogas presentan un absentismo laboral de 2 a 3 veces mayor que el resto de los trabajadores. La bajas por enfermedad de estos trabajadores dependientes del alcohol u otras drogas tiene un coste 3 veces mayor a las del resto de los empleados, a la vez que esas mismas personas perciben también indemnizaciones por un importe 5 veces mayor que el resto de sus compañeros. El 20-25% de los accidentes laborales ocurren en trabajadores que se encuentran bajo los efectos del alcohol u otras drogas, y causan lesiones a ellos mismos u a otros. El consumo de alcohol y otras drogas afecta negativamente a la productividad, ocasionando importantes perjuicios a empresarios y trabajadores por absentismo, desajustes laborales, incapacidades laborales, rotación del personal, reducción del rendimiento laboral y mala calidad del trabajo17.
En España se calcula que entre el 15-25% de la siniestrabilidad laboral se debe a problemas relacionados con el alcohol. Los bebedores tienen 3 veces más accidentes en el trabajo que otros trabajadores, perdiendo muchos más días laborables por enfermedad. El uso de cannabis afecta negativamente a la capacidad de realizar tareas que requieren atención y concentración, aumentando el riesgo de accidentes laborales. Muchos consumidores de cocaína pueden tener problemas, tanto en tareas que requieran atención y concentración como por absentismo laboral y otras consecuencias. El uso de estimulantes incrementa el riesgo de padecer accidentes de trabajo o de tráfico. Estudios nacionales en población laboral mostraron que el 23-31% de los trabajadores consumidores de drogas han tenido alguna consecuencia negativa derivada de sus consumos, y el 13-15% fueron de carácter laboral (bajas laborales, absentismo, accidentes laborales, tensiones laborales, bajo rendimiento laboral…)12.

Factores de riesgo en el consumo de alcohol y otras drogas
La causalidad del uso de drogas es multifactorial, influyendo factores personales, familiares y sociales, como la búsqueda de satisfacción inmediata o la tendencia a la evasión y al aturdimiento ante determinadas situaciones18. Factores no laborables y laborables pueden influir el consumo de alcohol, cocaína, y cannabis.
Diversas variables se consideran factores de riesgo no laborales, ya sean familiares, sociales o personales (Tabla I).
Los factores laborales que se consideran de riesgo para el consumo se describen en la Tabla II.

Estos factores laborales pueden tener un peso real superior al explicitado verbalmente entre las razones para consumir alcohol u otras drogas18
Además, el entorno laboral puede comportar la exposición a otros factores de riesgo para el abuso de drogas, aumentando la probabilidad de desarrollar problemas derivados del consumo de drogas. Hay trabajos que potencian situaciones de riesgo alcohólico u de otras drogas, como aquellos en los que hay disponibilidad de alcohol (bares, etc), presión social para beber o consumir estimulantes en trabajos dependientes de la relación social, o presión del entorno laboral donde otros trabajadores consumen habitualmente.
En relación con la presencia de las drogas en el lugar de trabajo, el 55% indica que conoce a algún compañero de trabajo que bebe en exceso o consume alguna droga12. Entre los trabajadores, los más jóvenes (de 16 a 34 años) y especialmente los de 12 a 24 años, son los que están en situación de mayor riesgo. Estos jóvenes son los que tienen prevalencias más altas de abuso de alcohol y también de consumo de cannabis, éxtasis o cocaína. Y por estos consumos pueden presentar consecuencias negativas, tanto a nivel de salud, familiar, social y laboral. Por esta situación de mayor riesgo y vulnerabilidad, en especial los de 16 a 24 años, se requiere acciones prioritarias en las empresas y por parte de las instituciones. Estas acciones se basarán en una buena información sobre los riesgos de las drogas, formación en actitudes saludables, prevención en ciertos ámbitos (familia, ocio, relaciones grupales...), así como una pronta atención cuando empiezan a sufrir las primeras consecuencias de los consumos.

Políticas de actuación
La importancia de actuar en el campo de las adicciones deriva de los enormes costes directos e indirectos que el consumo de alcohol, cocaína u otros psicoestimulantes, cannabis, heroína, psicofármacos… provocan en el medio laboral, al generar problemas de salud, incrementar los riesgos de accidentes laborales, favorecer la conflictividad, las bajas laborales, el absentismo, la disminución de la productividad… 19.
Las administraciones sanitarias, en el marco de sus competencias tienen que promover actuaciones que permitan conocer la salud de los trabajadores y posibiliten el desarrollo de programas de prevención para los problemas detectados. Deben de poner en marcha en el medio laboral programas de prevención sobre el consumo de alcohol y otras drogas, así como impulsar programas asistenciales que faciliten la atención de los trabajadores que lo precisen. Los costes derivados del uso de sustancias en el lugar de trabajo superan ampliamente los que puedan derivarse de las programas de prevención y asistencia20.
Los programas de prevención y apoyo en relación con las drogas deben realizarse en cualquier empresa, independientemente de su tamaño. Deberán ser flexibles y adaptables a las distintas realidades. Estos programas contarán con la participación de los diversos sectores de la empresa y de los empleados, respondiendo a sus preguntas e inquietudes, y presentándolos de forma positiva, no sancionadora.
Los programas para prevenir o minimizar los problemas de consumo deben abarcar diversos aspectos, que van desde la información hasta la facilitación de la asistencia de los trabajadores enfermos que lo deseen21 (Tabla III).

Los programas de prevención encaminados a mejorar la situación de los trabajadores en relación con el consumo de drogas deben promover cambios de estilo de vida, e incluso de cultura de la salud dentro de la empresa. Para ello es importante conocer las actitudes y conductas de los trabajadores hacia los consumos, antes de definir los objetivos de carácter preventivo y asistencial.
Las políticas preventivas en relación con el alcohol y otras drogas deben de ser informativas, de protección y de sensibilización. Con carácter preventivo se facilitará el no consumo en la empresa (supresión de venta interior, mejorar las condiciones de trabajo….). Respecto a los trabajadores se buscará cambiar actitudes y conductas en relación al consumo, con información amplia, clara y ajustada a la realidad sobre las drogas y las consecuencias sobre su abuso21.
Se buscará detectar precozmente los problemas existentes relacionados con el consumo y facilitar la atención a los trabajadores adictos que lo deseen. 
Los procedimientos diagnósticos para detectar los problemas deben ser conocidos y aceptados voluntariamente por los usuarios, respetando su confidencialidad. Los tratamientos se propondrán evitando la marginación de la persona a tratar y se facilitará la normalización y reinserción laboral.
Dentro de las políticas para controlar el consumo de alcohol en la empresa pueden realizarse diversas medidas como supresión de la venta de alcohol dentro del recinto de la empresa, detección precoz de bebedores excesivos, detección de problemas relacionados con el alcohol, ofertar a los bebedores excesivos y a los dependientes atención personalizada para reducir o abandonar el consumo de alcohol. Si lo acepta, asegurar la confidencialidad y proteger la seguridad del puesto de trabajo. Si no acepta la ayuda y el problema continúa o se agrava, aplicar medidas disciplinarias escalonadas, evitando que sean irreversibles21.
En la detección precoz de los consumos puede ser útil prestar atención a diversos síntomas que sin ser patognomónicos orientan a pensar en abuso de alcohol y/o otras sustancias21 (Tabla IV).


Se debe de valorar la cantidad consumida, el patrón de consumo y si presentan criterios de dependencia de alcohol. El CAGE puede ser útil en la detección de problemas relacionados con el alcohol22. En bebedores de riesgo sin dependencia se informará de los riesgos que pueden producir el uso de alcohol y las ventajas de disminuir la ingesta. La realización de controles de orina pueden ser útiles para la determinación reciente de consumo de drogas, pero debe realizarse con las garantías jurídicas y éticas necesarias.
La política de drogas de la empresa debe garantizar que su objetivo no es perseguir a los adictos, sino contribuir a mejorar las condiciones de salud y seguridad en la empresa. El hecho de que la embriaguez y el consumo de drogas sea motivo de sanción o despido para los trabajadores puede dificultar las políticas de drogas de la empresa. En lugar de asumir una posición punitiva y sancionadora, la empresa debe contribuir a prevenir, detectar precozmente o mejorar situaciones problemáticas en relación con las drogas. La legislación vigente regula el despido disciplinario por causas derivadas del consumo de alcohol y otras drogas si repercuten negativamente en el trabajo23. Esta medida debe de ser la última a adoptar, y antes de ella deben de utilizarse sanciones intermedias, como faltas leves, graves y muy graves.
La mayor parte de las empresas no han establecido protocolos para la identificación precoz de los trabajadores que presentan problemas con el alcohol u otras drogas. En general, las empresas no reaccionan hasta que se produce una crisis originada por el grave comportamiento del trabajador y existe grave repercusión en el medio laboral. Cuando las circunstancias obligan a la empresa a tomar decisiones, pueden ser excesivas por temor a las repercusiones negativas, con sanciones disciplinarias que con frecuencia excluyen más al dependiente.
Algunos autores recomiendan un protocolo de actuación para los pacientes con trastornos mentales graves, que es aplicable a los pacientes con adicción a alcohol u otras drogas24-26.
Confrontar al trabajador enfermo con las alteraciones que padece y sus consecuencias laborales, por parte de las personas más adecuadas como médico de empresa, especialista de prevención de medios laborales, superior jerárquico, miembro del equipo de dirección….
Valorar el grado de conciencia respecto a los consumos que presenta, a sus conductas y a la posible motivación para iniciar tratamiento. La frecuente minimización de los consumos que realiza el adicto debe confrontarse con la repercusión en las conductas que realiza.
Documentar las alteraciones de conducta del trabajador, percibidas por compañeros y/o supervisores, jefes, representantes sindicales u otros.
Comunicar por escrito a la Directiva del centro y al Servicio de Prevención de riesgos laborales, solicitando valoración del trabajador dependiente de sustancias.
Citar al trabajador por vía convencional en el servicio de Prevención, según el art. 22 de la ley 31/9527 para realizar examen del estado de salud, con las garantías habituales de confidencialidad, etc. y se emitirá un juicio clínico-laboral y grado de aptitud para su puesto de trabajo.
Si el trabajador no acude a la citación previa, citar por escrito mediante carta certificada o burofax para reconocimiento médico obligatorio por sospecha de riesgo para él mismo o para terceros, tras la aprobación preceptiva del Comité de Salud y Seguridad del centro. Si tampoco acude se realizará comunicación a Dirección-Gerencia para solicitar valoración médica involuntaria por vía judicial.
Tras la evaluación el trabajador será remitido a su médico de referencia para ser evaluado por los profesionales sanitarios convenientes.
Si el trabajador niega el consumo y las alteraciones conductuales, se consultará con sus familiares si es posible.
Siempre que sea posible, se modificará el trabajo del paciente para hacer lo posible que siga trabajando.
En casos de máxima gravedad, se activarán los protocolos de intervención urgente con intervención de los profesionales que marcan la ley de Seguridad de Prevención de riesgos Laborales.

Aunque el artículo 35.1 de la Constitución1 establece que los ciudadanos tienen el derecho y el deber de trabajar, se trata de una capacidad que precisa determinadas aptitudes funcionales para llevarla a la práctica. Por ello además de valorar el diagnóstico y la situación en que se encuentra el adicto, es importante valorar las capacidades del afectado para el empleo específico28. Su posibilidad de trabajar depende de múltiples variables, como el grado de adicción y si se encuentra en fase de consumo o de abstinencia, la afectación de los consumos en sus funciones ejecutivas, considerando también la adecuada competencia psicosocial que mantenga y las demandas que le provoca un determinado trabajo. Es importante valorar los recursos cognitivos que mantiene y el riesgo de que sus conductas y enfermedad ocasionen malestar clínicamente significativo o deterioro del funcionamiento laboral26.
No es infrecuente que durante la intoxicación de alcohol u otras drogas (principalmente estimulantes) se produzcan amenazas o conducta violentas en el medio laboral. Si estas aparecen se utilizará las mismas estrategias de intervención que en las conductas agresivas fuera del marco de la intoxicación26:
Técnica de desactivación o de desescalada. En primer lugar, verbalmente, se tratará de reducir la tensión, dirigiéndose al paciente de forma tranquila y no provocadora, intentando establecer una conversación y plantearle otras alternativas más eficaces, así como ofrecer medicación para su toma voluntaria si lo precisa.
Intervención contra la voluntad del trabajador, con empleo de contención física, sujeción mecánica e intervención farmacológica si existe riesgo elevado para él o para otros.
Una vez sedado se vigilará de forma continuada y se aplicarán los exámenes médicos precisos para el diagnóstico y tratamiento más eficaz.

Conclusiones
El consumo de alcohol y/ otras drogas es muy prevalente en el medio laboral. Se estima que el 10% de los activos laboralmente son bebedores de riesgo (más de 40 gr./día en mujeres y de 60 gr./día en varones), y el 8% son bebedores abusivos y frecuentes. Las prevalencias consumo de otras drogas en el último mes se estiman en 27% para el cannabis, 7,5% para la cocaína, 2,7% para las drogas de síntesis y 1% para los alucinógenos. El consumo de heroína es menor del 0,1%.
La repercusión que el consumo de alcohol y/o otras drogas produce en el medio laboral es muy importante. Producen importantes perjuicios a la empresa y a sus compañeros por el aumento de enfermedades, accidentes laborales, absentismo, e incapacidades laborales, junto con disminución de la productividad, y mal ambiente laboral. Por ello son necesarios programas de prevención y apoyo en relación con el consumo de alcohol y otras drogas en cualquier empresa. Estos programas aportarán información básica de referencia, pautas para plantear actuaciones preventivas, orientación para el abordaje asistencial de los trabajadores con problemas y criterios de derivación asistencial.

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jueves, 4 de octubre de 2012

Terapia cognitivo-conductual breve en un grupo de dependientes a drogas




Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría

Print version ISSN 0211-5735

Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq.  no.81 Madrid Jan.-Mar. 2002

ARTÍCULO ORIGINAL


Brief cognitive-behavioral therapy in a group of dependents drugs
Emilio Sánchez Hervás, Vicente Tomás Gradolí, Reyes del Olmo Gurrea, Noemi Molina Bou y Esperanza Morales Gallús
Unidad de Conductas Adictivas de Catarroja. Consellería de Sanitat. Valencia.

RESUMEN
Se evalúa la efectividad de una intervención psicológica dirigida a reducir el malestar psicológico y el consumo de drogas de un grupo de pacientes dependientes a drogas. Se realizó un seguimiento de seis meses, en los que se evaluaron medidas de ansiedad, depresión, distress, calidad de vida y abstinencia a drogas. Se encontró que después del tratamiento los pacientes disminuyeron sus niveles iniciales de psicopatología y, disminuyeron su consumo de drogas. Se concluye que un modelo de intervención psicológica con formato de terapia breve, de orientación cognitivo-conductual, puede ser útil en muchos pacientes, presenta unos costes menores que otro tipo de intervenciones y, dispone de una contrastada evidencia científica que le sitúan como la primera elección de intervención en pacientes con diagnóstico de dependencia a drogas.
Palabras clave: dependencia a drogas, tratamiento cognitivo-conductual, terapia breve

ABSTRACT
It is evaluated the efficiency of a psychological intervention directed to reduce the psychological discomfort and the drugs consumption of a group of dependent patients to drugs. It was accomplished a six month follow-up, in those which were evaluated anxiety measures, depression, distress, quality of life and abstinence to drugs. It was found that after of the treatment the patients reduced their initial levels of psychophatology and, reduced your drugs consumption. It is concluded that a psychological intervention model with brief therapy format, of direction cognitive behavioral, it can be useful in many patient, presents some costs less than other type of interventions and, has a contrasted scientific evidence that locate to as the first intervention election in patient with diagnostic of dependency to drugs.
Key words: dependence to drugs, cognitive-behavioral treatment, brief therapy

              
Introducción
Nuestra sociedad avanza muy rápidamente en muchos aspectos. La forma en la que se consumen drogas también. Los métodos para tratar a las personas que padecen problemas derivados del consumo de drogas también han evolucionado. El perfil de los pacientes adictos también ha cambiado en los últimos años. El consumidor de drogas marginal y con un largo historial de policonsumo ya no es mayoritario. Nuestros pacientes presentan perfiles variados y a menudo una de las exigencias que realizan es la de que se les ofrezca una atención rápida y eficaz. No obstante, esta demanda no siempre puede ofrecérseles, bien por su situación clínica, bien por el exceso de demanda asistencial. En cualquier caso, habrá un grupo de pacientes en los que una intervención breve pueda ser adecuada.
Las intervenciones breves en consumidores de drogas pueden definirse como aquellas prácticas destinadas a investigar un problema potencial y motivar a un individuo a comenzar a hacer algo sobre el abuso de sustancias. La meta final es la de reducir el daño que puede resultar del uso continuado de sustancias. Difiere de la terapia a largo plazo en que el foco se sitúa sobre el presente, enfatiza el uso de herramientas terapéuticas en un tiempo más corto y enfoca un cambio de comportamiento más específico, en lugar de un cambio a gran escala o más profundo (1).
Diferentes tipos de terapias breves se han utilizado en el tratamiento de los dependientes a drogas. La terapia interaccional estratégica breve se ha utilizado en pacientes alcohólicos (2),(3) no cómo un enfoque global, sino como un conjunto de técnicas para utilizar en un paquete de tratamiento amplio. También se ha utilizado la terapia psicodinámica breve (4), incluyendo algunos elementos (contrato terapéutico, tareas entre sesiones, establecimiento de límites para la terapia) que algunos autores (5) consideran un acercamiento a la terapia de conducta. La psicoterapia expresiva de apoyo (6) es un enfoque de terapia psicodinámica adaptada al abuso de sustancias, y ha sido utilizada en pacientes dependientes en mantenimiento con metadona (7) y en pacientes dependientes a cocaína (8). La terapia breve de familia ha sido utilizada con diversos enfoques y ha demostrado efectividad (9), así como la terapia breve de grupo (1).
En los últimos años se ha consolidado un abordaje más lógico y racional de naturaleza biopsicosocial y, se ha asumido por parte de las instituciones y de los distintos profesionales, la importancia fundamental de la terapia psicológica en el tratamiento de la adicción a drogas (10). No obstante no todos los tratamientos psicológicos han demostrado ser útiles en este ámbito de trabajo. Los tratamientos con mayor validez empírica en este campo se enmarcan en un abordaje de orientación cognitivo-conductual (11). La terapia breve cognitivo-conductual, representa la integración de los principios derivados de la teoría del comportamiento, la teoría del aprendizaje social y la terapia cognitiva. Supone el enfoque más comprensivo para tratar los problemas derivados del uso de sustancias y consiste en el desarrollo de estrategias destinadas a aumentar el control personal que el paciente tiene sobre sí mismo. La filosofía de la intervención está basada en la consideración del paciente como un científico, en el sentido de que se le anima a recurrir al método científico para contrastar empíricamente sus ideas o creencias (12). En su aplicación a las conductas adictivas, ha sido la terapia de Prevención de Recaídas la más utilizada, que en principio se desarrolló para el tratamiento de los problemas de bebida (13) y posteriormente se adaptó para los adictos a cocaína (14). La investigación ha demostrado que los individuos que aprenden habilidades mediante la terapia de prevención de recaídas mantienen lo aprendido en el tratamiento tras un año de seguimiento (15).
El objetivo del trabajo que se presenta a continuación es analizar la efectividad de una intervención de tipo cognitivo-conductual en un grupo de pacientes con diagnóstico de dependencia a sustancias según criterios DSM-IV. Comprobar si dicha intervención logra que los pacientes mejoren sus niveles de distress iniciales y si son capaces de reducir la ingesta de drogas.

Métodos
Diseño
Estudio de seguimiento de seis meses de duración. Al inicio del tratamiento se recogieron los datos correspondientes a la línea base y se compararon a los resultados obtenidos a los seis meses de iniciado el tratamiento.
Participantes
El total de la muestra estuvo compuesta por 107 pacientes con diagnóstico de dependencia a sustancias (criterios DSM-IV) (16), divididos en tres grupos diferentes en función de su dependencia: grupo alcohol n=31; grupo heroína n=31, grupo cocaína n=45. A los seis meses en las medidas pos-test, se recogió información de 75 pacientes, el resto abandonaron el tratamiento y no pudieron ser localizados.
Modelo de intervención
En la primera fase (Evaluación) se realiza el análisis funcional del comportamiento de consumo de drogas, estableciendo las relaciones funcionales de cada uno de los elementos, y haciéndole entender al paciente la naturaleza de tales relaciones así cómo las consecuencias que para su vida tiene el consumo de sustancias. Se evalúan las actitudes hacia el consumo y hacia la abstinencia. Se valora la motivación al tratamiento y los niveles y procesos de cambio siguiendo a Prochaska, DiClemente y Norcross (17). Se evalúa la presencia de psicopatología a través de entrevista clínica y cuestionarios. Es conveniente en este momento determinar la elección del recurso terapeútico más adecuado para la desintoxicación (18). Finalmente se informa sobre las fases del tratamiento y del mecanismo de desintoxicación. Dar información sobre la experiencia de desintoxicación y de lo que puede ocurrir durante la misma, tiene el efecto de reducir la intensidad del distress (19).
La segunda fase (Desintoxicación) se inicia con una continuación del último paso de la fase anterior, ofreciendo información y estableciendo una previsión sobre el proceso farmacológico que va a realizarse, así como una valoración de los síntomas de intoxicación y/o abstinencia que presenta el paciente. Se valora la motivación y las expectativas del paciente y se realizan intervenciones motivadoras siguiendo a Miller y Rollnick (20). Algunos paciente presentan dificultades en esta fase y precisan terapia de apoyo (13), (21). Vuelven a valorarse la presencia de síntomas psicopatológicos asociados.
La última fase (Deshabituación) comienza con la valoración de la desintoxicación y la evaluación psicopatológica tras el proceso farmacológico realizado. Se valoran los procesos de cambio en los que está inmerso el paciente (17) y se establece un proceso estructurado de prevención de recaídas (22). Finalmente se ponen en marcha los distintos programas específicos de intervención que requiera el paciente (ansiedad, depresión, habilidades sociales, etc).
Durante todo el proceso se constata la abstinencia de drogas y de alcohol mediante controles analíticos.

Instrumentos
-Entrevista. Recoge información sobre variables sociodemográficas.
-Cuestionario de Calidad de Vida (WHOQOL-BREEF) (23). Versión abreviada del cuestionario WHOQOL-100, desarrollado para proporcionar una forma corta de evaluar la calidad de vida. Se centra en evaluar la calidad de vida percibida por el sujeto. No mide síntomas ni enfermedad, sino los efectos de las intervenciones sanitarias en la calidad de vida. Contiene 26 ítems, 24 de los cuales corresponden a cada una de las 24 facetas medidas por el WHOQOL-100 y 2 ítems globales: calidad de vida global y salud general. Posee validez discriminante y de contenido y una buena consistencia interna (0.66 a 0.84) (24). En el estudio se han utilizado las dos medias globales del cuestionario.
-Cuestionario de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI) (25)
El Cuestionario STAI comprende escalas separadas de autoevaluación que miden dos conceptos independientes de la ansiedad, como estado y como rasgo. Aunque este cuestionario fue ideado como instrumento para investigar los fenómenos de la ansiedad en adultos sin alteraciones psiquiátricas, el STAI se ha mostrado útil para medir ambos conceptos de la ansiedad en pacientes de diversos grupos clínicos.
-Inventario de Depresión de Beck (BDI) (26)
Este cuestionario, está compuesto por 21 ítems o grupos de afirmaciones relacionadas con la depresión y puntuables de 0 a 3. La puntuación total de la prueba corresponde a la variable "depresión" en nuestro estudio.
-Brief Symptom Inventory (BSI) (27): instrumento de screening; forma abreviada del SCL-90 del que también es autor Derogatis y del que posteriormente apareció una versión revisada, el SCL-90-R (28). El BSI tiene una buena correlacion con el SCL-90, por encima de 0.90 en todas las dimensiones (29) y además es mucho más ágil en su administración (unos 15 minutos), lo que facilita su uso en usuarios de drogas. Consta de 53 ítems, que el usuario valora en una escala tipo Likert. El BSI incluye (al igual que el SCL-90) nueve dimensiones sintomáticas y tres índices globales que describen la intensidad de la psicopatología del encuestado: índice de severidad global, índice de malestar y, total de síntomas positivos. Estos índices globales son los utilizados en el estudio. El índice de severidad global (GSI) proporciona un indicador sensible de la respuesta del nivel de estrés experimentado por el paciente. Combina la información del número de síntomas presentes y la intensidad del distress. El índice de malestar (PSDI) es una medida de la intensidad del nivel de distress experimentado en función del número de síntomas, informando sobre el estilo de respuesta de distress. Finalmente, el indicador total de síntomas positivos (PST) revela el número de síntomas que el paciente afirma experimentar y, se utiliza conjuntamente con los otros indicadores globales comunicando la amplitud del distress emocional del individuo.

Variables
Variables sociodemográficas: edad, sexo, nivel de estudios, situación laboral. Variables independientes: diagnóstico de dependencia a: alcohol, heroína o cocaína. Variables dependientes: puntuaciones en los cuestionarios STAI, BDI, e índices globales del BSI (GSI, PSDI, PST), y del WHOQOL (Calidad de Vida y Salud General).

Análisis de datos
Para la descripción de la muestra se han realizado análisis de frecuencias y estimación de medidas de tendencia central (media, desviación típica). Para el contraste de diferencias se realizó un análisis de varianza. Para la comparación de las medidas antes y después del tratamiento se utilizó la prueba T de Student. Para la interpretación de resultados se eligió un nivel de significación estadística de p<0.05, para un intervalo de confianza del 95%. Todos los análisis se realizaron con el paquete estadístico SPSS 8.0 para Windows.

Resultados
Los resultados obtenidos al analizar las características de la muestra se pueden ver en la tabla 1. La muestra la componen mayoritariamente hombres (alcohol 93,5%; heroína 83,9%; cocaína 92,7%). En cuanto a la situación laboral los grupos alcohol y cocaína presentan resultados similares (76,7% del grupo de alcohol y 66,7% del grupo de cocaína están activos laboralmente), mientras que el 72,4% del grupo de heroína está parado. Los estudios primarios predominan en todos los grupos: grupo alcohol (75,9%), heroína (83,3%) y cocaína (78,1%). La edad media del grupo alcohol (36,8) es mayor que la del grupo heroína (29,1) y mayor que la del grupo cocaína (26,2)





Se realizó un análisis de la varianza para comprobar las posibles diferencias entre los tres grupos de pacientes para las variables estudiadas. Puesto que no se obtuvieron diferencias estadísticamente significativas, se consideraron a todos los pacientes como un mismo grupo para la comparación de resultados antes y después del tratamiento. En la tabla 2 también se muestran los resultados obtenidos en la línea base y a los seis meses de tratamiento para las variables psicopatológicas y de calidad de vida. En todas las variables estudiadas se obtuvieron mejoras, con descensos en las medias de psicopatología y aumento en los valores correspondientes a la calidad de vida. Además, la mayoría de variables obtuvieron significación estadística: la variable depresión (p=0.008), la variable ansiedad rasgo (p=0.003), la variable índice de malestar (p=0.024), la variable calidad de vida (p=0.024) y, la variable salud general (p=0.050).



La abstinencia a drogas y a alcohol se constató mediante analítica e informes de allegados (fundamentalmente familiares que acompañan al paciente a las sesiones). A los seis meses se constató que un 63% de los pacientes se encontraban abstinentes.

Discusión
El objetivo de este estudio fue el de comprobar si una intervención de corte cognitivo-conductual ayudaba a nuestros pacientes a reducir su malestar psicológico y su consumo de drogas, así como a mejorar su calidad de vida. Los resultados del tratamiento llevado a cabo en un medio ambulatorio y en formato de terapia individual, han mostrado que los pacientes han mejorado su calidad de vida, reducido su malestar psicológico y reducido su consumo de drogas.
En los últimos años el concepto de eficiencia terapéutica ha propiciado el auge de procedimientos que tienden a hacer menos costosos y más accesibles los tratamientos. La terapia breve de tipo cognitivo-conductual en el ámbito de las conductas adictivas, parece ser altamente competitiva si analizamos la relación costo-eficacia que presenta.
Se ha comentado la importancia del tratamiento psicológico en la adicción a drogas. No obstante, la intervención debe de ajustarse al igual que en otras disciplinas a la utilización de técnicas e instrumentos que hayan demostrado su utilidad en la clínica. Las diferencias en los perfiles de nuestros pacientes y los tratamientos con validez empírica orientarán los tratamientos individualizados en función de las necesidades de cada paciente. No parece justificado utilizar tratamientos que no hayan sido validados.
Pueden señalarse algunas limitaciones del estudio que se ha presentado. Sería deseable disponer de una muestra con un número mayor de pacientes, así como el recoger medidas en un período de seguimiento más largo. Incluso puede ser conveniente realizar distintas mediciones a lo largo del tratamiento (por ejemplo a los tres, seis, nueve y doce meses). Puede objetarse la no utilización de variables que han sido utilizadas en otros estudios de seguimiento, como la severidad adictiva o la autoeficacia. Todas estas carencias y, quizás otras que no se mencionan pueden subsanarse en posteriores estudios. Creemos que nuestros resultados apoyan otros trabajos realizados en esta misma línea de intervención.

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Dirección para correspondencia: 
Emilio Sánchez Hervás 
Unidad de Conductas Adictivas-Centro de Salud 
Avda. Rambleta s/n CP 46470 Catarroja –VALENCIA 
Correo electrónico: uca.catarroja@trabajo.m400.gva.es